Una reflexión muy buena para ser implementada
Leerse una Encíclica no es algo “normal” para la gran mayoría de ciudadanos, incluso cuando los titulares de prensa se refieran a ella de modo elogioso. Pero esa es una de las ventajas de pertenecer a un Club de Lectura: leer a veces algún libro que nunca te hubieras leído, al no estar entre los que consideras prioritario o de mayor interés.
Y ese es el caso de la Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV. Hace unas semanas, la red de Clubes de lectura Alexandreia ( https://alexandreia.org/), de la que forma parte el Club de Lectura de La Discrepancia, organizó una pequeña sesión de debate sobre este texto, reuniéndonos a un pequeño grupo de diferentes Clubes, variadoy con experiencias distintas. Había católicos practicantes, creyentes no practicantesalejados de la Iglesia, y ateos declarados, pero todos interesados, de modo voluntario,en analizar el texto con una visión de pensamiento crítico.
Aunque el debate fue muy interesante, dejando abiertas algunas cuestiones, como puedeseguirse en el resumen que se encuentra en la web (https://alexandreia.org/custodiar-lo-humano/), hay que destacar dos ideas clave sobre las que hubo una clara unanimidad: en primer lugar, que no es una Encíclica sobre la IA, sino una reflexión profunda sobre como la Iglesia como Institución y los católicos, deberían posicionarse hoy, en los tiempos que vivimos de la IA y de grandes cambios tecnológicos; y en segundo lugar, que “Magnífica Humanitas” es una Encíclica que puede calificarse de excelente.
Pero más allá de este reducido debate, pensando en todos los posibles lectores interesados en los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, y que no se han leído la Encíclica, en este artículo me centraré en destacar las principales ideas que recoge el Documento, y el reto de que estas reflexiones sean implementadas en la realidad.
No es fácil, resumir, de modo sintético, los mensajes fundamentales recogidos en los 245 párrafos, numerados, que constituyen “Magnifica Humanitas”. En todos ellos, se destaca alguna idea clara y no hay frases que sobren por innecesarias o reiterativas. Todas siguen una lógica: la persona humana y su dignidad están por encima de todo, y desde esa perspectiva se reflexiona y se plantean cuestiones prácticas en el mundo que vivimos.
Para iniciar un resumen, debemos partir de que no es casual que León XIV haya publicado la Encíclica el 31 de mayo, justo en el mismo día pero 135 años después de que León XIII publicara la Encíclica “Rerum Novarum”. Como tampoco es casual, y leyéndola se entiende mejor, que el Papa haya adoptado el nombre de ese predecesor. A finales del siglo XIX, el entonces Papa León XIII reivindicó en aquel texto que la Iglesia, aparte de centrarse en la espiritualidad de las personas, debía prestar atención y actuar en consecuencia ante las “cosas nuevas” que estaban sucediendo, y en particular el papel del trabajo, y los derechos de los trabajadores, y la consiguiente necesidad de una justicia social, en una época de grandes cambios derivados de la Revolución Industrial. Aquella Encíclica sentó las bases de lo que se conoce como Doctrina Social de la Iglesia. Y León XIV parte de ahí en su análisis.
Sostiene que la Doctrina Social que se inició con la Rerum Novarum ha tenido una “evolución paciente” con un “desarrollo armónico” pero “no lineal”, y cita, haciendo un repaso, tanto al Concilio Vaticano II, a Pablo VI o al Papa Francisco, claros impulsores del acercamiento de la Iglesia a la realidad social, como a los otros Papas aunque no hicieran grandes avances en ese ámbito . Para completar ese repaso, afirma que esta Doctrina Social debe implicar también “un examen de conciencia para la Iglesia” y que hay que “sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos” a los derechos de las personas.Más aún, pide explícitamente perdón. Pide “perdón” en nombre de la Iglesia por “en dieciocho siglos no haber explicitado de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con la dignidad de las personas”.
Con ese enfoque, León XIV se plantea los grandes cambios tecnológicos que estamos viviendo, como la digitalización, la inteligencia artificial, la robótica o la biotecnología, destacando que hoy se da también una situación nueva: El poder económico y las tecnologías emergentes se entrelazan facilitando que unos pocos puedan tener un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad. La innovación y el progreso tecnológico pueden provocar y aumentar las desigualdades.
Hay que decir que esta idea de los posibles efectos negativos de la innovación tecnológica no es nueva. Es precisamente la tesis central recogida en el trabajo “Poder y Progreso. Nuestra lucha milenaria por la tecnología y la prosperidad”, de DaronAcemoglu y Simon Johnson, galardonados con el Premio Nobel de Economía, y publicado en 2023. Un estudio profundo basado en datos analizando la evolución en muchos países.
