Definitivamente, va a ser cierto el tópico de que existen dos Españas. Pero no aquellas de Machado, una que muere y otra que bosteza, ni aquellas otras dos de las que una iba a helarnos el corazón, ni una de izquierdas y otra de derechas. No, las dos Españas son otras: la España real y la que se percibe cada día a través de las declaraciones de los políticos y los medios de comunicación.
La segunda consiste en una sucesión inacabable de casos sobre políticos corruptos, presuntos o confesos, pertenecientes a dos partidos, acompañada de un griterío ensordecedor de acusaciones mutuas y amplificada por interminables horas de seguimiento de estos eventos en las tertulias radiofónicas y televisivas, en las plataformas digitales y en la prensa escrita.
En los huecos que dejan estas disquisiciones, los medios se llenan de excesivas horas dedicadas a un barco que transporta un virus o a cualquier otra desgracia morbosa y, el resto del tiempo, lo completan con lo que llaman “deporte”, que no es sino informar exhaustivamente de los dimes y diretes de los futbolistas patrios y sus entrenadores.
Con motivo de un inminente viaje a Francia, y con el fin de hacer oído, he empleado varias horas escuchando el canal France 24 y he quedado admirado, y a la vez celoso, de cómo emplea su tiempo este canal: elige un tema de interés nacional y el presentador o presentadora convoca a dos o tres expertos, casi siempre profesores de universidad o periodistas especializados, y les interroga con preguntas inteligentes durante cerca de una hora. Los temas pueden ser la venta de terrenos agrarios, la vivienda en las grandes ciudades, o las perspectivas de la guerra en Irán. Se tocan ocho o nueve temas cada día. De este modo, el público francés recibe no solo información sino también una opinión experta sobre asuntos de su interés. Las declaraciones de sus políticos ocupan un espacio ínfimo en esta cadena.
En las cadenas españolas no he encontrado, sin embargo, ninguna tertulia o entrevista sobre cómo se están gastando, por ejemplo, los fondos Next Generation que la Unión Europea lleva transfiriendo a España desde 2021. Y ello a pesar de que estos fondos han cambiado el panorama de gran parte de la industria española, de cientos de miles de autónomos y de muchos pueblos pertenecientes a la España despoblada. Se ha tratado de una transformación silenciosa de un impacto aún mayor que lo que supuso el Plan Marshall en Europa tras la última contienda bélica. El Plan Marshall distribuyó el equivalente a 150.000 M€ (millones de euros) actuales entre 18 países. Los fondos europeos han transferido, solo a España, 80.000 M€ a fondo perdido y otros 30.000 M€ en forma de créditos blandos. No obstante, no ha merecido la atención de nuestros medios de comunicación, siempre atentos al último chascarrillo de un político o a la última noticia morbosa que explotar para subir sus audiencias.
Con ocasión de unas jornadas parlamentarias organizadas por el Grupo Parlamentario Socialista en el Senado, tuve oportunidad de escuchar de primera mano a algunos de los protagonistas de esta transformación. Escuché, por ejemplo, al responsable del proyecto ONUBA, que está produciendo hidrógeno verde en Palos de la Frontera (Huelva). Se trata de una inversión de 10.000 M€ que creará 8.400 empleos en una zona con mucho paro. O a un directivo de la empresa RIC Energy, que está produciendo keroseno sintético para aviación en la comarca de El Bierzo (León), también aquejada de paro tras el cierre de las minas de carbón. Los materiales empleados son hidrógeno verde y CO2 capturado de la atmósfera a través de biomasa. Supone una inversión de 700 M€, creará 2.400 empleos durante la puesta en marcha y 240 empleos estables después. Todos son proyectos privados cofinanciados por los fondos europeos. Como también lo están las cuatro gigafactorías de fabricación de baterías para automóviles eléctricos en proceso de creación en Sagunto (Valencia), Figueruelas (Zaragoza), Martorell (Barcelona) y Pamplona (Navarra).
Otro proyecto de interés nacional y europeo es la fabrica de obleas de silicio para paneles fotovoltaicos construyéndose en Gijón, que cubrirá el 50% de la demanda de la UE y reducirá la dependencia actual de China. Se trata de una inversión de 700 M€ que creará 2.600 empleos. Producirá obleas para fabricar 20 GW (gigavatios) de paneles al año. Otro más, la fábrica de diamantes sintéticos de Trujillo (Cáceres), que ha sido ampliada para producir obleas de diamantes monocristalinos que formarán el sustrato en el que crecerán circuitos integrados semiconductores con gran poder de disipación de calor. Supone 2.350 M€ de inversión, 500 empleos directos y 1.600 indirectos en una zona deprimida.
Hasta ahora, estos fondos han cofinanciado más de 3.000 proyectos, que han afectado a 1,5 millones de beneficiarios, la mayoría de ellos pequeños autónomos, puesto que uno de los proyectos que les concierne es el llamado “Kit digital”. Se trata de ayudas públicas para digitalizar pequeños negocios y empresas. Se les ofrece una serie de soluciones digitales de un catálogo preseleccionado, que van desde la simple creación de páginas web a la gestión integral, y las empresas eligen lo que les conviene. Uno de los ejemplos más representativo ha sido la digitalización del comercio mayorista de pescado de Mercamadrid, que ha ahorrado muchas horas de gestión a 100 mayoristas y 400 pescaderos autónomos.
Un aspecto muy interesante es que el 70% de los fondos ha sido gestionado y distribuido por las CC.AA. y los ayuntamientos, asignándolo a proyectos locales. Es decir, los fondos no solo han supuesto una reindustrialización y digitalización generales, sino que además han sido un factor de cohesión territorial y de contribución a la repoblación de zonas deprimidas. Todas las subvenciones se han asignado mediante concurso público.
Se estima que el proceso ha aportado ya un crecimiento de 2,8 puntos de PIB en los cinco años que lleva en vigor y continuará aportando otros 3 puntos más hasta 2030. Como se ve, el énfasis se ha puesto en la transformación energética hacia las energías renovables, la movilidad eléctrica y la digitalización. Al mismo tiempo, se ha pretendido disminuir la dependencia de China y Estados Unidos en estos sectores estratégicos.
Hay otros aspectos del plan referidos al almacenamiento energético, las comunidades de autoconsumo, la creación de puntos de recarga, la banda ancha rural y otros que no caben en este resumen, pero que tienen un impacto importante en la reducción del precio de la energía y de la dependencia de los combustible fósiles y en la mejora de la conectividad rural.
¿No deberían ser todos estos temas objeto de información y debate en los medios de comunicación? No sé si el fallo está en los políticos que no comunican o en los medios que no se interesan por ello, pero es obvio que a los ciudadanos nos agradaría mucho más oír hablar de asuntos similares a estos, que escuchar las descalificaciones que se dedican cada día los políticos.


