Manual para la correcta Discrepancia
En tiempos donde las palabras son puñales, donde la discrepancia se transforma en ofensa, donde los platós de televisión, los parlamentos y hasta los grupos de WhatsApp familiares parecen trincheras, la cordialidad no es sólo un gesto amable: es un acto revolucionario.
Vivimos en una época donde la indignación es una industria, la polarización una estrategia de poder y la hostilidad un hábito cotidiano. “Cada uno cree tener razón —escribió el filósofo francés André Comte-Sponville—, y no basta con tener razón para dejar de ser idiota.” Y es que una de las grandes tragedias contemporáneas es la confusión entre tener razón y tener derecho a imponérsela al otro con tono elevado, con desprecio, incluso con violencia.
Desde la conducción en las carreteras hasta la cola del supermercado, desde los comentarios en redes sociales hasta las sobremesas familiares, todo parece diseñado para mantenernos tensos, crispados, como si el año entero se hubiera convertido en una interminable campaña electoral. Como decía Bertrand Russell, “el problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. La cordialidad, en este contexto, es mucho más que cortesía: es una apuesta ética.
Cordialidad: una virtud olvidada
Etimológicamente, “cordial” proviene del latín cordialis, relativo al corazón. Ser cordial es, pues, hablar y actuar desde el corazón, con humanidad, con reconocimiento del otro como semejante. El filósofo David Hume sostenía que la simpatía —esa capacidad de sentir con el otro— es el fundamento de la moral. Y sin simpatía, sin ese hilo invisible que nos conecta con las emociones ajenas, la sociedad se descompone en fragmentos autorreferenciales, egos blindados, trincheras enfrentadas.
La cordialidad no exige renunciar a las ideas ni ocultar las diferencias, sino expresarlas sin convertir al otro en un enemigo. En este sentido, conviene recordar a Ryszard Kapuściński cuando advertía: “El primer paso hacia la guerra es deshumanizar al otro. Quitarle el rostro”. La cordialidad, en cambio, devuelve rostros, devuelve voces, restablece el diálogo donde sólo había ruido.
La fórmula mágica de la cordialidad perfecta
Podríamos incluso atrevernos a formular una receta, tan imaginaria como eficaz, para esa cordialidad que tanto escasea:
Cordialina® (Fórmula mágica para la convivencia):
- 2 gotas de simpatía auténtica (no fingida, no protocolaria)
- 1 cucharadita de buena educación (de la de verdad, la que escucha y espera)
- 1 sonrisa honesta (sin ironía ni condescendencia)
- ½ vaso de humildad (reconocer que uno puede equivocarse)
- 1 pizca de humor (mejor si es autorreferencial)
- Y, como base, 200 ml de curiosidad por el otro (porque interesarse es el primer paso para no odiar)
Agítese con calma. No administrar en ambientes de crispación sin antes respirar profundamente.
El verano es una buena oportunidad para un reinicio emocional
El verano es, por excelencia, el tiempo del desarme. Las camisas se desabrochan, las agendas se vacían, los relojes pierden su tiranía. Las conversaciones pueden, al fin, girar en torno a un helado, un atardecer, un libro en la playa. Y en ese clima de tregua, la cordialidad encuentra terreno fértil para brotar.
El antropólogo Marc Augé hablaba de los “no lugares” —aeropuertos, hoteles, estaciones— como espacios de anonimato. Pero, paradójicamente, en muchos de estos lugares, la gente es más cordial. ¿Por qué? Porque se baja la guardia. Porque se relativiza el ego. Porque se comparte una condición transitoria: todos somos viajeros, temporales, en busca de algo. Y cuando se recuerda eso, aflora la humanidad común.
Si el verano consigue relajar nuestras tensiones y desactivar nuestras armaduras, ¿por qué no intentar prolongar ese espíritu más allá del retorno a la rutina?
Cordialidad hasta el otoño… e incluso el invierno
El gran reto no es ser cordial en vacaciones, sino cuando vuelven los atascos, los correos urgentes, los jefes impacientes, los telediarios envenenados. Pero ahí está la verdadera dimensión moral de la cordialidad: mantenerla cuando no es fácil.
