sábado 20 junio, 2026

Resultados que se esperan de la cumbre COP30

Ricardo Peña

Las cumbres climáticas COP —siglas de Conferencia de las Partes— vienen celebrándose anualmente, desde 1995, al amparo de las Naciones Unidas y son las que determinan los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, tanto globales como por países. A pesar de que el calentamiento del planeta se está acelerando a ojos vista, por encima de las previsiones, los resultados que se esperan de la COP30, actualmente reunida en Brasil, están muy lejos de los que serían necesarios para evitar el colapso climático.

La COP3 (1997) fue famosa por la firma de los llamados Protocolos de Kioto, que marcaron el comienzo de la preocupación mundial por reducir las emisiones de CO2. En la COP21 (2015) se aprobó el Acuerdo de París, cuyos resultados fueron fijar el objetivo de limitar el calentamiento global a menos de 2°C (idealmente, menos de 1,5°C) con respecto a los niveles preindustriales. Para lograrlo, los firmantes —195 países— se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, a desarrollar estrategias de adaptación y a establecer un marco global de financiación, con la meta de alcanzar la neutralidad climática en 2050.

La actual COP30 ha comenzado con el segundo país emisor (Estados Unidos, responsable del 11,1% del total) desvinculado del Acuerdo de París y de cualquier compromiso de reducción de emisiones. Peor aún, amenazando con tomar represalias si resultase aprobada cualquier tipo de tasa sobre el transporte marítimo, uno de los sectores que más CO2 emite. En contrapartida, China —primer país emisor, responsable del 29,2% de las emisiones—, sí ha presentado compromisos de reducción, junto con otros 60 países.

Una vez sumados los planes de dichos países, el informe de la ONU concluye que su plena implementación llevaría a una reducción de las emisiones mundiales en 2035 del 11%, tomando como referencia los niveles de 2019. Eso es mucho menos de lo que se necesita. Según el informe, “serían necesarias reducciones del 35% y el 55% para alinearse con las vías de los 2 grados y 1,5 grados, respectivamente”.

La Unión Europea es responsable del 5,9% de las emisiones y ha conseguido aprobar in extremis un compromiso de reducción para 2040 del 90% con respecto a los niveles de 1990. Es de señalar que, en 2024 y con la misma referencia de 1990, las emisiones europeas ya habían caído el 35%. Es decir, la UE está actualmente a la vanguardia de la lucha contra el calentamiento global, a pesar de ser tan solo los cuartos emisores —el tercero es la India con el 8,2%—. Sin embargo, aprobar el compromiso ha costado bastante trabajo: ha contado con la oposición de todas las extremas derechas de la Eurocámara y —muy notablemente— con los diputados del PP español votando con ellas. El resto del Partido Popular Europeo ha votado a favor de la reducción.

El calentamiento del planeta no es ninguna broma y está científicamente demostrado que su causa es fundamentalmente la quema masiva de combustibles fósiles por los seres humanos desde el inicio de la era industrial. Dos terceras partes del mundo sufren hoy desastres climáticos que no habían experimentado nunca antes, en forma de incendios explosivos, inundaciones, tornados y lluvias torrenciales. Diversos estudios han calculado que, en este siglo, el calor ha sido la causa de 546.000 muertes anuales en el mundo, 5.800 de ellas en España, el doble que en los años noventa del siglo pasado. Por comparación, alrededor de 1.800 personas fallecen cada año en España en accidentes de tráfico. ¿Cómo es posible que no prestemos suficiente atención a un fenómeno que es responsable de tres veces más muertes?

Según Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, “con los compromisos actuales, el resultado previsto sigue siendo el colapso climático”. A pesar de todos los tratados y compromisos suscritos en las cumbres climáticas, las emisiones de CO2 han seguido aumentando año tras año a un ritmo medio del 1,2 % anual, si bien dicho ritmo ha decrecido lentamente en los últimos años. Hoy son un 66 % más altas que en 1990. Se estima que, al ritmo actual, las emisiones empezarían a decrecer hacia 2035. Conviene saber que la mitad del CO2 emitido permanecerá en la atmósfera durante siglos.

Y, sin embargo, hoy contamos con tecnología suficiente para reemplazar, sin costes excesivos, la quema de combustibles fósiles. En la generación de energía eléctrica, las renovables, no solo no contaminan, sino que son mucho más baratas. En 2025, han crecido en el mundo más deprisa que el aumento de la demanda. En España, hoy producen el 57% de la energía. En el sector del transporte, el coche eléctrico representa una alternativa cada vez más asequible y hoy ya circulan 42 millones de ellos en el mundo. De momento, solo representan el 3% del total, pero crecen deprisa. Se estima que en 2035, el 100% de los coches que se venderán serán eléctricos.

El principal obstáculo para avanzar en este camino, hoy proviene de la administración Trump y de las extremas derechas mundiales alentadas por el trumpismo. Su activismo contra todo lo que signifique limitar los combustibles fósiles ha conseguido frenar la senda emprendida en 2015. Por temor o por comodidad, muchos países están relajando sus compromisos y hoy los bancos vuelven a financiar las actividades del sector de los combustibles.

En España, por convicción o por verse arrastrado a ello para cerrar sus pactos, el Partido Popular se está plegando al negacionismo climático de Vox, tal como hemos visto en su reciente votación en la Eurocámara. Eso significa que la mitad del espectro político español se opone a las medidas de lucha contra el calentamiento que la mejor ciencia aconseja. Es una lástima, pero es lo que tenemos.

Tendremos que seguir argumentando y tratando de convencer a los escépticos, es decir, peleando por lo obvio. Parece que fenómenos como las DANAS cada vez más frecuentes y virulentas, o los excepcionales incendios de este verano, no les parecen a estos partidos suficientemente convincentes.

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