miércoles 10 junio, 2026

Una censura necesaria

Es el momento de presentar en el parlamento una moción de censura. No valen subterfugios del estilo » los números no dan». El PNV ha reclamado el final de una legislatura imposible. Una mayoría parlamentaria discorde, una coalición negativa, arbitraria desde su principio de la que fue, por cierto, artífice principalísimo. Ese pronunciamiento de un partido pudiera garantizar al menos su abstención. Pero nada es seguro viniendo de donde viene, gentes que fueron de palabra, pero decidieron sustituirla por el oportunismo. Y aunque no dieran los números. El líder del PP debe sacudirse su pereza, el temor a un debate a vida o muerte, en el que Sánchez, como de costumbre, usará la mala fe de amalgamar a la derecha liberal con la derecha identitaria.

El PP no puede seguir siendo un partido gobernado por timoratos. Su dontancredismo le regaló a Pedro Sánchez, hace tres años, la presidencia del gobierno. Dicen en el PP que tienen un termómetro para medir la actitud de los socios del gobierno socialista. Una moción aquí. una conversación allá y a ver lo que resulta. Poco a poco y con prudencia. Tranquilidad, reclama Feijóo, apóstol del dontancredismo. La derecha española, su principal formación, está gobernada por abogados, mejor dicho, por licenciados en derecho. Políticos profesionales que apenas conocen otra profesión que no sea la de los cargos públicos y comités. Empezaron muchos en Nuevas Generaciones y allí parecen seguir, ya mayorcitos, sin estrenarse. Un backround deficiente para conocer las aspiraciones y movimientos de la sociedad civil. Acaso sea este un achaque del conjunto de la clase política española: su alejamiento de la sociedad, siempre rodeados de conmilitones y periodistas.

 Don Tancredo fue un personaje célebre a principios del siglo XX, Era el hombre que, colocado en el centro de la plaza de toros, frente a la puerta de chiqueros, pintado de blanco y como disfrazado de estatura, desafiaba al toro con su inmovilidad.

Allí está don Tancredo

Subido en su pedestal

José Bergamín dedicó un ensayo a don Tancredo. Creía Bergamín, como Pérez de Ayala, que la fiesta de toros era un símbolo de la política española. La extravagante figura de la estatua humana representaba el conservadurismo inmóvil. Ahora tenemos a un grupo de licenciados dontancredistas que tienen un termómetro para medir, con pausa, las actitudes ajenas; un grupo que reta al PNV para que acompase sus palabras a los hechos, sin darse cuenta de que el reto lo tienen en casa, que son ellos los llamados a tomar una decisión, anticipándose incluso a la actitud del resto de partidos.

Es el momento de mostrar de qué lado está la superioridad moral susceptible de amparar y justificar un cambio de gobierno. Esa superioridad de la que tanto ha alardeado una izquierda menguante. El propósito de la moción, de ganarla, sería formar un gobierno de gestión que llamara a las urnas a los españoles en un plazo breve. La estrategia de desgaste que ha seguido hasta la fecha el PP, elección tras elección, la estrategia dontancredista, ha de terminar. Hay que tener el valor de arriesgar, bajándose del pedestal. En la política hay ocasiones en que se hace necesario conciliar la responsabilidad con la audacia. El descrédito del Partido Socialista es abrumador, la ceguera culpable, la obcecación en la que viven sus dirigentes y buena parte de su militancia los sitúan al margen de la realidad; a ello se une la amenaza de algunos de sus portavoces y ministros -el energúmeno Puente, por ejemplo-, de echarse al monte cuestionando el Estado de Derecho. Todo ello es susceptible de provocar una situación peligrosa, de máxima inestabilidad para la democracia española, de auténtica putrefacción, un riesgo que no debemos correr. No se puede contemplar la agonía e impotencia de un gobierno con pasividad y estolidez dontancredista, dejando pasar su cadáver ante nuestros ojos. Es urgente el cambio de gobierno. Conviene la presentación de la moción de censura. Cuanto antes, mejor.

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