Decía Albert Camus: “En medio del invierno, aprendí al fin que había en mí un verano invencible.” Esa imagen del verano interior, íntimo, puede ser la clave. Si logramos guardar algo del sosiego de julio en el fondo del bolsillo, si dejamos que las sonrisas de agosto fermenten en septiembre, entonces tal vez consigamos mantenernos humanos incluso en noviembre.
Porque al final, la cordialidad no es una pose ni un artificio: es una elección. Una forma de estar en el mundo. Una ética cotidiana que transforma, sin grandes gestos, nuestras relaciones.
Ecos clásicos y contemporáneos
Ya los antiguos griegos sabían que la armonía social dependía más de las formas que de los contenidos. Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, subraya que la virtud no está sólo en el fondo sino también en la manera de decir las cosas. Confucio, por su parte, elevó la cortesía a principio civilizatorio: “Sin normas de urbanidad, la sociedad se desintegra”.
Y en tiempos más recientes, escritores como Milan Kundera o Italo Calvino han reivindicado la ligereza —no como frivolidad, sino como antídoto contra la brutalidad del peso excesivo—. La cordialidad tiene algo de eso: no es superficial, pero evita aplastar. No es ingenua, pero rechaza el cinismo.
Incluso la psicología contemporánea, desde Martin Seligman hasta Daniel Goleman, nos recuerda que los pequeños gestos de amabilidad generan un efecto dominó de bienestar emocional. Ser cordial no solo mejora la vida de los demás: mejora la nuestra.
¿Y si hacemos del verano un laboratorio de convivencia?
Imaginemos que usamos el verano como banco de pruebas. Que probamos a escuchar antes de responder. A no interrumpir. A preguntar cómo está el otro sin buscar un relato propio. A agradecer. A pedir las cosas con un “por favor” y a despedirnos con un “que tengas buen día”. Pequeñas acciones, mínimas casi. Pero es ahí donde se teje lo común.
Tal vez así, como quien sin querer aprende a nadar en una piscina de hotel, logremos mantenernos a flote en los meses venideros. Cordiales en medio de la tormenta.
Cordialidad no es debilidad. Es fortaleza tranquila. Y en tiempos de ruido, es resistencia serena. Que el verano nos lo recuerde… y que el otoño no nos lo quite.
[Letra de Harry Styles - Treat People With Kindness (Traducción al Castellano)]
Tal vez, podamos
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Y podamos tratar a las personas con amabilidad
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Tengo un buen presentimiento
Simplemente estoy admirándolo todo
Flotando y soñando
Cayendo al fondo de todo
Y si estamos aquí lo suficiente
Ellos cantarán una canción para nosotros
Y perteneceremos
Tal vez, podamos
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Y podamos tratar a las personas con amabilidad
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Dando segundas oportunidades
No necesito todas las respuestas
Sintiéndome bien en mi propia piel
Yo simplemente sigo bailando
Y si estamos aquí lo suficiente
Nos daremos cuenta de que todo es para nosotros
Y perteneceremos
Tal vez, podamos
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Y podamos tratar a las personas con amabilidad
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Y es solo otro día (Y es solo otro día)
Y si todos nuestros amigos desaparecen (Oh-oh, oh-oh)
Está bien (está bien, está bien)
Está bien (está bien, está bien, sí)
¡Oye!
Aquí vamos ahora
Tal vez, podamos
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Y podamos tratar a las personas con amabilidad
Encontrar un lugar para sentirnos bien
Todo lo que siempre queremos es automático todo el tiempo
Todo lo que siempre queremos es automático, automático todo el tiempo
Todo lo que siempre queremos es automático todo el tiempo
Todo lo que siempre queremos es automático, automático todo el tiempo
Tal vez podamos (Todos juntos ahora, una vez más)
Encontrar un lugar para sentirnos bien (Oh sí)
Y podamos tratar a las personas con amabilidad (solo un poco de amabilidad)
Encontrar un lugar para sentirnos bien
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