Círculos concéntricos,
Pozo impenetrable,
profundo, oscuro, ciego.
El equinoccio de primavera quedó en el pasado.
Todo gira en sentido contrario al orden natural.
El llanto de los niños,
el sueño del poeta,
la palabra huera,
la risa del payaso.
Ha cambiado la órbita del planeta,
llueve,
el sol no encuentra refugio en la noche,
el verano terminó,
la Luna ciega ilumina con resplandor refulgente,
la noche es fría.
Nada es igual a lo que fue.
El cambio es inmutable,
el movimiento estático se impone.
La Tierra está cansada de dar vueltas,
y contemplar impávida el solsticio de verano.
¿Por qué está eterna monotonía?
Y sin embargo, todo es confuso, perecedero,
Todo es polvo para la Eternidad.
La Nada impone su frágil existencia.
Ya nada es igual.
Tampoco el equinoccio de otoño.
Ni las horas,
ni los días,
ni la tempestad,
ni el fragor de la batalla.
Todo se ha convertido en un absurdo,
ya nada se mueve,
los objetos son impávidos,
Y las palabras, vacías.
Llueve, huele a heno mojado…
Los sueños oscuros se disipan,
la noche vuelve a ser noche,
las pesadillas se han diluido,
y el orto solar ilumina un futuro incierto.
Pero sí,
al fin y al cabo,
el Sol sigue saliendo todos los días,
camino del solsticio de invierno.
El marketing
sustituye al desusado beso romántico.
La película ha llegado a su fin. THE END.


