Marruecos afianza alianzas mientras Argelia y el Polisario resisten
Marruecos, aliado estratégico de Occidente: del Sáhara a Jerusalén
El alineamiento de Marruecos con Estados Unidos e Israel, consolidado a partir del acuerdo tripartito de diciembre de 2020, ha reforzado significativamente su posición regional e internacional. Este pacto llevó a Washington a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, lo que abrió un eje estratégico en materia política, militar y económica.
Rabat ha profundizado su cooperación en defensa y seguridad con Israel, incluyendo transferencia de tecnología, sistemas de vigilancia y proyectos industriales conjuntos, además de fortalecer sus lazos comerciales y turísticos. A ello se suma la estrecha colaboración con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo y el extremismo violento, en la que Marruecos es considerado un socio “crítico” para la estabilidad del Magreb y el Sahel.
Este entramado de alianzas, junto con el apoyo estadounidense al reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, consolida a Marruecos como un actor estratégico prooccidental, incrementando su influencia y legitimidad en la disputa sobre el Sáhara Occidental.
¿Hacia una autonomía efectiva o fracasada?
El concepto de autonomía bajo soberanía marroquí sólo será creíble si se mide con estándares internacionales de autonomía efectiva. No basta con una promesa política ni con fórmulas genéricas: la historia reciente demuestra que las autonomías duraderas —de Åland a Escocia— se basan en garantías constitucionales, derechos blindados, control judicial independiente y una hoja de ruta verificable.
Las autonomías que fracasan comparten un patrón claro: no están constitucionalmente blindadas, dependen de la voluntad política del centro, carecen de verificación internacional y sufren captura local o manipulación externa.
Las autonomías que han fracasado o se han degradado comparten un denominador común: la ausencia de garantías reales y la dependencia del poder central. Casos como Chechenia, donde la represión del Kremlin anuló cualquier autogobierno; Hong Kong, cuya autonomía se desmoronó bajo la Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín; o Cachemira, cuyo estatus fue revocado unilateralmente por India, ilustran cómo la falta de protección constitucional o internacional convierte la autonomía en un instrumento de dominación.
Otras experiencias, como Crimea, que derivó en anexión tras su instrumentalización política; Kurdistán iraquí, minado por tensiones fiscales y corrupción, muestran que, sin consenso federal, control judicial y equilibrio territorial, la autonomía se erosiona desde dentro.
En contraste, los modelos exitosos —como Åland (Finlandia), Tirol del Sur (Italia) o Escocia (Reino Unido)— funcionan porque se basan en acuerdos multilaterales, reconocimiento internacional, estabilidad constitucional y mecanismos neutrales de resolución de disputas. En ellos, la autonomía no es concesión sino pacto, no un privilegio reversible, sino una fórmula duradera de convivencia.
La resolución del United Nations Security Council (CSNU) Aprobada el 31 de octubre de 2025. S/RES/2797 (2025), impulsada por Estados Unidos como penholder y aprobada con la abstención de Rusia y China, vuelve a calificar la propuesta marroquí de 2007 como “base seria y creíble para la negociación”. Pero el verdadero desafío está en la sustancia jurídica de esa autonomía, no en su retórica diplomática.
Propuesta de mínimos verificables
Para que el autogobierno en el Sáhara Occidental sea una opción creíble y no una coartada diplomática, deberían establecerse con aval internacional los siguientes mínimos estructurales:
Un estatuto de autonomía para el Sáhara Occidental que aspire a credibilidad internacional debería incluir garantías sólidas, entre ellas rango constitucional con obligación de consentimiento regional para cualquier reforma —como en el modelo de Åland—, la creación de un tribunal o cámara mixta de arbitraje competencial independiente del poder central, inspirada en el Tirol del Sur, y una hoja de ruta pública y temporal para la transferencia de competencias, similar al modelo de las Islas Feroe.
Asimismo, sería esencial un régimen fiscal y de gestión de recursos naturales propio, administrado por una autoridad saharaui, junto con garantías efectivas —no meramente simbólicas— de protección lingüística y cultural. Finalmente, se requeriría un mecanismo de revisión o consulta periódica, tanto a nivel nacional como internacional, para evaluar el grado de cumplimiento del acuerdo, siguiendo el precedente de Bougainville.
