Javier Varela
Se atribuye a Franklin D. Roosevelt una frase dirigida a Tacho Somoza, dictador de Nicaragua: “Es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”. Creo que lo mismo cabe decir de Pedro Sánchez, su grupo parlamentario y su partido, absteniéndose, demostrando desvío y casi hostilidad hacia la figura de Corina Machado, y una correlativa aquiescencia al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro.
Esa complicidad con el régimen Venezolano no es nueva. Felipe González mantuvo una estrecha relación con Carlos Andrés Pérez, el dirigente Adeco. Pero CAP era un demócrata y sus errores -los de la represión del «caracazo» en 1989- no fueron los de un liberticida. Cosa distinta fueron las amistades de José Bono, entonces ministro de Defensa, empeñado en venderle material militar -fragatas más en concreto- a Hugo Chávez, y los del embajador Raúl Morodo -procedente del PSP, como Bono-, beneficiario al parecer de las generosidades de Chávez y de la estatal petrolera PDVSA. Esas relaciones «non sanctas» continuaron con Zapatero. Una vez que el país se dividió entre chavistas y antichavistas, a medida que el régimen populista del comandante se deslizaba hacia la dictadura y el país marchaba hacia la ruina, el expresidente se presentó como mediador entre ambas parcialidades, como si fueran equivalentes los amigos y los enemigos de la libertad. Un mediador demediado, un mediador de parte, no aceptado por la oposición que, en realidad, acabó por convertirse en un propagandista del post chavismo, en una incómoda postura, incompatible con la dignidad de un ex presidente de gobierno.
La izquierda, toda ella, se ha beneficiado de las liberalidades de la dictadura venezolana. A mí que no me digan que las aficiones y querencias podemitas al chavismo, las de Monedero e Iglesias, son desinteresadas. Tanto como las del embajador Morodo.
El gobierno de Pedro Sánchez ha mostrado su tibieza, por no decir indiferencia, ante la lucha por la democracia en Venezuela. Tibieza ante el resultado abrumador de las últimas elecciones fraudulentas, las de julio de 2024. Los socialistas se negaron a aplaudir en el congreso, como ahora, con varios exiliados presentes, declarando por boca de Cristina Narbona, presidenta del partido, que la negativa a apoyar a Edmundo González, no era la varita mágica que hará caer a Maduro. ¡Pues claro! Era una medida simbólica, y política también, porque contribuía a poner al dictadorzuelo de Venezuela al margen de los países civilizados.
Otro detalle es la falta de interés ante los turistas españoles apresados dizque por terroristas. Estos no deben de tener la misma importancia que los participantes en la grotesca farsa de la flotilla hacia Palestina. Indolencia, desgana, abulia también en apoyar las sanciones ampliadas por la UE al régimen venezolano, Albares reiteró entonces que «lo que nosotros queremos es una solución dialogada, una solución política que haga avanzar la democracia en Venezuela». Para ello, insistió en que el Ejecutivo español aboga por «una solución genuinamente venezolana y por supuesto pacífica». Eso se llama escurrir el bulto. Apelar al diálogo entre desiguales, al modo zapateril, entre los carceleros y los presos políticos es, sin duda, colocarse del lado de los verdugos, apoyar a los que tienen la sartén por el mango. Con el mazo dando, se llama el programa de Diosdado Cabello. ministro de lo Interior en la actualidad, en el que se dedica a denigrar y a insultar de forma zafia a los disidentes.
Zapatero es ahora muñidor y hombre para todo del gobierno de Sánchez, artífice destacado de la política exterior española, especialmente con Venezuela. El actual embajador, Álvaro Albacete antiguo jefe de gabinete de Urtasun, ministro de SUMAR, ha sido elegido para contentar a Maduro. Su escasa trayectoria diplomática, además, ha estado vinculada a organismos defensores de la llamada Alianza de Civilizaciones, tan cara a Zapatero, el Centro de Diálogo Interreligioso e Intercultural Rey Abdalá bin Abdulaziz. ¿Recibirá instrucciones del ministro del ramo o de Zapatero? Hagan sus apuestas.
