miércoles 17 junio, 2026

Díaz Ayuso, entre el patetismo y el esperpento

Deploro tener que ocuparme de un personaje como Díaz Ayuso, porque su estrategia de comunicación política está dirigida precisamente a reclamar atención constante y, hablar de ella, contribuye a reforzar su imagen. Pero, sucede con ella lo mismo que con Donald Trump: deploramos hablar de él porque eso es lo que persigue, pero nos vemos obligados a ello porque lo que haga o diga afecta a nuestras vidas. Ayuso gestiona un presupuesto anual de más de 30.000 millones que afecta de modo muy notable a la vida de los madrileños.

Su fallida excursión a México merece una calificación a medio camino entre el patetismo y el esperpento. No solo ha recibido el reproche de su presidenta Claudia Sheinbaum, sino también el de la iglesia, la izquierda y la derecha mexicanas. Y es que el relato de la conquista se contempla con ojos muy distintos a ambos lados del atlántico. Para las derechas españolas, España realizó una labor evangelizadora y civilizatoria en aquellas comunidades indígenas, llevó allí la verdad del catolicismo, la educación y el desarrollo y, a la vez, observóun respeto por los derechos de los indios que otras potencias colonizadoras no mostraron. El relato en México es muy distinto: para el 89% de la población —según la politóloga mexicana Viri Rios—, Hernán Cortés fue un villano y un criminal que asesinó a millares de indígenas y España llevó allí la enfermedad y la explotación de recursos y personas. La verdad histórica está seguramente a medio camino entre estos dos relatos. En cualquier caso, resulta muy osado planificar un viaje a México para reivindicar allí un relatosesgado y organizar un homenaje a Cortés.

Está claro que el cálculo le ha salido mal y, ante los reproches recibidos, ha tenido que cancelar la mitad de su viaje. ¿Cuál era ese cálculo? En mi opinión, la mayor parte versaba sobre política doméstica: al revindicar en México el relato colonial de las derechas españolas, esperaba reforzar esa imagen de política “sin pelos en la lengua” que cultiva sin descanso; contradecir los esfuerzos del Gobierno —y, por cierto, del Rey— por limar las diferencias con México y devolver nuestras relaciones diplomáticas a la normalidad era también un acicate, porque la bronca y la provocación a sus odiadas izquierdas le da votos. Quizás haya también un cálculo internacional: mientras Sheinbaum, Sánchez y Petro se reúnen en Barcelona para poner en pie una internacional progresista frente a la ola reaccionaria global impulsada por Trump, Ayuso se alinea con este y con Meloni para mostrar su compromiso con la internacional ultra, que califica a México de “narcoestado” y amenaza con intervenirlo.

Además de esperpénticos, estos comportamientos tan de su gusto transgreden todos los límites de la lealtad institucional y del reparto de competencias. ¿Qué atribuciones tienen los presidentes autonómicos en política exterior? Ninguna. ¿Tienen derecho a poner en peligro las relaciones internacionales de su país? Obviamente, no. Imaginemos por un segundo que un dirigente socialista, gobernando el PP, hubiera hecho algo semejante al viaje de Ayuso. Los gritos de traición y deslealtad se hubieran oído hasta en la Antártida. Y también los de malversación, porque su experimento ideológico ha costado a las arcas madrileñas varios cientos de miles de euros.

Esta interferencia en la política exterior española no es la primera: concedió la medalla de Madrid a Milei al mes de que este llamara cobarde y mentiroso al presidente español, y corrupta a su esposa, y eso causara un incidente diplomático; recibió un premio de la comunidad judía en Madrid, al tiempo que el Ayuntamiento otorgaba a esa comunidad la Medalla de Honor, en pleno bombardeo de Gaza y cuando el gobierno español se refería públicamente al mismo como genocidio; y apoyó la agresión estadounidense a Venezuela cuando la política oficial del Gobierno era condenarla.

En su afán por confrontar con el gobierno de Sánchez, tampoco duda en saltarse las leyes que emanan del parlamento: lo hizo con la de eutanasia, promulgando una ley autonómica que complicaba su aplicación con una autorización judicial no prevista en la misma; y también con la del aborto, que obligaba a las comunidades a realizar un registro de médicos objetores y ella se negaba a hacerlo. Tuvo que ceder en ambos casos obligada por la justicia.

La razón por la que permanentemente perpetra estos ejercicios de insumisión y provocación es obvia: porque le funciona. Cultivar la imagen de política que dice “verdades como puños” donde otros se muestran débiles o timoratos parece tener éxito en los tiempos que corren. Exaltar la identidad española, apelar a la visceralidad insultando a la izquierda y reducir la palabra libertad a disponer de la propiedad privada sin cortapisas —pues también se niega a limitar el precio de los alquileres en las zonas tensionadas, como prevé la ley estatal de vivienda— son mensajes que parecen calar en Madrid.

Pero, descartando la furia de los vapores patrios y el resto de sus mensajes ideológicos, la realidad es muy otra: ella es tan solo una presidenta autonómica cuyas competencias son gestionar los recursos públicos que los ciudadanos ponen a su disposición para que les haga la vida más fácil y solucione sus problemas. Y estos son ser atendidos a tiempo y con eficacia en la sanidad pública, poder dar a los hijos una carrera sin tener que endeudarse con una universidad privada y acceder a una vivienda asequible en propiedad o en alquiler paraconstruir un proyecto de vida.

Ninguno de esos problemas está siendo atendido por esta presidenta. Mas bien al contrario, desvía recursos públicos imprescindibles a la sanidad privada, bloquea la financiación de las universidades públicas al tiempo que concede fácilmente permisos a nuevas universidades privadas y su política de vivienda pública es liliputiense para las inmensas necesidades no atendidas de los madrileños.

Entiendo que quienes tengan resueltos esos problemas debido a su alto nivel adquisitivo voten a esta mujer. Si uno puede prescindir de la sanidad, vivienda y universidades públicas, se puede permitir votar por cuestiones culturales, de identidad o de afinidad ideológica. ¿Pero constituyen esos madrileños pudientes el 47%, que fueron los votos conseguidos por Ayuso en 2023 frente al 41% de la izquierda? Peor aún, el PP superó a la izquierda en localidades obreras como Alcorcón y Móstoles y fue el partido más votado en Leganés, Getafe y Fuenlabrada.

¿Van a resolver la identificación cultural con Ayuso y sus desplantes las necesidades de esos madrileños? Me temo que no. Es algo para ir reflexionando de aquí a las elecciones autonómicas de 2027.

¿Tienes una opinión que compartir sobre este artículo?

En La Discrepancia valoramos tu perspectiva. Cuéntanos qué piensas de este artículo. ¡Te leemos directamente por WhatsApp!

No te pierdas ningún artículo. Únete a nuestro canal de WhatsApp para las últimas opiniones.

¿Te ha gustado? Compártelo:

Artículos relacionados...

Trenes de Cercanías

Tranquilamente instalado en la terraza de mi bar favorito, observo a los viandantes y, con envidia, a los jóvenes que

Leer más »

Despejar la X

En el colegio nos enseñaban a resolver ecuaciones despejando la X. Nos producía una gran satisfacción resolver la ecuación y

Leer más »

Tu colaboración mantiene la información libre

💖 Colaboración Bizum: Sigue estos 3 pasos

A continuación, se muestra el número telefónico al que puedes enviar tu Bizum.

626 72 02 08

Por favor, CÓPIALO manualmente, ve a tu aplicación bancaria (o la App de Bizum) y PEGA este número para realizar tu donación.