Estos parámetros podrían inspirar un marco híbrido, compatible con la soberanía marroquí y el derecho internacional, pero también verificable y sostenible. De ese modo, el plan de autonomía dejaría de ser un documento político para convertirse en una estructura jurídica con legitimidad interna e internacional.
La autonomía sin garantías es un espejismo. Las autonomías que sobreviven son aquellas que pueden defenderse por sí mismas, no las que dependen de la buena voluntad del centro.
El Sáhara Occidental no necesita una promesa más, sino una arquitectura jurídica que inspire confianza —a sus habitantes, a Marruecos y al sistema internacional, La diferencia entre autonomía concedida y autonomía garantizada es la misma que existe entre un discurso y un Estado de derecho.
Resolution del United Nations Security Council (CSNU). S/RES/2797 (2025)
La resolución que recientemente otorga un respaldo explícito a la propuesta de autonomía de Sáhara Occidental bajo soberanía marroquí fue aprobada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU).
El documento es un texto de renovación del mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) que incorpora referencias a la propuesta de autonomía marroquí como “la base más viable” de la solución.
Por otro lado, la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), a través de su Cuarta Comité (Décimo Cuarto Comité de la AGNU, Comité IV) también adoptó una resolución sobre el Sáhara Occidental como territorio sometido al proceso de descolonización el 16 de octubre de 2025.
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó con 11 votos a favor, 0 en contra, y 3 abstenciones (específicamente Rusia, China y Pakistán) en la votación más reciente. Además, Argelia, que apoya al Frente Polisario, no participó en la votación.
Ningún miembro del Consejo utilizó su poder de veto (es decir, ningún “no” votó desde los miembros permanentes). Por tanto, aunque la resolución fue adoptada, no lo fue por unanimidad y algunos miembros permanentes (Rusia, China) se abstuvieron en lugar de votar a favor.
¿Quiénes se abstuvieron o no votaron?
La resolución fue aprobada con 11 votos a favor, mientras que se abstuvieron Rusia, China y Pakistán; además, Argelia no participó en la votación.
Otras resoluciones anteriores muestran que Rusia o China han optado por abstenerse al renovar el mandato de Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO).
Motivaciones de la abstención / no-voto
Aquí están los motivos declarados por esos países o por la parte que no votó:
Argelia, que no votó, explicó que decidió no participar en la votación porque consideraba que su posición no había sido tenida suficientemente en cuenta en el borrador del texto. En concreto, su embajador ante la ONU dijo que “la actitud del redactor-titular (‘penholder’)” había ignorado sus puntos de vista, y que el texto “no cambia lo esencial del fondo del asunto”.
Rusia ha manifestado anteriormente reservas sobre resoluciones en las que el referéndum de autodeterminación es poco enfatizado, y ha buscado que el texto reafirme el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
China también ha señalado que su posición es la de “una solución justa y duradera aceptable para todos” y ha mostrado preocupación porque cualquier acuerdo respete los principios de autodeterminación.
En el contexto de la votación de 2025, se menciona que para lograr que Rusia o China no vetaran, el texto fue “diluido” para moderar la referencia explícita a la soberanía marroquí y preservar al menos una mención al derecho de autodeterminación de los saharauis.
Qué implican estas abstenciones
Que los miembros permanentes con poder de veto (Rusia y China) no usaron el veto; optaron por abstenerse, lo que permitió la aprobación de la resolución. La resolución no fue adoptada por unanimidad, lo cual deja abierta la percepción de que el consenso no es completo, lo que puede tener implicaciones políticas en el futuro.
Según el comunicado del representante ruso ante la ONU, Vassily Nebenzia:
“Nos sorprende el enfoque adoptado por los autores del texto … no podemos apoyar un documento que no refleja un consenso entre los miembros del Consejo.”
“Hemos decidido abstenernos y no bloquear la resolución para dar una nueva oportunidad al proceso de paz… pero reclamamos que la solución final sea conforme a los principios de la Carta de la ONU y a decisiones anteriores sobre el Sáhara Occidental.”
Rusia subrayó que el texto era «desequilibrado», que se había formulado de modo que favoreciera la posición marroquí y que no contenía suficientes garantías al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.
En el caso de China, su declaración es más general. La posición de Beijing sobre el Sáhara Occidental ha sido históricamente de ambigüedad estratégica y neutralidad cuidadosa., evitando alinearse abiertamente con el plan de autonomía marroquí, pero sin bloquear la resolución.
