Como no podemos vivir en paz, de nuevo, la bronca y la judicialización de la política.
Sumario del juez de Instrucción sobre José Luis Rodríguez Zapatero y se intensificó la pelea entre los partidos políticos. No discuten para ejercer sus responsabilidades; lo hacen para ver quién gana votos y quién los pierde.
Desde fuera del circulo nos asombra la capacidad que tienen gobierno y oposición para parapetarse detrás de lo fácil y evitar el debate sobre las cosas de comer. Ya sea sobre la vivienda; sobre la juventud y su situación de sospecha ante el futuro; sobre la inmigración y la decencia de una sociedad que expulsó a millones de españoles incapaces de ganarse la vida en un país como el nuestro. Setenta millones de ciudadanos del África negra calcula la ONU que saldrán de esos territorios inhóspitos para alcanzar la vieja Europa que cada vez se parece más a un geriátrico en oposición a la guardería africana. El cambio climático, duro en Europa e insoportable en África, los expulsará y buscarán refugio y asilo en las zonas más templadas, empezando por España e Italia; No son capaces de unirse para elaborar un nuevo sistema educativo que dé respuesta a los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial. La sanidad sí sabe qué hacer con la IA. Los profesores no saben qué hacer con ella o contra ella. ¿Tendrá que ser el Papa el que, siguiendo la estela religiosa de la Edad Media y del Renacimiento, mande a la IA a la hoguera, como ya hizo la Iglesia procesando y condenando a Galileo Galilei tras la publicación de su célebre libro Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo en 1632?
Cualquiera diría que nuestros electos están donde están para sacar a relucir sus mejores galas en cuanto a la crispación se refiere. Desde la Transición de la dictadura a la democracia hasta hace unos años, los españoles, cualquiera que fuera nuestra manera de pensar o nuestra ideología, estábamos seguros de que el futuro se presentaría como una época de esperanza para nosotros y para nuestros descendientes. Oyendo los debates, las tertulias, los juicios previos, sabemos que ese futuro ya no es esperanzador sino amenazante. Y los violentos del gobierno y de la oposición están consiguiendo lo que siempre quisimos evitar: la crispación ha llegado a los ciudadanos.
Ha bastado un nuevo auto de un juez para que se hayan enfrascado en lo que más les gusta a ellos y a quienes les secundan en tertulias y en titulares. Sin conocer el contenido íntegro del sumario sobre el expresidente Zapatero dan lecciones de Derecho quienes ni siquiera llegaron a aprobar primero de facultad. Se acude a la voz sabia de algunos magistrados jubilados que no tienen el más mínimo reparo en calificar de golpe de Estado o de lawfare cualquier procedimiento que afecte negativamente a su ideología. Algunos de ellos ejercieron esa altísima responsabilidad en el Supremo, por eso no se comprende cómo se atreven a elucubrar sobre el seguidismo de los magistrados a las directrices políticas. Si tan seguros están de ese delito, parece que ellos, cuando ejercieron esa profesión, no dudaron en seguir, cual perritos falderos, lo que le indicaban desde el poder político. Si no fuera así, y ellos hubieran actuado conforme a ley, dejando en casa sus creencias políticas y las directrices partidistas, ¿qué les impulsa a pensar que ellos eran jueces decentes y honrados, mientras que los que juzgan ahora son indecentes y corrompidos? Un juez jubilado declaró en un programa de televisión que el Tribunal Supremo tenía ganas de condenar y condenó al Fiscal General del Estado. Al oírlo pensé que él debe saber de eso un montón. Siguiendo su estela, él tenía ganas de condenar a miembros de la familia real, y condenó. ¿Por qué el Tribunal Supremo es indigno por condenar tras un proceso limpio, mientras que ese juez, que los acusa de prevaricación, es honesto e integro? Apañados estamos si algunos jueces acusan a otros de no actuar conforme a la ley. Si ellos no confían en sus colegas, ¿qué razones tendremos los legos en esas materias para confiar en el tercer poder del Estado?


