Editorial de la semana

En aquellos años, por cada pistolero detenido en España, dos o más conseguían huir a Francia. La colonia etarra fue creciendo hasta alcanzar, a mediados de los 80, varios centenares, de forma que la cantera para formar nuevos comandos ya contaba con gente preparada y fanática.

Cuando el Gobierno de España anunció la celebración de los 50 años de la muerte de Franco, un amigo se apresuró de inmediato a calificarlo como “Año Pacobeo”. No estaba mal traída la broma: Franco fue quien restauró la Ofrenda Nacional al Apóstol (1938) y declaró el 25 de julio Fiesta Nacional Española. También a quienes honran con su jubileo al Apóstol se les pueden conceder indulgencias. El 20 de noviembre de este año, por la celebración o por la difusión mediática, parece ser que algunos se han puesto a reflexionar sobre Franco y el franquismo y sobre lo que de aquello queda. Bien sea.

La tarea que tenemos por delante no es diferente en esencia a la que enfrentaron los constituyentes: construir desde el realismo sin renunciar a ideales, transformar sin destruir, innovar sin despreciar lo valioso del pasado. En este sentido, el espíritu del 78 no es reliquia sino un cuaderno de bitácora para el futuro.

claves del cambio