Alberto Morate
A Virgilio Piñera
I
Me propongo
solemnizar el verso,
invitar a la palabra
a manifestarse en todo su peso,
a dar luz en las tinieblas,
a erradicar las pestilencias
de las aguas podridas,
a sacarla de su eterna miseria
y que deje de hacer ruido
sin sentido.
Escribir un canto
de rudas melancolías,
de ventanas abiertas
que dejan paso al viento,
pero sin alabanzas que invocan
al desaliento.
Un poema para la poesía
que avanza por la naturaleza,
que viaja por el cuerpo
sin páramos sombríos,
por donde entre la música de la voz,
en exhortación de la belleza.
Poesía para encontrarse
y no para despedirse,
espacio azul inmenso
de secretos de la humanidad
que todos conocemos.
Estallar delirantemente
en un bamboleo frenético
de muertos resucitados
porque nunca perdieron la vida.
Cuando vengan a buscarme
estaré preparado
para habitar el jardín de los sueños.
Mientras tanto, estoy aquí,
con este poema para ser dicho
en medio de un gran silencio,
con un solo de piano a lo lejos.
Mi testamento
será que pasé de largo
dejando un rastro de versos.
II
Hay poemas lamentables,
otros de amor
y algunas fruslerías,
con ‘tequiero’ definitivos
que duran dos días.
Se puede decir que vamos viviendo
en la espera constante,
bueno, digamos,
en sueños dispersos
que parecen bromas colosales.
Y cuando me cuentan
quién es el asesino,
quién dejó a quién,
quién se quedó solo,
quién padeció los más viles tratamientos,
encuentro reminiscencias
de alguien que se parece a mí
siendo radicalmente distintos.
En resumen,
que ya no sabes
si te esperan,
si es otro día,
si Dios no existe
o se hace el sordo.
Virgilio Piñera (Cárdenas; 4 de agosto de 1912-La Habana; 18 de octubre de 1979). Es uno de los autores más importantes de la literatura cubana. Su obra se caracteriza por la exploración de temas como la alienación, el absurdo y la locura a través de un mordaz sentido del humor. Se le considera el creador del teatro moderno cubano y varias de sus obras en distintos géneros integran el canon literario cubano. Sufrió marginación y desprecio por su homosexualidad y su arte trasgresor.
A partir del Congreso de Educación y Cultura de 1971, dejó de ser publicado, y sus libros desaparecieron de librerías y bibliotecas cubanas.
Hasta el momento de su muerte, vivió en el aislamiento; apenas recordado por la prensa cultural y la academia, prácticamente borrado del panorama literario cubano. Subsistió haciendo traducciones. El mismo día de su funeral la Seguridad del Estado registró el apartamento y confiscó varios manuscritos del autor. La última obra publicada en vida de Piñera fue el libro de cuentos El que vino a salvarme (1970), en Buenos Aires. No volvió a ser editado en Cuba hasta 8 años después de fallecido, y su dramaturgia tardó aún más en regresar a la escena. No obstante, parte de su obra es inédita en Cuba.
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