lunes 8 junio, 2026

¿Se ha hecho la Iglesia socialdemócrata?

La reciente encíclica del Papa León XIV, Magnífica Humanidad, rompe todos los moldes de lo que ha sido históricamente la posición de la Iglesia Católica, por un lado ante los avances científicos y, por otro, ante el autoritarismo. En ella admite que la inteligencia artificial puede ser beneficiosa para la humanidad, pero advierte de que su control está en muy pocas manos y de que de ello se derivan graves peligros para el libre albedrío de la especie humana.

Empezando por el asesinato de Hipatia de Alejandría, matemática y astrónoma del siglo V d.C., y la destrucción de los últimos vestigios de la famosa Biblioteca, instigados por los obispos cristianos Teófilo y Cirilo en su batalla contra lo que ellos consideraban saberes paganos, la Iglesia no ha dejado de mostrarse reaccionaria ante cualquier descubrimiento o teoría que pusiera en cuestión la Biblia.

Ya en el siglo XVI, el cosmólogo, filósofo y matemático italiano Giordano Bruno fue quemado en la hoguera  por la Inquisición acusado de herejía, por haber afirmado que el Sol era una estrella más. Un poco después, su paisano Galileo se salvó de milagro del mismo fin por defender él también la teoría heliocéntrica, pero no escapó de ser procesado por el Santo Oficio en 1633 y obligado a abjurar públicamente de sus afirmaciones.

El libro de Charles Darwin El Origen de las Especies (1859) causó un gran revuelo tanto en la Iglesia Calólica como en la Protestante, pues contenía la teoría de la evolución, una de cuyas consecuencias es que el hombre comparte ancestros con el mono. Esta vez no hubo hoguera pero sí muchos pronunciamientos contrarios de sínodos episcopales.

En el aspecto político, la Iglesia se ha situado siempre al lado del poder y, con mucha frecuencia, ha colaborado en guerras y masacres en defensa de su posición de privilegio. Dejando de lado la guerra de religión europea llamada de los Treinta Años (siglo XVII) entre católicos y protestantes, tenemos una masacre tal vez olvidada, ordenada por un Papa (Inocencio III): la de los cátaros del sur de Francia en el siglo XIII. El objetivo oficial era liquidar una herejía, pero también que el rey de Francia se hiciera con las ricas tierras de Occitania.

En España, la Inquisición —rebautizada como Juntas de Fé— funcionó a toda máquina en el segundo reinado de Fernando VII condenando liberales, que luego eran fusilados por el poder político. Y, en nuestra historia reciente, tenemos el indigno apoyo de la Iglesia Católica al golpe de estado del general Franco y su estrecha colaboración con la dictadura tras la guerra civil.

Sin embargo, esta vez parece distinto. El Papa emplea en su encíclica el término “tecnofascismo” para referirse al dominio que unos pocos oligarcas tecnológicos pretenden ejercer sobre la humanidad a través de su control sobre la inteligencia artificial y las redes sociales. Alerta de que quienes controlan la IA pueden imponer su visión moral a la sociedad y hacer que desaparezcan testimonios históricos molestos como podrían ser el Holocausto o las dos guerras mundiales. También advierte de su impacto negativo en el mundo laboral, de la educación y en el medio ambiente. Y, muy en particular, condena su uso como arma de guerra.

Hace un llamamiento a “desarmar la IA”, entendiendo por tal romper el vínculo entre el dominio tecnológico y el dominio político. No se opone al progreso científico sino al uso del mismo para oprimir a la humanidad. En ese sentido, llega a comparar la IA con la bomba atómica. Pide sustraerla a los monopolios y hacerla refutable y humana. ¿No es esto un programa socialdemócrata o, como mínimo, progresista?

Abona esta impresión las citas contenidas en la propia encíclica: a Martin Luther King, a Hannah Arendt y a la denuncia contra la barabrie del Guernica de Picasso. También, su petición de un trato humano a los inmigrantes y la condena de los casos de pederastia y abuso sexual habidos en el seno de la Iglesia.

Es toda una llamada de atención contra la deshumanización de los tiempos actuales y el regreso del autoritarismo, de la mano, esta vez, de una minoría ultrarrica y ultratecnificada. No es poco para los tradicionales estándares de la Iglesia, considerando además que se trata de un Papa estadounidense, con lo que su encíclica supone un choque frontal contra Donald Trump, el máximo impulsor de la ola autoritariaque nos amenaza. Añade credibilidad a su alegato el hecho de que el Papa sea licenciado en Matemáticas, es decir, cuando habla de la IA, sabe de lo que habla.

Bienvenido sea este Papa progresista porque el momento actual requiere de todas las manos y de todas las voces.

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