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viernes 17 abril, 2026

Venezuela: Petróleo (y otras cosas más)  y la  fuerza o el arte de tomarle el pelo al mundo

Editorial | La Discrepancia. AF.

Hay transiciones que se anuncian con urnas próximas y hay transiciones que se ejecutan con balances contables, mapas militares y contratos energéticos. Venezuela, en este enero de 2026, pertenece sin duda al segundo tipo. Lo que se presenta ante la opinión pública como la solución de una crisis de manera súbita —detención de un presidente, editoriales inflamados, declaraciones solemnes de satisfacción y de lamento— es en realidad la fase visible de un proceso largo, frío (como el tiempo) y profundamente racional, donde la democracia es un resultado eventual, no un principio ordenador.

Estados Unidos no ha “reaccionado” a Venezuela. Ha actuado conforme a un cálculo. Y el cálculo empieza —como casi siempre— por “la plata”, siempre esta al principio y al final de todo.

El petróleo ( y las demás materias primas) no es el problema: es la solución…para otros

Durante años se ha repetido que Venezuela es un país petrolero arruinado. La afirmación es incompleta. Venezuela es un país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo (en torno a 300.000 millones de barriles), pero con un modelo de producción colapsado y una rentabilidad negativa bajo el esquema estatal, mal gestionado y sancionado.

Aquí está el punto clave que muchos análisis olvidan: el modelo petrolero venezolano dejó de ser rentable para Estados Unidos… hasta ahora. Cuando el desarrollo del modelo económico americano va en declive.

En la última década, el cambio del modo de producción energético estadounidense —fracking, shale oil, era una independencia relativa y con un modelo de crecimiento que incluía en su agenda el coste medioambiental— redujo la urgencia venezolana. Pero ese mismo modelo tiene costes crecientes, rendimientos decrecientes y una vulnerabilidad clara a ciclos de precios. En paralelo, los compromisos climáticos empiezan a estorbar en el discurso político cuando la inflación energética se convierte en un problema político.

Los informes del Banco Mundial, del BID y del CESLA coinciden en algo esencial (aunque con lenguaje comedido): Venezuela puede volver a producir entre 2,5 y 3 millones de barriles diarios en pocos años si cambia el marco institucional, tecnológico y contractual. Traducido: si PDVSA deja de ser soberana y pasa a ser gestionada por otras manos” más profesionales”.

PDVSA necesitaría 70.000 millones para recuperar su capacidad de producción y los números no dan. Por eso el país con la deuda externa de 130.000 mil millones no puede hacer mas que un plan de concesiones como modelo de explotación a cambio de una regalía

Para EE. UU., el negocio ya no es comprar crudo barato a un Estado hostil, sino controlar la cadena de valor, modernizar infraestructuras, asegurar retornos y estabilizar precios globales y evitar que el destino de ese crudo vaya a otros competidores económicos y militares, los chinos. Las reservas norteamericanas comenzarán a mermar en su producción interna a partir del 2035. Por eso, los poderes energéticos, tecnológicos y financieros necesitan a Venezuela Guyana y el plan Abraham. Y falta en la ecuación Colombia para acabar con la guerrilla…

El CO₂, como tantas veces, queda subordinado. El clima no vota; la gasolina sí.

El poder real: fusiles antes que cámaras de televisión.

La segunda gran falacia mediática es creer que Venezuela se decide en los platós y en la batalla del relato. No. Venezuela se decide va decidir, se está decidiendo a la vieja usanza en los cuarteles.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sigue siendo un actor decisivo. No es un ejército profesional clásico: es una estructura híbrida, con mandos ideologizados, intereses económicos directos (puertos, empresas, contrabando, comisiones por compra de material de guerra…) y una tupida red de milicias —formalmente más de dos millones de inscritos armados— que funcionan como dispositivo disuasorio interno, no como fuerza de guerra convencional, sin disciplina, pero muy aguerrida.

Aquí entra Vladimir Padrino López. No es un general más. Es el árbitro del equilibrio. Washington lo sabe. Por eso, pese a sanciones posibles sobre él, recompensas y retórica, lo necesita. Porque sin Padrino no hay orden; y sin orden no hay transición ni contratos al modelo a imponer.

La captura de Nicolás Maduro no desmantela este sistema. Lo libera de su lastre simbólico y chirigotero. Maduro era ya más un problema que un activo, no rentaba. El poder que importaba —militar, territorial, logístico— permanece.

Los Rodríguez: la astucia institucional

Mientras los focos miran a Nueva York, los hermanos Rodríguez empiezan a gobernar en Caracas.

