domingo 14 junio, 2026

 ¡Dígame …!

Alfonso Garrido

         Así respondí al teléfono un ya lejano día del mes de marzo de 2019, como una habitual rutina cada vez que suena el artilugio. Y no lo era. Era esa llamada, nunca esperada, que me informaba de la necesidad de pruebas clínicas complementarias ante la sospecha de un cáncer de colon. Había funcionado el cribado de cáncer colorrectal.

Fue la prevención, la bendita prevención, que es lo normal en una sociedad desarrollada, la que llamó a mi teléfono. En agosto, cinco meses después, las manos de un más que magnífico cirujano del sistema público de salud de Andalucía me rescataba de la amenaza que se cernió sobre mi vida.

Así de simple y así de complejo. Hoy escribo estas torpes líneas gracias a un programa de prevención que salva vidas. Sobreviví a la parca Átropos, la que corta el hilo de la vida, gracias al buen funcionamiento de un servicio público esencial como es el de la salud. Por eso comprendo, (¡y cómo!) a todos los pacientes de los distintos cribados cuyos programas, por un mal funcionamiento de los servicios públicos, ha puesto, pone o, a lo peor, seguirá poniendo en riesgo sus vidas. Y como yo, somos muchos los que podemos decir lo mismo. Nos cogieron a tiempo. Encontramos el burladero donde burlar a la parca en el sistema de salud pública. Arréglenlo, por favor, pero pensando sólo en el bienestar de los pacientes y no en un tacticismo cortoplacista de miopía partidaria, como el que nos va a inundar, en los albores ya de unas inmediatas campañas electorales.

Pero mirando más allá de lo que ocurre con los programas de distintos cribados en Andalucía, o en sus citas de médicos de familia (32 días en mi centro de salud, a pesar de la publicidad oficial de los 4 ó 5 días que dicen tardar esas citas del escalón básico de la salud pública andaluza), esto del deterioro de los servicios públicos es una constante, no sólo en la salud andaluza, sino que desgraciadamente vale para los sistemas de salud pública de otras comunidades, las gobierne quien las gobierne, unos más que otros u otros más que unos. Da igual. El resultado es el mismo. Tarde, y mal. Y no sólo en salud.

La etiología de este mal es lo suficientemente compleja como para que desde mi torpeza e ignorancia saque yo el remedio que el vademécum daría para estas cuitas. (Por cierto, mucho contertulio radiotelevisivo, todólogos habituales, podrían aplicarse este mismo aserto).

Donde quiero ir a parar con esta inicial reflexión es al género y no a la especie. Lo que late detrás de todo esto es el deterioro galopante al que están sometiendo las administraciones públicas españolas a esos servicios públicos esenciales y no esenciales que, no mucho tiempo ha, eran el magnífico mascarón de proa que tenía España.

En tan sólo poco más de cuarenta años desde la restauración democrática, España había conseguido articular un país con servicios públicos eficaces y eficientes (artículo 103 de la Constitución).

Y hemos llegado a este deterioro por razones complejas, pero entre otras muchas que son propias y específicas de cada ámbito de los servicios públicos, creo que el común denominador de la situación está sobre todo causada por el deterioro incuestionable de la calidad de nuestra vida política y sus rectores.

Muchas veces he mantenido en algunas reflexiones anteriores en este medio, que es este malhadado cortoplacismo instalado en la política española, el inequívoco causante del deterioro de los servicios que todas las administraciones públicas españolas están prestando a sus ciudadanos. Y esto se puede predicar a los servicios que ofrece la pedanía más remota de nuestra geografía hasta los propios del Gobierno de España, pasando muy especialmente por las Comunidades Autónomas, todas, depositarias constitucionales de la mayoría de los servicios más sensibles en el percibir diario de los españoles: salud, educación, dependencia, vivienda, etc., etc.

A grandes males, grandes remedios. El refranero sabio nos dicta qué hacer. Pero eso sí, el refranero. Porque quienes deberían sentirse concernidos por esta diagnosis que hago como puede hacerlo cualquier paciente lector, no parecen entender que los problemas detectados requieren que los dos grandes partidos de la gobernación de España dejen de hacer de la contienda política la sabia plástica del “Duelo a garrotazos” de las pinturas negras del inefable don Francisco de Goya y Lucientes.

