Luis Sánchez Polack, Tip
22 de julio. Cien años de humor, del bueno.
Hoy cumple un siglo la risa.
Hace cien años nació un hombre
que supo llevar la inteligencia
disfrazada de humor
para que la verdad no doliera tanto.
Mi tío Chavo.
Luis Sánchez Polack.
Tip.
Hermano de mi madre.
Santo varón.
Y una gamba, Mauricita.
Caballero de la ironía elegante,
de la ocurrencia limpia,
del ingenio que jamás necesitó herir
para conquistar una carcajada.
Mientras otros hacían ruido,
tú hacías silencio…
y el silencio acababa riéndose contigo.
Con Coll inventaste un idioma
que sólo entendían los inteligentes
y, sin embargo,
lo comprendía hasta un niño.
¡Qué misterio tan fermoso!
Hoy el calendario se viste de frac y chistera.
Cien años.
Y yo imagino que el cielo,
que también necesita reír de vez en cuando,
ha colocado un cartel luminoso:
«Función extraordinaria.
Esta noche actúa Tip.»
Los ángeles tienen descontrolado el aplauso,
San Pedro se pone nervioso por si se le cuela alguien,
y Dios…
Dios procura mantener la compostura, riéndose lo justo.
Pero basta que aparezcas tú,
con esa risa sarcástica,
para que todos terminen riéndose.
Porque el humor,
cuando nace del alma,
es una forma secreta de la bondad.
Y tú fuiste bueno.
Muy bueno. Un santo varón.
De esos hombres que dejan más luz
que sombra;
más memoria
que nostalgia.
Hoy, tío Chavo,
no quiero hablar de ausencia.
Quiero celebrar el privilegio
de que la sangre me lleve hasta ti,
de poder decir con inmenso orgullo:
«Era mi tío.»
Y mientras haya alguien
que sonría al recordar una frase tuya,
un gesto,
una pausa,
una de esas piruetas imposibles de la lógica…
seguirás viviendo.
No han pasado cien años.
También hoy es ayer.
Feliz centenario,
querido tío Chavo.
El humor de España
tiene tu nombre.
Y Tip vive
donde una sonrisa
vence al desaliento;
donde la inteligencia
se quita la chistera;
donde el humor
sigue siendo un acto de necesidad.
Y mi corazón,
además,
tiene tu abrazo, perlanas.
Con todo mi cariño y admiración,
siempre en la risa.
Siempre en la memoria.
Siempre en el recuerdo.
Y vámonos, que es la hora de las bártulas.


