Diana Morant, una ministra más del montón sanchista, desprecia a todos los que se esfuerzan por estudiar y aprender y a los que para acceder a la función pública y servir al Estado, a los españoles, muestran sus títulos honestamente conseguidos. Morant prefiere la hoja de servicios a los títulos que capacitan. Pues mentir en la hoja de servicios no debiera de ser aceptable a pesar del aval de Morant, faro oficialista del sanchismo valenciano, pero, el sanchismo no es socialismo.
Da pena ver a aquellos que se apuntaron al sanchismo, conscientes o engañados, y siguen aferrados al mismo aportándole su apoyo y votos a veces con cualquier pretexto más que nada para hacerse perdonar. El daño del sanchismo al socialismo hasta puede ser irrecuperable.
Flaco favor le hace Morant a los socialistas que se comportan honradamente. Esperemos que no sea porque vayan menguando. Sánchez nos miente con facilidad y reiteración desde que al principio de los tiempos nos dijo que nunca pactaría con Iglesias y Podemos, lo que hizo sin rubor en cuanto pudo, para luego asegurarnos que nunca amnistiaría a los golpistas catalanes y hacerlo finalmente por unos escaños suyos para seguir en su poltrona. El sanchismo se vende a cualquier precio como también se ve cuando pacta con Bildu.
Pinocho tenía una nariz que crecía cuando mentía y Quevedo escribió antes un soneto a un hombre pegado a una nariz. De haber conocido a Pinocho, Quevedo seguramente habría hablado de una “nariz creciente” e igual la hubiera pegado a Sánchez. Si el jefe da el ejemplo, “pues eso” …
Al condonar la autoatribución de títulos inexistentes, o su eventual falsificación, con su elogio exclusivo a la hoja de servicios, no solo los sanchistas avalan a través de Morant el engaño como una práctica aceptable, sino que insultan a todos los que se esfuerzan por estudiar con el dinero ganado honradamente con el sudor de la frente de sus padres, de la propia u obteniendo becas. En realidad, lo socialista sería ofrecer más becas y no mentiras.
La cultura del sanchismo debe ser una del menor esfuerzo acompañada de trampas y de irresponsabilidad. A pesar de ser comunista, Yolanda Díaz comparte el desprecio a la gente preparada para desempeñar los cargos públicos algo que sí se apreciaba entes en el socialismo sin perjuicio de “precursores” como Roldán perseguido y condenado por robar a los españoles, alguien que tampoco tenía los estudios que afirmaba haber realizado. Viejo virus, pero, entonces, hundió a sus correligionarios. Ahora, se explica, se razona, se justifica.
No ha de sorprender, por lo tanto, que Oscar López, un alter ego de Sánchez junto a Oscar Puente, intente con una Secretaria de Estado suya de desvirtuar el sistema de oposiciones para acceder a la función pública. Todos los sindicatos y asociaciones de funcionarios están en contra del proyecto. Las oposiciones tienen sus defectos, pero son el método más garantista para los postulantes y la propia Administración. Debe de ser eso lo que preocupa a Sánchez cuyos estudios universitarios también son cuestionados por la oposición.
Yolanda pretende que una asistenta pueda ser jefa del gobierno español. Con todo el respeto que se merece cualquier trabajador, es preferible tener en La Moncloa a alguien que ha tenido la suerte y la capacidad de estudiar, así como de demostrarlo con una titulación cierta y no inflada con mentiras. Con su demagogia comunista Yolanda demuestra que la primera que no es apta para dirigir un gobierno español es ella. El sanchismo hace estragos en todas partes.
Con Morant el sanchismo favorece la pillería. “No hace falta que estudies”, dirán los progenitores sanchistas a sus retoños, “papá te falsificará el título que más te guste y lo podrás incluir en tu hoja de servicios”. Morant es Ministra de universidades, pero desprecia los títulos que allí dan en lugar de revalorizarlos exigiendo honestidad. Morant también debiera desaparecer del escenario público.
Tampoco reconforta mirar a la derecha. Noelia Núñez, del PP, dimitió por falsificar su currículum. En todos lados cuecen habas. En Badajoz un líder de Vox confiesa que no terminó una carrera y también dimite. Puigdemont tendría asimismo un curriculum falsamente engordado. Como con las cerezas, sacas una y siguen otras cuantiosamente.
Debieran los políticos, todos, que justificar ahora sus currículos empezando por los del Congreso ahora a secas y de ahí para abajo hasta el último concejal. Hemos de desconfiar de todos ellos empezando por el inquilino de La Moncloa. ¡Qué tristeza!
Carlos Miranda, Embajador de España
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