Una generación que crece mirando una pantalla que también los mira
Editorial LaDiscrepancia
Hay informes que pasan como un susurro. Publican datos inquietantes, cifras que deberían abrir telediarios, diagnósticos que merecerían debates parlamentarios y campañas públicas. Pero no sucede. España dejó escapar, casi sin ruido, el nuevo Informe de UNICEF sobre la tecnología en la infancia y adolescencia (11/11/2025). Una radiografía monumental —75.329 escolares analizados entre 10 y 20 años— que debería incomodar a familias, escuelas, administraciones y a esta sociedad que presume de digital, pero que aún no ha aprendido a educar en esa digitalidad.
La conclusión es sencilla y demoledora: la infancia vive en un ecosistema digital que los adultos no comprendemos del todo, no regulamos bien y no acompañamos suficiente.
La paradoja es mayúscula: nunca hemos tenido tanta información sobre lo que les ocurre… ni tan poca capacidad de respuesta real.
Cuando la pantalla entra en Primaria y no sale nunca
Uno de los grandes titulares del informe es este:
El 41% de los niños de 10 años ya tiene móvil propio; a los 12 años, el 76%.
Somos el país donde la madurez tecnológica se adelanta a la madurez emocional, donde la primera comunión y el primer smartphone ocurren casi el mismo día. Y si el acceso llega pronto, el hábito se enquista rápido. El 44,3% lleva el móvil al colegio cada día y casi un tercio lo mira durante las clases.
Un 41,2% duerme con él en la habitación y la mitad reconoce usarlo de madrugada.
La noche ya no es el espacio del descanso, sino el turno nocturno del algoritmo.
Y aquí llega la ironía amarga: mientras los centros educativos discuten si prohibir el móvil, la sociedad ya les está educando sin nosotros. Los datos son consistentes: los menores no usan el móvil; el móvil los usa a ellos.
II. Redes sociales: el nuevo patio de colegio que nunca cierra
Que los menores están en las redes es obvio: el 92,5% tiene al menos una red social, y el 75,8% tres o más.
TikTok, Instagram, WhatsApp y YouTube son, a la vez, plaza pública, álbum familiar, chat íntimo, escenario, espejo y juez.
Pero lo más revelador del informe no es la presencia, sino la intensidad y la fragilidad:
- El 50,3% tiene más de un perfil en una misma red.
- Un 31,9% tiene perfil público y abierto.
- Uno de cada cinco se ve capaz de ser influencer, y un 7,8% ya lo está intentando.
Estamos creando generaciones que aspiran a convertirse en contenido.
La estética del like ha sustituido a la ética del límite. Y lo preocupante no es que quieran ser influencers; lo preocupante es que crean que solo existe lo que se puede grabar.
III. El dolor detrás de la pantalla: ansiedad, depresión y riesgo suicida
Los datos sobre salud mental deberían encender todas las alarmas. No hablamos de percepciones; hablamos de cifras:
- Un 14,2% presenta malestar emocional, que sube al 18,7% entre las chicas.
- Ansiedad: 13,7%.
- Depresión: 13,1%.
- Somatización: 9,1%.
- Riesgo suicida elevado: 7,4%, más del doble en chicas (10,1%) que en chicos (4,3%).
La adolescencia siempre fue convulsa, sí, pero ahora lo es en una vitrina.
El informe es muy claro cuando cruza variables: el uso problemático de redes sociales casi cuadruplica el malestar emocional (41,3% frente a 12,5%).
Cada scroll es un ejercicio de comparación infinita.
Los algoritmos premian la euforia, pero la adolescencia está llena de días grises que Instagram jamás mostraría. Y así, miles de chicas se sienten peor por no parecer lo que nunca fue real.
IV. El elefante en la habitación: pornografía, sexualidad y silencio familiar
Si hubiera que elegir el dato más inquietante del informe, sería este:
La edad media del primer acceso a pornografía es 11,5 años.
Y más grave aún: en uno de cada tres casos (36,7%) el acceso fue fortuito.
No buscan la pornografía: la pornografía los encuentra.
Casi un 30% del alumnado ya la ha visto; en Bachillerato supera el 55%. Los chicos consumen casi tres veces más que las chicas.
Y lo que UNICEF subraya es el impacto: 45,5% cree que la pornografía induce a no usar preservativo; 39,7%, que normaliza la violencia sexual.