Efectos de la resolución sobre el conflicto
Los efectos clave de esta resolución del Consejo de Seguridad son los siguientes:
Reconocimiento político del plan marroquí
La resolución refiere explícitamente que la propuesta de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental es “la más factible” o “la base más viable” para una solución negociada.
Esto representa un cambio importante porque históricamente la ONU había insistido en el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui como eje (incluyendo la posibilidad de independencia).
Renovación del mandato de la MINURSO
La resolución extiende el mandato de la MINURSO (la misión de paz de la ONU en el Sáhara Occidental) hasta una fecha en el futuro (por ejemplo, octubre de 2026) y le asigna funciones que siguen supervisando el alto al fuego, el statu quo en el territorio, etc.
Presión para negociar sobre la base del plan de autonomía
Al presentarse el plan marroquí como la base de negociación, la resolución empuja a las partes (Marruecos y el Frente Polisario respaldado por Argelia) a sentarse a dialogar sobre ese esquema en lugar de partir únicamente de la independencia.
Impacto diplomático y de legitimidad internacional
El respaldo del Consejo de Seguridad da mayor legitimidad internacional al esquema marroquí, lo que puede aislar diplomáticamente al Polisario / Argelia o al menos debilitar su posición de negociación.
No significa transferencia automática de soberanía
Es importante recalcar que, aunque la resolución da preferencia al plan de autonomía de Marruecos, no constituye un reconocimiento jurídico inmediato de la soberanía marroquí.
Riesgo de bloqueo para la autodeterminación plena
Desde la perspectiva saharaui / Polisario / Argelia, este enfoque puede verse como que se reduce la opción de independencia hacia una mera autonomía bajo soberanía marroquí, lo que genera rechazo y posibilidad de estancamiento o nuevo conflicto.
En resumen: la resolución fortalece la posición de Marruecos, impulsa negociaciones sobre su esquema de autonomía, pero no resuelve el conflicto de fondo, ni la cuestión del derecho a la autodeterminación, ni elimina todas las incógnitas.
Objetivos de la misión de la ONU (MINURSO)
La misión de la ONU en cuestión es la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental). Aunque el referéndum nunca se realizó, la MINURSO sigue operando, con funciones modificadas:
Monitoreo del alto el fuego y de la situación militar o de tensiones; acción contra explosivos / minas; apoyo logístico al Enviado Especial del Secretario General de la ONU para el Sáhara y facilitar medidas de confianza entre las partes cuando corresponde. Así pues, su misión continúa, aunque sin haberse cumplido la parte del referéndum; ahora la negociación política tiene una mayor centralidad.
Países que apoyan el plan de autonomía bajo soberanía marroquí
Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020 y actualmente impulsa la propuesta de autonomía. Francia ha manifestado de forma clara su respaldo al plan marroquí, mientras que el Reino Unido modificó su postura en 2025 para apoyarlo oficialmente. España, por su parte, reafirmó en abril de 2025 que la iniciativa de autonomía constituye “la base más seria, realista y creíble” para resolver la disputa. En la misma línea, Portugal calificó la propuesta como “seria y creíble”, y países como Bélgica, Polonia y otros miembros de la Unión Europea también han expresado su apoyo formal al planteamiento de Marruecos.
Los países que respaldan el plan marroquí justifican su postura en la necesidad de alcanzar una solución “justa, duradera y mutuamente aceptable” al conflicto del Sáhara Occidental. Consideran que la autonomía bajo soberanía marroquí representa la opción más viable y realista —quizás la única capaz de poner fin al prolongado estancamiento político—. Además, subrayan razones geopolíticas, de seguridad y económicas, destacando el papel de Marruecos como socio clave frente a la migración irregular, el terrorismo y la estabilidad del Magreb, así como su estrecha cooperación con la Unión Europea y, en particular, con España.
Países y actores que no apoyan o se oponen a esta solución
Argelia mantiene su apoyo al Frente Polisario y defiende el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, incluida la posibilidad de independencia, criticando la resolución de la ONU por considerarla favorable a los intereses de Marruecos. El Frente Polisario, por su parte, rechaza cualquier plan que excluya la independencia como opción legítima. Asimismo, varios países y grupos dentro de las Naciones Unidas insisten en que la cuestión del Sáhara Occidental sigue siendo un proceso de descolonización inconcluso, y recuerdan —como se reiteró en la Cuarta Comisión de la Asamblea General— que el territorio continúa siendo considerado no autónomo y, por tanto, sujeto al derecho de autodeterminación.
