sábado 3 octubre, 2026

Movimientos sociales

En la era de la inteligencia artificial, los movimientos sociales, con amplia y exitosa repercusión electoral, toman caminos relativamente inexplorados y hasta ahora patrimonio de grupos de jóvenes a quienes parecía no interesarles las elecciones, ni siquiera la política considerada en sus coordenadas clásicas. Hoy, en un fenómeno que parece traspasar fronteras, grupos de jóvenes participan de forma constante en movimientos, frecuentemente llamados algaradas por las fuerzas políticas de la derecha tradicional, que logran victorias transformadoras de leyes y de introducción de nuevas formas de convivencia social.

En tres casos al menos, el tema de la vivienda, que ya preocupaba a los jóvenes, parece haber sido uno de los elementos determinantes en los sorprendentes resultados de las contiendas electorales que han tenido lugar en Nueva York y Berlín. Ahora en España, un nuevo movimiento que recuerda al 15-M ha alterado la actividad ciudadana y ha obligado al gobierno a una producción legislativa urgente sobre la vivienda. Cientos de jóvenes han acampado en la Puerta del Sol de Madrid, así como en otras ciudades de España, exigiendo medidas urgentes que faciliten la vivienda de las personas en las grandes ciudades, así como que se proteja a las personas que no puedan hacer frente a los altos alquileres.

En Nueva York, Zohran Mamdani, actual alcalde, considera prioritarias no ya la tradicional perspectiva de género, sino las condiciones materiales de vida de la gente y especialmente la congelación de alquileres. Mamdani, nacido en Uganda, vencedor en las elecciones de 2025, presenta una imagen distinta de la tradicional clase política y en su mensaje y actuación obtienen peso determinante las condiciones de vida de los neoyorquinos. En Alemania, Elif Eralp, hija de inmigrantes turcos, ha ganado en Berlín en la candidatura de Die Linke, prometiendo la congelación del precio de la vivienda, así como establecer límites a las empresas inmobiliarias privadas. La formación Die Linke ganó las elecciones regionales en la capital alemana, con una campaña centrada en la vivienda y medidas como la nacionalización de propiedades en manos de grandes inmobiliarias. La idea de la expropiación a los fondos buitre, que hace muy poco era tabú, se abre ahora paso de Berlín a la Puerta del Sol.

En España, el Sindicato de Inquilinas ha puesto patas arriba la política clásica, incluyendo a la extrema izquierda, y ha obligado al gobierno, tras el desalojo de una anciana de 87 años de su casa en la que había vivido en los últimos 70 años, a aprobar dos decretos-leyes modificando sustantivamente las condiciones de los contratos de arrendamiento de las viviendas. El Papa ha denunciado también el asunto: «¿Cuál es el problema en el sistema que permite que un caso de una anciana, además con discapacidad, sea echada de su casa?».

Resulta obvio que en sociedades en las que parece reinar la abundancia, por comparación con otras situadas en el continente africano, la insatisfacción de buena parte de la juventud, con gran formación incluso universitaria, se extiende por las dificultades habitacionales. Las políticas sociales desarrolladas tras la Segunda Guerra Mundial en Europa han sido progresivamente abandonadas y la política de vivienda, como otras muchas actividades económicas, ha sido entregada al mercado, que en lógica actuación ha abandonado frecuentemente cualquier posición de carácter social, rigiéndose por sus prioridades, en detrimento de las necesidades sociales, frecuentemente olvidadas por los gobernantes. El parque de viviendas públicas ha disminuido en todos los países y consecuentemente los precios de las viviendas han aumentado. En la Unión Europea, el déficit de la vivienda se cifra en diez millones, por lo que objetivamente se trata de un problema prioritario para la mayoría de los gobiernos, que incide especialmente en el malestar de la juventud. Incluso en el Reino Unido, el recién nombrado primer ministro, que no escatima críticas a los resultados del Brexit, ha afirmado que «ya no vamos a contemplar el mercado de la vivienda como un juego de ganadores y perdedores, sino como el bien esencial que todo el mundo necesita para tener una buena vida» (Burnham, 2026).

Las formas de actuación política en relación con temas de trascendente importancia para los ciudadanos parecen estar sufriendo una mutación de calado. Las redes sociales han cambiado profundamente la comunicación, tanto en el ámbito personal como en el político o informativo, y ahora este tipo de acontecimientos de movilización social que simultáneamente inunda todos los canales de comunicación y coloca al ciudadano en primer plano, lleva a pensar tanto en la justedad de las reivindicaciones propuestas como en la crisis de la representación política. Los partidos tradicionales no dirigen la protesta, los sindicatos históricos tampoco. Movimientos de jóvenes, exteriores a las instituciones políticas tradicionales, están en la vanguardia. Habrá que esperar para ver si los representantes políticos tienen capacidad de enarbolar las banderas que pasean hoy los movimientos de jóvenes hasta ahora marginales.

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