CON QUEVEDO GONZANDO DE ALMORZAR POR CIUDAD REAL
Hambre, sátira y cuchara en el Campo de Montiel
“Mosquitos de los sorbos finos,
que mueren por beber donde me ahogo…”
—Francisco de Quevedo
Si hubo un escritor español que comprendió que la comida es política del estómago y poesía de la necesidad, ese fue Francisco de Quevedo (1580-1645). Señor del mayorazgo de la Torre de Juan Abad, desterrado de la Corte, encarcelado en San Marcos de León, diplomático ocasional y espía del emperador, satírico implacable y poeta del desengaño, Quevedo pasó años decisivos de su vida en el Campo de Montiel, entre Villanueva de los Infantes, Torre de Juan Abad y caminos hoy intactos.
En sus versos y en El Buscón la comida aparece como símbolo de dignidad o de miseria: pucheros flacos, pan duro, tabernas sospechosas y vinos que prometen consuelo cuando todo falla.
Con ese Quevedo, aún avinagrado y con la pluma detrás de la oreja, recorremos hoy seis restaurantes pertenecientes a la red Raíz Culinaria en Ciudad Real y su provincia, trazando una ruta donde la cocina actual dialoga con el Monte, la Mancha y la ironía barroca.
Si yo, Francisco de Quevedo y Villegas, hijo del Siglo de Oro y pecador de todos los días, pudiera alzarme por un instante del silencio eterno donde reposo, lo primero que pediría sería papel, tinta… y un buen plato humeante. Que no hay resurrección sin vianda que la sostenga.
Nací en Madrid, entre libros, pleitos y travesuras, y desde mozo me gané fama de lengua rápida y pluma más afilada que un verduguillo. Serví a reyes —a veces por gusto, otras por desgracia—, desafié a poderosos, me enemisté con poetas de verso blando y honra dudosa, y recorrí España dejando sonetos y enemigos allá donde mi sombra se posaba demasiado tiempo.
Entre embajadas, impulsos satíricos y disgustos políticos, hallé mi rincón manchego: la Torre de Juan Abad, lugar que heredé y del que fui señor, aunque más señor de sus soledades que de sus rentas. Allí pasé largas temporadas, unas porque la vida me llevaba, otras porque mis detractores me empujaban. Que mis sátiras, tan certeras como una espada bien templada, irritaban llagas y orgullos de hombres que no sabían reírse de sí mismos. Por ellas conocí el destierro… y hasta la cárcel. Y, aun así, siempre regresé a mi Torre, donde el viento manchego limpia el alma y la obliga a decir verdades sin disfraz.
Morí en Villanueva de los Infantes en el año del Señor de 1645, cansado ya de tanta intriga, tanta ingratitud y tanto estómago vacío entre los menesterosos del reino. Dicen los médicos que expiré por achaques del cuerpo; yo digo que fue por falta de un buen caldo, porque en mis últimos días solo me consoló el recuerdo de las ollas bien provistas que en La Mancha se guisan despacio, con paciencia y sustancia.
De mi vida guardo anécdotas suficientes para llenar un arca y que me gustaría contaros. Una vez, en palacio, un cortesano engolado criticó la rusticidad de los manchegos. Yo, que soy corto en paciencia, le respondí: “Señor, si vuestra merced conociera el sabor de un queso bien hecho o de un vino honrado, pediría destierro allí por pura dicha.” No volvió a dirigirme la palabra, pero tampoco volvió a comer sin pensar en mis palabras, según supe por boca de otros hambrientos.
Y es que siempre entendí la comida como espejo del mundo: en la mesa se ve el exceso y se reconoce la miseria, se brinda con vino y se maldice el hambre, se ríe uno entre amigos y se llora en soledad. La comida es sátira, consuelo y revelación. Es un poema servido en barro.
Por eso, desde este más allá donde reposo —que no está mal, pero carece de pisto, migas y gachas— he decidido regresar por unas horas para acompañaros, lectores vivos y con apetito, en una ruta por los restaurantes de Ciudad Real, aquellos que guardan la raíz culinaria de esta tierra recia y generosa. Quiero recorrer con vosotros sus mesas, escuchar crepitar las sartenes, oler los caldos y juzgar, con la ironía de siempre y la cuchara bien afilada, si mantienen la dignidad de los antiguos fogones.
Seguidme, pues. Yo pongo la pluma; vosotros, el hambre, ja, ja…
Que en esta tierra donde fui señor y desterrado, donde escribí, reñí, amé y padecí, aún late —en cada plato honrado— la verdad que tanto perseguí:
“La verdad sencilla y honda de la buena comida”
Y creedme: si algo merece la pena volver del más allá a este mundo más convulso y lleno de contiendas sin florete, es esto.
1. HOTEL-RESTAURANTE COTO DE QUEVEDO
Torre de Juan Abad — El señor en su señorío
📍 Dirección: Paraje Tejeras Viejas s/n, 13344 Torre de Juan Abad
🌐 Web: https://www.hotelcotodequevedo.com
En pleno territorio del antiguo señorío de Quevedo, se alza hoy este templo de la cocina cinegética manchega. El chef José Antonio Medina ha convertido la memoria del monte en técnica depurada: escabeches finos, fondos oscuros, carnes nobles tratadas con respeto absoluto.
Quevedo entra, mira la sala con paredes de piedra:
—Aquí el monte ha aprendido gramática. En mi tiempo, la caza se guisaba para matar el frío; hoy se cocina para vencer al olvido.
Qué pedir:
Entrantes
- Escabeche de perdiz o codorniz.
- Cremas o consomés de setas de temporada.
- Platos de trufa del Campo de Montiel.
Principales
- Ciervo estofado con frutos silvestres.
- Jabalí en civet o gamo braseado, estrella del restaurante.
Postre
- Manzana asada especiada.
- Dulces lácteos manchegos reinterpretados.
Vino
- D.O. Valdepeñas crianza.
- Ensamblajes de D.O. La Mancha para las carnes de monte.
—Poderoso caballero será el dinero…
mas hoy yo me inclino ante este estofado de ciervo que nos hemos comido.

