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El presidente anunció que estudia la prohibición del acceso a las redes sociales para los menores de 16 años. Con ello, España seguiría la senda abierta por otros gobiernos, como los de Francia, Australia o diversos estados de Estados Unidos, que han comenzado a legislar ante el impacto social, educativo y psicológico del uso temprano de estas plataformas. Sobre este espinoso asunto ofrecemos a los lectores de La Discrepancia una reflexión que creemos merece ser considerada.

Gran parte de la práctica política contemporánea se comporta como si las elecciones fueran un mercado: se ofertan promesas sin detallar costes, plazos, competencias ni restricciones, confiando en que el elector no exigirá más que una narrativa emocionalmente eficaz.

La democracia no es un producto que se compra con crecimiento o se vende con políticas sociales, ni la oposición democratica a los gobiernos se la pide, como en las fiestas de los pueblos, que la banda no deje de hacer ruido. La democracia es una práctica diaria que se construye sobre la confianza y se destruye con la soberbia.

En la escuela se pide a los niños que respeten a sus compañeros, que escuchen antes de hablar, que no insulten ni mientan. En la política y en los medios, los modelos adultos que deberían dar ejemplo convierten esas normas en caricatura

Un líder que permanece impasible ante el sufrimiento humano extremo, que lo minimiza o lo instrumentaliza, pierde toda legitimidad para gestionar incluso las cuestiones más insignificantes. Porque gobernar no es solo administrar recursos; es, ante todo, custodiar la dignidad de la vida. Quien es ciego a ella en un lugar, lo será en todos.

Madrid: una ciudad de ceniza y esperanzas rotas

Camina por sus aceras: habrá quien lo llame “gran ciudad” y, sin embargo, hay quien ve en ellas una sinfonía de grietas, vegetación indeseada y basura apilada esquivando las baldeadoras. Madrid, con sus 1 636 millones de euros en limpieza contratados para seis años, se pavonea de una inversión “sin precedentes” ⎯ 86 € por habitante al año ⎯ un récord que supera a Barcelona, Valencia y Zaragoza juntas . ¿Y todo ese dinero? Acaba disolviéndose entre cables colgantes, hojas amontonadas y promesas guardadas en un cajón.

Los ciudadanos no pueden permitirse la ingenuidad de pensar que la democracia es un sistema sólido e inquebrantable. La historia demuestra que puede desmoronarse con una rapidez aterradora si se permite que el poder político controle la información.