lunes 15 junio, 2026

Emigración y sociedad

Los conflictos sociales tradicionales en los países, que enfrentaban a los colectivos, clases o grupos de personas con el Estado o con los más poderosos, están cambiando de forma acelerada. En los últimos tiempos, cierto estupor alcanza al observador que cada día se siente sorprendido por fuertes movilizaciones, no exentas de violencia, a causa de la victoria en la Champions League del club parisino PSG y protestas masivas especialmente violentas en Belfast, consecuencia de un asesinato de un ciudadano por un asilado de nacionalidad sudanesa.

La extrema derecha, especialmente por medio de Tommy Robinson y el tecnoligarca Elon Musk, parece aprovechar estas circunstancias. Lo constatamos si seguimos los acontecimientos del Reino Unido, donde los dirigentes contrarios al actual primer ministro Starmer, como Nigel Farage, azuzan las protestas, cargando las tintas sobre la emigración. En el Reino Unido las protestas han sido especialmente numerosas desde el asesinato en diciembre del estudiante Henry Nowak a manos de un joven sij. Precisamente, los movimientos de población que se están produciendo en los últimos años, como en otros momentos de la historia, parecen constituir la base de estas circunstancias, no exentas frecuentemente de violencia.

El asunto migratorio, generalmente un movimiento de los ciudadanos de los países más pobres hacia otros de mayor nivel económico, pero en ocasiones a causa de los conflictos bélicos, genera otro tipo de dificultades en los países de llegada del movimiento migratorio. La actuación del Servicio de control de inmigración y aduanas (ICE) en Estados Unidos ha generado dificultades políticas a la administración Trump a causa de su actuación violenta respecto a inmigrantes.

El gobierno de Trump ha detenido a unos 400.000 inmigrantes durante operaciones de control en el interior del país. Es una tendencia que parece extenderse y que tiene detractores y defensores, no siempre coincidentes con las tradicionales opciones políticas de izquierda y derecha. Un asunto en el centro de los que en estos momentos preocupan y ocupan a la Unión Europea, que está en el proceso de autorización de expulsión a terceros países de inmigrantes ilegales, a pesar de los fracasos del gobierno italiano de Giorgia Meloni. Es un síntoma de la reacción ante una cuestión que toca la fibra sensible tanto del temor de deterioro de servicios públicos sobrecargados como la irrupción de tradiciones, estilos de vida y valores diferentes.

León XIV afirma que hay que acoger a los que tienen necesidad y no excluirles de los derechos ciudadanos. Contradice por una parte a la cada vez más extendida idea entre los partidos de derecha europeos, ahora dominantes, que establecen en sus respectivos países normas limitadoras de derechos y medidas excluyentes. La propia Unión Europea ha establecido muy recientemente medidas que posibilitan el envío de migrantes a otros países, después de ser expulsados de la Unión. De hecho, en uno de sus discursos el Pontífice católico, señaló: “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.

La visita del Papa León XIV a España sugiere multitud de reflexiones que alcanzan al transcurrir de la vida cotidiana y, en especial, a la vida política y administrativa. De entrada podemos afirmar que la llamada al diálogo entre las fuerzas políticas, tan enfrentadas, constituye en sí misma casi una sorpresa, después de años en los que las relaciones entre los dos principales partidos se definen a garrotazos, como escenifica el conocido cuadro atribuido a Goya. Los duelos a garrotazos suelen terminar mal para ambos contendientes.

Otra de las ideas que el Papa ha expuesto se refiere a la defensa del multilateralismo, esencial para la pervivencia de la paz internacional durante casi un siglo y menospreciado actualmente por la administración Trump. Como está demostrando el actual conflicto de Irán y la desatada actividad guerrera de Netanyahu, son necesarias instituciones internacionales que reúnan a los Estados y establezcan sistemas de convivencia y procedimientos que solucionen o intenten solucionar conflictos internacionales. La presencia de los cascos azules en el Líbano, con un fuerte contingente de militares europeos (italianos, franceses y españoles), donde han cumplido una labor importante de mediación y solución de conflictos, se muestra ahora como un obstáculo a la labor de ocupación de las tropas israelíes.

En buena medida, las democracias han fracasado en la gestión de los flujos migratorios por las llegadas irregulares y la incapacidad de deportar a quienes no tienen derecho. La continuación de este y otros fracasos del sistema genera tentaciones autoritarias que pueden vislumbrarse estudiando los resultados electorales de los últimos años. Los sistemas democráticos deben inevitablemente adoptar soluciones y normas comunes para mejorar la gestión de los procesos migratorios, que en buena medida son inevitables.

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