Villarrubia de los Ojos — La llanura infinita
📍 Camino San Cristóbal, 13670 Villarrubia de los Ojos
🌐 http://www.elmiradordelamancha.com
Restaurante panorámico galardonado en certámenes nacionales de cocina popular. Aquí el recetario manchego se presenta sin complejos: fuego, aceite y oficio.
Quevedo contempla el horizonte:
—La Mancha no necesita exageraciones: es hipérbole por sí misma.
Qué pedir:
Entrantes
- Migas manchegas con huevo y uvas.
- Queso manchego curado con AOVE.
Principales
- Pisto manchego con huevo.
- Cordero asado al horno.
- Gachas estacionales.
Postre
- Natillas caseras.
- Tarta de queso manchego.
Vino
- Tempranillo joven de D.O. La Mancha.
- Airén bien fría para los entrantes.
—La vista abre el apetito; las migas lo consuelan. Ya quisiera probarlas el culteranista venido a menos de Góngora.

3. LA ZARANDA
Ciudad Real capital — Monte moderno
📍 Calle Dulcinea del Toboso 2, 13001 Ciudad Real
Especialista en cocina de caza creativa, galardonado en múltiples concursos gastronómicos. Aquí el campo entra vestido de ciudad.
—Cuando el venado se sirve con miel y vino — nos dice Quevedo— deja de ser bestia para convertirse en ministro. De los de antaño…añado yo.
Qué pedir:
Entrantes
- Ensalada templada de pera, queso azul y nueces.
- Tapas de caza: tartar o tataki de ciervo.
Principales
- Solomillo con reducción de vino tinto y setas.
- Secreto ibérico confitado al coñac.
- Ciervo en temporada.
Postre
- Coulant o tarta fina de queso.
Vino
- Tintos de Valdepeñas potentes.
- Syrah de La Mancha.

