El artículo se centra en los antecedentes de las Conversaciones de Argel (finales de los 80), un punto de inflexión donde el líder de ETA, Txomin, reconoció el límite de la violencia terrorista. Aunque su reflexión no se basó en el arrepentimiento, sino en el agotamiento de la estrategia criminal, este periodo es vital para entender la transición hacia la paz.
En el contexto actual (con ETA disuelta), el texto destaca tres factores de debilitamiento que forzaron la negociación: la creciente e implacable colaboración antiterrorista de Francia (acentuada con la llegada de Jacques Chirac y la «cohabitación»), el aumento de la eficacia policial española y el consiguiente incremento de presos, y el aislamiento político de la banda en el País Vasco, especialmente tras el pacto PNV-PSE. Este análisis histórico ilustra cómo la combinación de la firmeza policial y judicial y la presión internacional forzó a la organización a buscar un diálogo, resumiendo Txomin la situación con la frase: «Vamos a negociar ahora que tenemos algo que negociar.»
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