EL ESTIMATORIO DE LA DISCREPANCIA POR EL PROFESOR JUAN JESÚS GONZALEZ
El pasado 15-M se han celebrado las terceras elecciones del nuevo ciclo electoral en Castilla y León, que, a diferencia de las dos primeras, no ha sido una convocatoria adelantada, sino por fin de mandato. A diferencia también de las anteriores, Vox partía de una situación ventajosa, dado que en las elecciones anteriores de 2022 había conseguido rebasar el 17%, lo que lo colocaba en condiciones de superar por primera vez en España la barrera psicológica del 20%, a poco que consiguiera mantener el clímaxfavorable que le había llevado a duplicar su representación en las dos elecciones anteriores y reducir por tanto distancias con el PSOE.
Por su parte, el PSOE no presentó en este caso a un ministro o a alguien comprometido con el sanchismo, sino a un alcalde capitalino de dilatada experiencia procedente de una provincia marcada por la irrupción de una candidatura de la España despoblada en la convocatoria anterior de 2022 (Soria). Esta candidatura (Soria ¡Ya!), que había dado la sorpresa ganando las elecciones en la provincia, había quedado aislada en la región y contaba solo con la complicidad de Aragón Existe, la cual a su vez había quedado igualmente aislada en la provincia de Teruel, lo que la había llevado a perder representación en las elecciones de Aragón de un mes antes. Con esta premisa, nadie mejor que el invicto alcalde de Soria para capitalizar el retroceso de estas candidaturas de la España despoblada. Por otro lado, la campaña socialista estuvo estimulada por la posición del gobierno y de las movilizaciones de la izquierda en contra de la guerra de Irán promovida por EEUU e Israel que se inició en esas mismas fechas. El efecto combinado de ambos factores (retroceso de la España vaciada y movilización pacifista) permitió al PSOE, por un lado, ganar las elecciones en Soria y, por otro, fagocitar las candidaturas a su izquierda (IU y Podemos), consiguiendo así dos diputados adicionales (uno a costa de Soria ¡Ya! y el nuevo escaño que le correspondía a Segovia por aumento de población) con un nivel parecido de votos al que había conseguido Luis Tudanca cuatro años antes (30-31%).
En cuanto al candidato continuista del PP, Fernández Mañueco supo enmendar, por un lado, los errores cometidos en la campaña de 2022 de la mano de Pablo Casado, que facilitaron el ascenso meteórico de Vox, y, por otro, los errores del PP en Aragón, cuando, en un intento de combatir el empuje de Vox con sus propias armas, los estrategas ‘populares’ introdujeron en la campaña ingredientes contraindicados (el periodista Vito Quiles, por ejemplo), propiciando una movilización que se volvió contra el PP. Por contraste, el candidato Mañueco hizo esta vez todo lo posible por enfriar la campaña mostrando un perfil de gestor aburrido y previsible (“Certezas”) en un momento en que la endiablada geopolítica mundial amenazaba de nuevo con turbulencias económicas y tensiones inflacionarias. Como resultado, el PP recuperó la primacía que había perdido en 2019, cuando fue derrotado por el PSOE de Luis Tudanca y salvó el gobierno merced a la decisión de Albert Rivera de aliarse con el PP con independencia de cuál fuese la lista más votada (en contra del criterio de la dirección regional de Cs, partidaria de apoyarla). Como efecto combinado de las torpezas del tándem Mañueco-Casado, por un lado, y de Albert Rivera, por otro, la coalición forzosa del primero con Francisco Igea resultó inviable y las elecciones adelantadas de 2022 solo sirvieron para sustituir a Cs de Igea por el Vox de García-Gallardo, lo que dejó de nuevo al PP en una posición de debilidad y dependencia, que en esta ocasión ha mejorado, pues su distancia del PSOE ha pasado de apenas un punto porcentual (2022) a cuatro puntos (2026), recuperando así parte de su tradicional primacía en la región.