Dijimos muchos la noche del 23 de julio de 2023, que los sabios votantes españoles habían demandado a los señores de Génova y Ferraz altura de miras. Y día tras día, martes tarde en el Senado (sin el Presidente Sánchez desde hace ni se sabe) o miércoles mañana en el Congreso, Don Pedro y Don Alberto, y los aplaudidores corifeos que le siguen en el orden del día, entierran en el barro sus piernas y a garrotazos goyescos, menos mal que sólo dialécticos, resuelven la discrepancia política, tal que siglos atrás hubiéramos vuelto.

¿No es llegado el momento en que los problemas del día a día de los españoles todos, desde Finisterre a Gata, y de Ayamonte a Port Bou, demandan que nuestros próceres se encierren en un despacho y hagan eso que otrora se llamaron pactos de estado? Enciérrense, encerrémoslos y no salgan hasta que acuerden algo en beneficio a corto, medio y largo plazo de los españoles todos, vivamos donde vivamos, cada uno con nuestras peculiaridades.

Hace unos días un conmilitón se preguntaba en la prensa qué transición hubiera sido posible en España si estos actores de la política actual hubieran sido los que hubieran debido gestionarla tras la muerte del Dictador. Claro, que a él y a mí se nos dirá desde la ortodoxia oficialista que somos unos resentidos y que respiramos por no se sabe bien qué herida. Por supuesto.

Pues ni resentimiento ni herida. Es pura y simple lógica lo que parece demandar aquí y ahora la situación de deterioro de lo público en general y la de sus servicios esenciales, en particular. Y lo que se demanda es pactar políticas básicas que hagan que la gobernación de España entre en sosiego y no se mantenga en la crispación que entre todos alimentan.

Pero mientras uno se aferre a lo que tiene a su extrema derecha para conseguir su único objetivo que es un simple vete tú Sánchez que llego yo y Sánchez diga que como hay que evitar a toda costa que llegue Feijóo y el salvador Abascal, difícil se nos presenta la salida al entuerto.

Tanto uno como otro se descalifican a diario en su desempeño actual y futuro. Y sus seguidores no están en otra dinámica.

Ejemplos en el día a día los hay, pero no quiero ni enumerarlos en lo que sería un relato de despropósitos y calentarnos más de lo que cada uno podemos estar. Para qué. Lo próximo del pacto de Valencia será el siguiente despropósito. Ojalá me equivocara.

No hay más salida a lo actual que padecemos, que esa necesaria interlocución entre los dos grandes partidos para solucionar problemas cotidianos. Y mientras éste sea el escenario y la actitud de los actores principales, la esperanza está en busca y captura. Pesimismo. Sí.  Eso es lo que siento, sentimos muchos.

No hay proyección electoral en estos tiempos que no nos pinte un resultado distinto a que PSOE y PP necesiten apoyarse en lo que tiene cada uno a sus extremos a diestra y siniestra, abstracción hecha de lo que los nacionalistas excluyentes estén dispuestos a pedir y se les conceda en cada caso, para que un tirio o un troyano se cambie de residencia hacia monclovitas aposentos. Y no sólo me refiero a los disgustaditos e insultones mercaderes del prófugo de Waterloo. Incluyamos también a quienes hacen política como si en una asamblea de facultad siguieran. Ladran, pero no cabalgan. Pero eso sí, figuran.

Los minoritarios, sobre todo los nacionalistas, siempre van a regar su maceta sin importar la maceta más grande, la de todos. Y sabiendo esto tanto Agamenón como su porquero, ¿les puede a nuestros principales rectores de lo público, más este maldito “y tú más” que aquello para lo que se les supone están llamados? Salgan del fango del “Duelo a garrotazos” y hagan lo que se les exige por ser quienes son. España se lo está exigiendo. Se jura o promete tales cosas en las tomas de posesión. Háganlo.

Confiemos en que esa esperanza que está en busca y captura sea hallada y puesta a disposición de los españoles. ¿Soy iluso? No quiero pensar en la mayoría de sus respuestas, pacientes lectores.

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