Jorge Rodríguez es, probablemente, el político más inteligente del chavismo. No por brillantez ideológica, sino por olfato de supervivencia, la política en situaciones de crisis hace a estos los mejores. Ha presidido el CNE, ha sido vicepresidente, alcalde, ministro de propaganda y ahora presidente del Parlamento. Su especialidad no es mandar: es ordenar el relato mientras otros mandan. Lo importante en política es que otros hagan lo que tú piensas.

Delcy Rodríguez —hoy presidenta interina— cumple otra función: continuidad administrativa. Ministerios, PDVSA, puertos, banca. No tiene acusación penal en EE. UU. No es casualidad. Es la interlocutora perfecta: suficientemente chavista para que la obedezcan, suficientemente “limpia” para que hablen con ella. En las ultimas comparecencias se la ha visto nerviosa, es lógico por ella va pasar la operación tejida entre Caracas y Washington.

Los dos hermanos son profesionales. Ambos hacen lo mismo desde hace años: toman el pelo a los medios internacionales, que confunden discurso (y espectáculo) con poder. Mientras se discute si Delcy “traiciona” o “resiste”, ella va a firmar, ordenar y garantizar que nada se descontrole.

Cabello, Padrino, el clan de los violentos y la sombra

Diosdado Cabello representa el ala dura, el músculo intimidatorio, la memoria del chavismo como movimiento de choque. Su papel no es gobernar una transición, sino recordar el precio de una ruptura. Su poder es decreciente, pero su capacidad de daño sigue siendo relevante y por eso contará.

El círculo se completa con figuras familiares: el hijo de Maduro, operadores económicos, mandos intermedios enriquecidos. No deciden el rumbo estratégico, pero bloquean cualquier salida que implique depuración real. Por eso la transición será pactada o no será.

La oposición: razón moral, poder nulo

Aquí conviene ser cruelmente sincero, aunque pongamos en cuestión nuestro propio pensamiento.

María Corina Machado tiene legitimidad democrática, respaldo social y una narrativa impecable para el mundo liberal. Pero no controla ni un fusil, ni tiene ninguna baza en las cartas que están sobre la mesa en este momento.

Para el núcleo armado del chavismo, es una amenaza existencial. Por eso no será la negociadora inicial y puede que tampoco a lo largo del camino. Será, si acaso al final, un operador más en un proceso tortuoso e irrelevante.

Edmundo González cumple la función clásica del hombre bueno, de consenso: respetable, civil, transicional. Útil para legitimar, no para imponer un destino. Nadie contará con él, si mucho no nos equivocamos.  

La oposición en el exilio habla mucho, influye poco y con líderes amortizados y, en todo caso, no está sentada en la mesa donde se reparten los activos. No han sabido construir una estrategia creíble desde el exilio. No vamos a entrar en los porqués.

La gran broma mediática

Y aquí llegamos al núcleo:

Mientras los titulares gritan “democracia”, “dictadura”, “liberación” o “agresión”, “espolio” el verdadero proceso avanza sin cámaras, sin excesiva relevancia mediática, pero todo cuenta: Se congela dinero en Suiza; se redibujan contratos energéticos y se trabaja en las corporaciones energéticas y de infraestructura para ponerse a la tarea; se garantizan mandos militares; se mantiene la Asamblea y se difieren unas elecciones libres hasta que el patio este limpio.

Estados Unidos no está improvisando. O mejor dicho, aquellos que auparon a Trump al poder:  tiene un coro de alabadores públicos, a sueldo o no, lo de Ayuso en España y su entorno no los sé si es retribuido o no. Se sabrá. Confunde libertad y democracia con cosas más mundanas que cotizan en bolsa. Se está aplicando una lógica conocida: Primero, los que evitan que el país arda; luego, los que lo hacen funcionar con los expertos de las multinacionales; al final, los que lo representan, para bendecir lo acordado.

La democracia es un concepto laxo. Será en diferido y a conveniencia

Y mientras tanto, el petróleo —siempre el petróleo— el gas, el carbón, las tierras raras, esperan.  No bajo la bandera venezolana, ni bajo la estadounidense, sino bajo la única que nunca cambia: la del interés de las grandes corporaciones económicas. Se admiten apuestas.

Eso es lo que se está decidiendo en Venezuela, pero no por los venezolanos.

Todo lo demás es ruido a ritmo de joropo.

Consecuencias del ataque de los EE. UU. a Venezuela cedidas a La Discrepancia.
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