Lo último de esta historia siniestra, la historia del apoyo de un antiguo partido socialdemócrata a una tiranía abyecta ha venido dada otra vez por el silencio. ¡Qué ocasión mejor para celebrar el premio Nobel de la Paz otorgado a una valiente luchadora como Corina Machado! Su propósito declarado es el de restaurar las libertades perdidas, y ello le ha costado el vivir perseguida, oculta en la clandestinidad. Pero no. El grupo socialista ha dado la callada por respuesta, al no acompañar el aplauso reclamado por el PP en el Congreso. ¿Estarían equivocados los noruegos que le atribuyeron el Premio Nobel? ¿Será la señora Machado una golpista que trata de derrocar a las bravas al sucesor de Hugo Chávez? ¿Una agente de imperialismo? Eso han sugerido los socios parlamentarios de Sánchez. Pero ni ellos deben de creerse esa historia. La dictadura venezolana no tiene vuelta de hoja, con su mediocre líder al frente, tan semejante a un personaje de culebrón. Solamente un imbécil puede creerse eso del golpismo de quien sufre los golpes en pleno rostro. La fuerza militar está del lado chavista, ocupando ministerios, gobernadurías regionales y otros puestos clave que han llegado a incluir a PDVSA, la vaca lechera del régimen. El chavismo ha sido, desde su fundación, un régimen mitad civil y mitad gorila, y esto último de manera creciente.
Tampoco hay que descartar esta posibilidad: la de que buena parte de la bancada socialista y sus afines sean idiotas. Si no tontos de remate, gente sin criterio propio, tipos vacíos de mente, sin oficio ni beneficio, genuflexos dicen en México. Muy pocos deben conocer Venezuela; una nación que ofrece una belleza deslumbrante, en contrate con un gobierno despótico, de una incompetencia inaudita. Y cuando allí viajan, como Zapatero, viven entre las zalamerías oficiales, traídos y llevados. alojados en la embajada o en el mejor hotel de la capital. ¿Habrán presenciado alguna vez la distribución gratuita de alimentos, las llamadas bolsas CLAP, una suerte de mendicidad subvencionada? ¿Habrán hecho cola en las gasolineras? ¿Habrán padecido los apagones repetidos? ¿Tendrán algún familiar preso o en la emigración? ¿Les sonara el nombre de Petare, el de las barriadas de miseria que gravitan sobre el valle de Caracas? ¿Habrán pasado por Las Mercedes, barrio abarrotado de gente guapa, montada en carros de película, con un policía en cada esquina, donde los nuevos burgueses manifiestan las ganas de vivir y de seguir robando? ¿Les habrán amenazado, o sufrido el acoso o la extorsión de la policía? ¿Sentirán el miedo diario a ser asaltado para robarte a punta de pistola el teléfono? La noche de las ciudades de Venezuela pertenece a los “malandros”. Seguro que no.
Me inclino más bien por otra hipótesis: la del sectarismo redomado; el propósito de no coincidir con la derecha, siquiera sea para apoyar a una causa noble, la de los que reivindican la democracia en Venezuela. ¡Allá se lo hayan, con su pan se lo coman! A partir de este momento, les invito a dejar de llamar sanchista al PSOE, diferenciando al personaje, al jefe adorado y temido, de la organización que lo sigue a ciegas. La complicidad con el ridículo déspota caribeño, la miseria política que eso conlleva les afecta a todos. Da igual que enarbolen con entusiasmo la enseña palestina. La libertad y la decencia no son divisibles por continentes o por naciones. Nicolás Maduro viene a ser el hijo de puta de Zapatero, Sánchez e Iglesias, lo que Somoza era para los gringos.
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