A esto se suma un silencio generacional:
7 de cada 10 hogares no hablan nunca o casi nunca de sexualidad.…La educación sexual la dan actores porno. No hace falta ironía: es un fracaso colectivo.
V. OnlyFans: la mercantilización temprana del cuerpo
Otro dato que debería preocupar al país entero: el 75,1% conoce OnlyFans, el 8,6% conoce a alguien que ha ganado dinero allí y el 2,1% tiene o ha tenido una cuenta. Entre los menores de 16 años, un 1,8% ya ha abierto una cuenta. La monetización del cuerpo ha dejado de ser un fenómeno adulto. El mercado de la intimidad se ha infantilizado.
VI. El juego, la noche y la triple pantalla
El informe no se detiene ahí:
- Uno de cada cinco adolescentes juega videojuegos todos los días.
- Más de la mitad (53,5%) juega semanalmente.
- Casi un tercio cree que juega más de lo que debería.
Las loot boxes —mecanismos cercanos al juego de azar— normalizan la lógica del casino en la mente infantil.
A esto se suma un dato inquietante:
14,3% ha quedado alguna vez con desconocidos conocidos solo online y un 7,8% ha recibido proposiciones sexuales de adultos. 111125-Informe-InfanciaDigital-…
La distancia entre lo digital y lo real es cada vez más fina.
VII. La IA: el invitado más poderoso y más inadvertido
El informe de UNICEF lo deja claro: la infancia ya vive rodeada de sistemas de IA, y no sabe que lo son.
Chatbots, recomendaciones automáticas, filtros, asistentes virtuales, generadores de imágenes… La IA es el decorado de sus vidas.
Pero hay un fenómeno inquietante que UNICEF recoge indirectamente y que vemos cada día:
la pedagogía de la delegación.
Padres y profesores que dicen con orgullo:
“Lo hace el algoritmo.” “Que lo busque ChatGPT.” “El móvil le entretiene.” “TikTok lo calma.”
Como si educar fuera un estorbo y la IA, un niñero omnisciente.
Pero la IA no educa; optimiza.
No protege; predice.
No acompaña; captura.
Y cuando un niño aprende desde pequeño que lo que ve, lo que escucha y lo que desea está mediado por un sistema cuya lógica desconoce, estamos creando usuarios sin criterio.
El informe es contundente cuando habla de alfabetización digital crítica: la desigualdad entre quienes comprenden la lógica tecnológica y quienes solo la consumen será una nueva brecha social.
La IA no es un peligro: el peligro es renunciar a explicarla.
VIII. Familia, escuela y el fracaso del acompañamiento
Hay una constante en el informe:
Los menores están solos en lo digital. La mitad de los progenitores desconoce lo que hacen en las redes.
La mayoría no habla de sexualidad. Los docentes ven cómo el móvil coloniza el aula sin herramientas reguladoras. Las administraciones llegan siempre tarde. Y los menores, por primera vez en la historia, viven en un territorio donde los adultos no tienen experiencia previa. Es la primera generación cuya infancia no se parece en nada a la de sus padres.
IX. ¿Qué hacemos?
Este editorial no es un lamento: es un aldabonazo.
Necesitamos:
- Educación digital obligatoria desde Primaria, con profesionales formados.
- Políticas públicas valientes, que regulen la publicidad, la privacidad y la accesibilidad temprana.
- Escuelas que incorporen la IA de forma pedagógica, no solo como herramienta de eficiencia.
- Familias acompañadas, no culpabilizadas.
- Empresas tecnológicas responsables, que acepten que diseñar para niños es diseñar para seres humanos vulnerables.
- Menores con derecho al tiempo sin pantalla, a la intimidad, a la desconexión y al error fuera de la mirada pública.
X. Nuestra tarea como revista
LaDiscrepancia nació para pensar lo que el ruido oculta.
Este informe de UNICEF ha pasado como otros tanto sin llegar a ningún sitio, pero sus datos deberían estar en cada conversación pública, en cada claustro, en cada AMPA, en cada Consejo Escolar.
No es un debate sobre pantallas: Es un debate sobre infancia, ciudadanía y libertad. Nuestros niños crecen en un mundo donde la pantalla los mira, el algoritmo los mide y la atención se compra y se vende.
Depende de nosotros que crezcan también en un mundo donde se sientan acompañados, escuchados y protegidos.
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