Autor: Raízculinaria Junta de Castilla La Mancha

«Me llamaron señora por nacimiento,pero tuve que ganarme cada ladrillo de mi linaje.» Si alguien puede reivindicar Guadalajara como tierra de mujeres que mandan desde la inteligencia, esa es Mencía de Mendoza y Figueroa (c. 1421–1500). Nacida en Guadalajara, primogénita del marqués de Santillana, hija de poetas y hermana de cardenales, creció rodeada de libros, escudos y obras en construcción. La historia la recuerda como condesa de Haro, mujer de “muy gran autoridad”, capaz de refundar un linaje a través de su patronazgo artístico: capillas, sepulcros, encargos escultóricos en Burgos, fundaciones religiosas que aseguraran memoria y poder para su casa.…

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CON QUEVEDO GONZANDO DE ALMORZAR POR CIUDAD REAL Hambre, sátira y cuchara en el Campo de Montiel “Mosquitos de los sorbos finos,que mueren por beber donde me ahogo…”—Francisco de Quevedo Si hubo un escritor español que comprendió que la comida es política del estómago y poesía de la necesidad, ese fue Francisco de Quevedo (1580-1645). Señor del mayorazgo de la Torre de Juan Abad, desterrado de la Corte, encarcelado en San Marcos de León, diplomático ocasional y espía del emperador, satírico implacable y poeta del desengaño, Quevedo pasó años decisivos de su vida en el Campo de Montiel, entre Villanueva…

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Dicen que uno es de donde hizo la mili o de donde pasó hambre. Yo, que ni lo uno ni lo otro, soy de Albacete, bueno fui pero eso es un detalle menor. En mi tierra lo que se pasa es frío, y mucho, y lo que se come son migas ruleras, ajo mataero y demás profundidades gastronómicas de las que procure hablar siempre que me dejaban, porque a mí la metafísica me interesa, pero con pan al lado. Así que permítanme que hoy les guíe —desde este surruralismo que inventé para explicar que la realidad puede estar retorcida y…

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Yo soy Garcilaso de la Vega, toledano y soldado del emperador, condenado a morir en Niza y a vivir para siempre en unos cuantos versos. Entre “las armas del sangriento Marte” y la pluma que me salvaba del tedio, nunca sospeché que siglos después me llamaríais para una misión más alta: escoltaros por las mesas de mi ciudad y de mi reino. Si entonces hurtaba tiempo “tomando ora la espada, ora la pluma”, hoy me permito cambiar la espada por el tenedor. Y el campo de batalla por el mantel. Vamos, que amanece sobre el Tajo y el hambre no…

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Con la respiración, el gesto y la retranca del viejo José Luis Coll Si algo tenía José Luis Coll era que nunca corría. Lo hacía todo a su paso: lento cuando convenía, irónico cuando tocaba, callado cuando no había que estropear la vista. De modo que, cuando uno vuelve a Cuenca, a su Cuenca, no es extraño imaginárselo bajando por la calle San Pedro con las manos en los bolsillos, murmurando algo como: —El problema de esta ciudad es que siempre te espera. Aunque no vengas, te espera igual. Y esta vez, como tantas, lo hacía para sentarse a la…

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Crónica gastronómica de La Alcarria con raíces culinarias I. De Madrid a la Meseta: El Caballero y su Morral Camilo José Cela, figura insigne de nuestras letras, Premio Nobel de Literatura y Marqués de Iria Flavia, decidió un día de 1946, cual Alonso Quijano que abandona los libros y la pluma por las llanuras manchegas, trocar la pompa y el boato de la capital por la polvareda y la veracidad de los caminos alcarreños. Mas, a diferencia de Don Quijote, que se hizo caballero, Don Camilo se hizo caminante. Se ajustó el morral y se lanzó a pie, al…

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¡Oh, curioso lector y amante del buen comer! Si en otro lugar y tiempo fue el Rey Leovigildo quien guio nuestros pasos por los fogones de Toledo, hoy es necesario que sean tres figuras inmortales, nacidas del ingenio de un tal Miguel de Cervantes Saavedra, quienes nos lleven de la mano por los mesones y ventas de la noble tierra de Ciudad Real, esencia manchega. Porque, ¿acaso hay mejor guía para estas llanuras que el propio Caballero de la Triste Figura, su escudero de proverbial y rural sabiduría y la dama que habitaba en cada suspiro de nuestro hidalgo? Permíteme…

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Si alguien en la península ibérica puede reclamar haber sido el primer europeo que entendió la política como un arte de mesa —y no solo de espada—, ese fue Leovigildo, rey de los visigodos, monarca de hierro con alma de gastrónomo antes de que existiera el término. Reinó en el siglo VI, cuando los mapas se trazaban con lanza y los reyes aún creían que los pueblos se conquistaban por hambre o por fe; él lo intentó también por estómago. Leovigildo fue un hombre de su tiempo y, a ratos, de otros muy posteriores. Su retrato ideal sería el de…

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