A la hora de explicar este desenlace, conviene hacer dos tipos de consideraciones: unas para explicar que Vox tocase techo justo donde, a primera vista, lo tenía más fácil y otras para explicar la remontada del PP y las razones por las que las transferencias de voto que en 2022 fueron del PP a Vox ahora hayan ido en dirección contraria. Respecto al primer tipo de consideraciones, podemos agruparlas a su vez en dos tipos: la transición entre las dos agendas que ya mencioné en una entrada anterior (“El partido de los pobres”, 12/03/2026) y la hybris, una patología que se ha ido apoderando sucesivamente de los líderes políticos nacidos en los años de la transición y que los ha llevado a distintas formas de suicidio político, ya fuera por narcisismo (Iglesias, Rivera…) o por celos (Casado).
Si nos fijamos en la evolución de Vox, podemos observar la transición desde una agenda dominada por temas de unidad nacional y defensa de la tradición y la familia a una agenda nativista que utiliza la problemática migratoria como banderín de enganche de nuevos votantes, en situación más o menos empobrecida o precarizada que suele ir acompañada de con sentimientos de privación relativa. De esta manera, Vox se ha ido desprendiendo de su perfil moral inicial y adaptándose al perfil de nuevos votantes cuya religiosidad es más bien débil, lo que le ha permitido incluso ser beligerante con la jerarquía eclesiástica en temas como la inmigración, sin que esto tuviera coste electoral. Este giro estratégico ha sido especialmente útil para capitalizar el voto de protesta motivado por la situación política hasta el punto de mantener el suspense sobre sus verdaderas intenciones (recordemos que Vox votó contra la investidura de María Guardiola en vísperas del 15-M), lo que ha podido limitar su potencial de crecimiento, dejándolo por debajo del ansiado 20% y provocando así un problema de gestión de expectativas que se vio agravado por la irrupción de Se Acabó la Fiesta, que le impidió conseguir tres diputados que por ironías del destino fueron a parar al PSOE.
A la vista del “pinchazo”, el sector liberal-conservador de Vox ha aprovechado para reclamar una vuelta a los principios fundacionales, así como un congreso de reflexión sobre el rumbo del partido. La razón última de este pronunciamiento del sector crítico se entiende mejor si tenemos en cuenta que una cosa es la evolución del lepenismo francés a lo largo de décadas que le han permitido ir ajustándose a los cambios y asumiendo los nuevos postulados sin mayor trauma y otra cosa distinta es tratar de hacer otro tanto en pocos años, como ha intentado hacer Abascal, lo cual nos lleva a otro tipo de consideraciones. Pues la mencionada hybris no es más que el delirio de omnipotencia que se apodera de los dirigentes cuando se encuentran con que el partido carece de capacidad orgánica para gestionar las expectativas que ha generado y, en consecuencia, el timonel interpreta que el éxito de la organización es la consecuencia lógica de su carisma personal e intransferible.
Para una cabal comprensión de la manera como se produce este fenómeno el caso de Vox, es preciso tener en cuenta varios imponderables. El primero es que el Comité Ejecutivo Nacional está desactivado e inoperante, debido a la purga o apartamiento que de manera inexplicada han sido objeto algunos de sus miembros. En segundo lugar, Abascal conduce el partido con el respaldo de un círculo informal cuyos vínculos son de carácter más bien mercantil y que adopta la forma de una “trama societaria” (Vox SL”, El Español 22/03/2026). Por último, Vox cuenta con la complicidad de un intelectual orgánico (ISSEP Madrid) que funciona como aparato de propaganda a través de los medios de un conocido empresario de la comunicación. Todo lo cual ha llevado a Abascal a cometer errores de manual como iniciar una purga de disidentes en medio de una campaña electoral, cuando estas cosas suelen dejarse para el verano.
Llegados a este punto, queda por explicar la remontada contra pronóstico del PP en las elecciones de Castilla y León, una cuestión que guarda relación con las elecciones autonómicas andaluzas, tanto las anteriores de 2022 como las de próxima celebración, tema que abordaremos en una próxima entrega.
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