Alcázar de San Juan — Cárcel deliciosa
📍 Avenida de la Constitución, 62, 13600 Alcázar de San Juan
Un restaurante que combina cocina manchega moderna con sorprendentes guiños japoneses.
Quevedo se ríe al entrar:
—Yo que estuve preso de verdad puedo decir que: esta cárcel es condena muy dulce.
Qué pedir:
Entrantes
- Sushi de temporada.
- Croquetas caseras.
Principales
- Lubina a la sal, servicio en mesa.
- Entrecot de vaca madurada.
Postre
- Tarta de queso.
- Coulant caliente.
Vino
- Blanco Airén de La Mancha para el pescado.
- Valdepeñas crianza para la carne.

5. LA RABIOSA
Alcázar de San Juan — Mancha rebelde
📍 Calle Emilia Pardo Bazán, 2, 13600 Alcázar
🌐 https://larabiosa.eatbu.com
Taberna contemporánea que recupera el barro, la cuchara y el vino: cocina de territorio con alma joven.
—Una olla es una trinchera contra el mundo —debí escribir alguna vez y si no ahora lo hago.
Qué pedir:
Entrantes
- Ensaladas templadas de huerta.
- Embutidos tradicionales.
Principales
- Carrilleras al vino.
- Guisos de cerdo o ternera.
- Lentejas o garbanzos reinterpretados.
Postre
- Dulces de miel, almendra o queso.
Vino
- Tinto joven D.O. La Mancha.

Ciudad Real capital — Brasa sin retórica
📍 Calle Montiel s/n, 13004 Ciudad Real
🌐 https://www.asadorsanhuberto.es
Institución ciudadrealeña con más de treinta años de oficio, centrada en asados de horno de leña y pescados del día.
Quevedo inspecciona el horno:
—Si todo conspirase con esta honestidad, sobrarían sermones.
Qué pedir:
Entrantes
- Milhojas de bacalao.
- Verduritas salteadas al foie.
- Pulpo a la gallega.
Principales
- Paletilla de cordero lechal asada.
- Cochinillo crujiente.
- Rodaballo a la brasa cuando entra de mercado.
Postre
- Torrijas.
- Tarta casera.
Vino
- Crianzas clásicos de Valdepeñas.
- Garnachas de La Mancha.

RECETA QUEVEDIANA QUE VALE UN POTOSÍ

Caldereta del Campo de Montiel
Ingredientes
- 1 kg de cordero en trozos
- 2 cebollas
- 4 ajos
- 1 pimiento rojo
- 400 g tomate triturado
- 200 ml vino tinto D.O. Valdepeñas
- Tomillo, laurel, pimentón
- AOVE, sal y pimienta
Elaboración
- Dorar el cordero y reservar.
- Sofreír cebolla, ajo y pimiento.
- Añadir tomate y pimentón.
- Volver a incorporar la carne.
- Regar con vino y evaporar alcohol.
- Cubrir con agua o caldo y cocer 50 minutos hasta melosidad.
Servir con pan de pueblo.
—Esto no es receta:
es patria de cuchara.
Quevedo, nos deja amigos, se aleja por los caminos del Campo de Montiel, cantando a gritos altisonantes producto del cargamento de vino que lleva encima.
—Yo combatí necedades con tinta,
vosotros lo hacéis con cuchara.
En ambos casos, que no falte vino.
Y se pierde entre olivos, dejando un eco:
“Vivo sin vivir en mí,
que muero porque no ceno, ja, ja,ja.”
LECTURAS RECOMENDADAS
Sobre Quevedo
- Francisco de Quevedo – Poesía completa (Editorial Cátedra).
- Quevedo – El Buscón.
- Quevedo – Sueños y discursos.
Biografía
- José Manuel Blecua – Quevedo: vida y poesía.
- Real Academia de la Historia — Biografía digital de Quevedo.
Gastronomía histórica
- María Ángeles Pérez Samper – Comer y beber en la España del Siglo de Oro.
- HistoriaCocina.com — Alimentación en el Barroco.
- La Rioja Degusta — “Comida y bebida en Quevedo”.


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