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La España democrática nació del fin del miedo y de la renuncia simultánea a las trincheras que habían dividido al país durante décadas. El franquismo no fue solo una dictadura política, sino una cultura que colonizó la vida pública y privada. La Constitución de 1978 abrió el primer espacio común de reconocimiento mutuo. Pero hoy, el debate político vuelve a sonar a una guerra que ya nadie debería querer librar.

La pasión política que lo contamina todo, puede ser contemplado como una auténtica opereta, donde los principales actores no se encontraban en la Sala en que se ha visto la causa.

El artículo se centra en los antecedentes de las Conversaciones de Argel (finales de los 80), un punto de inflexión donde el líder de ETA, Txomin, reconoció el límite de la violencia terrorista. Aunque su reflexión no se basó en el arrepentimiento, sino en el agotamiento de la estrategia criminal, este periodo es vital para entender la transición hacia la paz.

En el contexto actual (con ETA disuelta), el texto destaca tres factores de debilitamiento que forzaron la negociación: la creciente e implacable colaboración antiterrorista de Francia (acentuada con la llegada de Jacques Chirac y la «cohabitación»), el aumento de la eficacia policial española y el consiguiente incremento de presos, y el aislamiento político de la banda en el País Vasco, especialmente tras el pacto PNV-PSE. Este análisis histórico ilustra cómo la combinación de la firmeza policial y judicial y la presión internacional forzó a la organización a buscar un diálogo, resumiendo Txomin la situación con la frase: «Vamos a negociar ahora que tenemos algo que negociar.»

Las relaciones internacionales parecen haber olvidado buena parte de las reglas que, desde la fundación de la Sociedad de Naciones en 1919, y especialmente desde la constitución de la ONU en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial

Si no llega a ser porque el Partido Socialista se arremanga y hace la reforma industrial, que nos costó bastantes quebraderos de cabeza, nosotros hoy seguiríamos siendo un país de tercera división y no un país moderno como el que es, en estos momentos, España.

Para aquellos que desde el Gobierno actual piensan que el olvido es la muerte de las cosas, o que hay que aprender a olvidar para poder seguir adelante, les tengo que recordar que el olvido es un viaje a la nada; si el olvido que imponen es la ausencia del recuerdo, la memoria de las víctimas y nuestra propia memoria

Me he tomado la molestia de recopilar algunos datos económicos que cualquiera puede verificar consultando las páginas de datosmacro.com, newtral.es, Funcas, Banco de España, INE, etc. Estos arrojan un desempeño económico muy positivo desde mayo de 2018 —fecha de la moción de censura de Sánchez a Rajoy—, que contradice el mito de que la izquierda gestiona la economía peor que la derecha.