Ante esta realidad, León XIV afirma que es necesario un posicionamiento y, en su opinión, la Doctrina Social de la Iglesia tiene gran importancia y vigencia. No es un manual, es un elemento que debe llevar a un razonamiento. Sus principios siguen vigentes: el bien común, en el sentido de trabajar juntos por un proyecto compartido; el destino universal de los bienes, no considerando el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable sino vinculándolo a su fin social; la subsidiaridad, entendida como el papel que deben de jugar las instituciones y asociaciones de ciudadanos y el tercer sector; la solidaridad, matizando que el verdadero progreso requiere una solidaridad intergeneracional, considerando el impacto en las nuevas generaciones, evidente, entre otras, en las cuestiones medioambientales; y la justicia social, teniendo en cuenta que las injusticias no nacen sólo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras , mecanismos , sistemas económicos y culturales que producen desigualdad”.
Centrándose ya en la IA, destaca un punto clave. Las inteligencias artificiales están más “cultivadas que construidas”, en el sentido de que ”los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA crece”. De ahí que los procesos computacionales siguen siendo poco conocidos. Por ello, la IA no es neutral, “toma el rostro de quienes la desarrollan, la financian, la regulan y la utilizan”.
Junto a eso está el hecho de que la IA no tiene sentimientos. Las máquinas aprenden y reaccionan, pero no han vivido las situaciones ni las “sienten”, no valoranadecuadamente las muchas implicaciones que tiene una decisión fríamente adoptada. La cuestión es crucial dado que en el mundo que vivimos se está generando cada vez más la tendencia a valorar a la persona y a su trabajo, sólo por su eficiencia a la hora de obtener resultados económicos. De ahí que hay que la IA puede dejar marginados a muchos, por lo que hay que preguntarse si el uso de la IA hace realmente más humana la vida del hombre.
Esto lleva a que es necesario plantearse no sólo un enfoque ético de manera genérica, sino analizar también las implicaciones económicas y sociales de un determinado uso.Sin duda, la IA aunque está generando y va a generar cosas buenas, tiene muchos riesgos. No solo va a afectar al desempleo y a la gran concentración de poder en unos pocos, sino que esa dinámica puede generar que una parte importante de sus ciudadanos deje de ser considerada necesaria y útil para la sociedad, ya que no son muy rentables dentro del proceso de producción.
Por tanto, pide prudencia, controles rigurosos y ”en ocasiones una ralentización en la adopción de la IA”. E indica claramente que “no es suficiente invocar la ética de manera genérica: es necesario indicar criterios precisos de discernimiento”.
Avanzando más allá, analiza también el uso de las nuevas tecnologías en los conflictos bélicos, con las nuevas formas híbridas, con ataques cibernéticos, manipulación de la información, y automatización de las decisiones estratégicas. Todo ello consecuencia de la expansión de una “cultura violenta del poder”. Sobre estos usos, destaca la necesidad de diálogo y aboga por “desarmar” las palabras, rechazando los conflictos.
Dado que por sus características, el seguimiento y la evaluación desborda la frontera de un país, es necesario adoptar medidas desde una visión internacional, argumentando que es imprescindible también reforzar la cooperación multilateral que se esta viendo seriamente amenazada.
En definitiva, lo que plantea León XIV en “Magnifica Humanitas” es una llamada a la Institución eclesial y a los cristianos a tomar una posición clara frente a los cambios tecnológicos, y especialmente ante la IA, teniendo como objetivo prioritario la persona y la dignidad humana. Deja claro que el progreso económico debe ser inclusivo y no dejar excluidos a personas, y para que una sociedad tenga futuro es necesario que haya asumido qué significa realmente la dignidad humana. Lamentablemente, hay mucha desinformación, pues aunque la IA en sí mismo no la genera, sí ayuda a difundirla con un efecto multiplicador. Y “el desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo”.
En este sentido, concluye haciendo una llamada a “asumir un papel activo, sin refugiarnos en el espiritualismo ni en nuestros pequeños mundos”.
Por ello, como decíamos, el Documento puede calificarse como excelente y muy oportuno. La única duda que surge es a qué ritmo y velocidad este planteamiento de compromiso con la persona humana y su realidad social, será plenamente asumido y llevado a la práctica. Vivimos tiempos complicados en los que la polarización, la distorsión de la realidad con medias verdades y bastantes mentiras en forma de bulos, dificultan encontrar soluciones justas y con menos desigualdad.
En la visita que el León XIV realizó a España en junio, pocos días después de su publicación, los Sindicatos y las Organizaciones Empresariales ya le expresaron públicamente su conformidad en avanzar, en el diálogo, hacia un nuevo “contrato social”. Incluso Cándido Mendez, exsecretario General de UGT, reconocía recientemente en una entrevista el papel de la Doctrina Social de la Iglesia, para afrontar los desafíos del trabajo, desde la precariedad hasta la IA. (https://alfayomega.es/candido-mendez-la-polarizacion-equivale-a-paralizacion/).
En todo caso, tendremos que ver si la Institución eclesial y el conjunto de los ciudadanos que se consideran católicos, se comportan de modo coherente con lo que el Papa León XIV ha querido dejar claro, sin ningún género de dudas, en la Encíclica “Magnífica Humanitas”.