Los países y actores que se oponen al plan de autonomía bajo soberanía marroquí argumentan que dicha propuesta restringe o niega el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, especialmente en lo relativo a la opción de la independencia. Temen que su implementación consolide la ocupación marroquí del territorio y cierre definitivamente la posibilidad de un referéndum genuino. Además, sostienen que el proceso de descolonización del Sáhara Occidental sigue inconcluso y que deben preservarse como principios fundamentales la legalidad internacional, los derechos humanos y la consulta directa al pueblo saharaui.
Posición de España
España, antiguo poder colonial del Sáhara Occidental, reafirmó el 17 de abril de 2025 —a través de su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, durante una reunión con su homólogo marroquí— que considera la iniciativa de autonomía propuesta por Marruecos como “la base más seria, realista y creíble” para resolver la disputa. Esta postura ha suscitado críticas del Frente Polisario, que la interpreta como una vulneración del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
En la práctica, España ha pasado de una posición tradicionalmente más neutral o equilibrada hacia un respaldo más explícito al plan marroquí, especialmente desde el Gobierno del PSOE, que considera la propuesta de autonomía “la base más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
No obstante, esta orientación ha generado un amplio debate político: el Partido Popular ha mostrado un apoyo prudente en nombre de la estabilidad y la cooperación bilateral, mientras que formaciones como Sumar, Podemos e Izquierda Unida la han criticado por vulnerar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. A su vez, los partidos nacionalistas —como Esquerra Republicana, EH Bildu, el BNG o el PNV— han expresado en general su rechazo al giro diplomático, reclamando que España mantenga una posición coherente con el principio de descolonización y el derecho internacional. En conjunto, el tema sigue siendo uno de los puntos más divisivos de la política exterior española.
La Unión Europea (UE) sin posición unánime
A nivel de la UE como bloque, no se ha emitido una posición unánime que respalde explícitamente el plan de autonomía marroquí bajo soberanía. Varios países miembros lo han hecho de forma individual, pero la UE en su conjunto mantiene que el asunto debe resolverse por la ONU mediante un proceso de negociación.
Algunos países de la UE que han expresado apoyo explícito al plan marroquí: España, Francia, Reino Unido (aunque este ya no forma parte de la UE), Alemania (según fuentes) y otros estados como Portugal, Bélgica, Polonia.
La UE ha venido considerando a Marruecos un importante socio estratégico (en materia de migración, seguridad, energía, cooperación), lo que influye en las dinámicas diplomáticas.
Sin embargo, para la UE la clave sigue siendo que cualquier solución sea “justa, duradera y mutuamente aceptable” y respete los principios de la ONU, incluida la autodeterminación.
Conclusiones
La autonomía sin garantías es un espejismo político. La historia demuestra que los modelos que dependen de la voluntad del poder central —y no de un marco jurídico verificable— acaban desdibujándose.
En el caso del Sáhara Occidental, la propuesta marroquí puede parecer un avance frente al bloqueo, pero su viabilidad dependerá de si logra incorporar mecanismos reales de autogobierno, control judicial, protección de derechos humanos y verificación internacional independiente.
Sin esos pilares, corre el riesgo de reproducir los fracasos de otros modelos nominales, como Chechenia o Hong Kong. El conflicto saharaui no se resolverá con promesas unilaterales, sino con un pacto institucional duradero, refrendado por la comunidad internacional y aceptado por sus habitantes.
Marruecos, si aspira a una solución reconocida y estable, deberá transformar su oferta política en una arquitectura jurídica robusta, transparente y sometida a control multilateral. Porque la diferencia entre una autonomía concedida y una autonomía garantizada es la misma que separa un discurso de Estado de un Estado de derecho.
Fuentes
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Morocco–Israel Normalisation: A Geopolitical Shift» (TRT World Research Centre) – https://researchcentre.trtworld.com/wp-content/uploads/2021/02/Morocco-Israel-Normalisation-Final.pdf TRT World Research Centre
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