Leo en La Discrepancia (https://ladiscrepancia.com/reactiva-el-miedo-se-ha-acabado/) un artículo firmado por Laura López sobre la aparición en el seno del PSOE de un… no sé cómo llamarlo ¿grupo organizado de militantes?, en fin, lo de menos es el nombre, lo importante es, como dice el mismo artículo, que «ha surgido» «de militantes, simpatizantes y votantes del PSOE» (¡ver para creer tan inhabitual comunión!) y como militante socialista y por hacer gala de la libertad de expresión y de la libre exposición de las opiniones que siempre ha existido dentro del partido, doy la mía sobre lo leído.
Sobre el liderazgo de Pedro Sánchez, estoy muy de acuerdo en algunas cosas y en desacuerdo sobre otras. Indudablemente, se ha incurrido en muchos errores y sus más evidentes consecuencias, nos abruman y nos avergüenzan en estos momentos, pues ni los más viejos lugar recuerdan nada parecido; pero en esta doble vertiente, también se han logrado aciertos muy importantes para el partido y para la sociedad. Mucho tenemos que corregir y, estoy de acuerdo con que la candidatura de Pedro Sánchez en las próximas elecciones ha quedado tocada de muerte. Lamento decir, sin embargo, que en mi opinión, en el origen de los males internos está aquella comisión federal que, alentada por antiguos dirigentes, intentó acabar de muy mala manera con el que era hasta ese momento secretario general del partido, a la sazón, el mismo Pedro Sánchez. Así de simple. De aquellos polvos vienen estos lodos. Allí el partido quedó desmantelado y se abrió una grieta de desconfianza que no se ha vuelto a cerrar y que nos ha perjudicado a todos. El episodio fue tan lamentable y ha sido tan duradero que la brecha que se abrió se ha cronificado y ha acabado por tragarnos a todos.
De ahí que entienda que algo surja de la inquietud de los militantes del PSOE. Lo entiendo perfectamente y me satisface ver que hay movimiento y que no todo es pasividad o hartazgo y que entre todo el desánimo aparece un artículo interesante que creo que es digno de comentar.
Digamos para empezar, que entiendo que más que un artículo, estamos ante un verdadero manifiesto que llama a una sana (espero) revuelta. Ante el cúmulo de ideas que vierte, se despiertan muchas otras que contrastan con aquellas y, para encontrar el punto de partida, me digo a mí mismo que después de tantos años en el partido, si algo he aprendido es que siempre hay que mantener una opinión propia e independiente sobre las cosas, las personas y sus actuaciones. El peligro que ello tiene y, en este sentido valoro que se defienda la valentía frente al miedo, es que convirtamos el patio en una jaula de grillos en donde cada uno dice y va a lo suyo en busca de su propio interés. Suelo ser ingenuo y me encuentro muy bien siéndolo, pero hay una cosa que es una verdad incontestable: cuando se busca el interés personal, se crea voluntariamente un desconcierto que no es casualidad; en español se dice llanamente, a río revuelto, ganancia de pescadores y aquí hay demasiados pescadores. ¡Qué tiempos aquellos en los que se creía en el centralismo democrático! (al menos en su teoría, claro) en los que la toma de decisiones se basaba en un debate abierto y libre que acababa en la formación de una idea «oficial» asumida por el partido y que debía ser defendida y ejecutada por todos los militantes. Se combinaba en ello, tanto la libertad de expresión como la disciplina imprescindible para que una organización funcione como tal.
En estos tiempos, nos encontramos, sin embargo, con opiniones perfectamente destructivas que se presentan como manifestación de la libertad de expresión y de la muy respetable y necesaria diversidad interna y, en este sentido, no parece la mejor manera de comenzar un movimiento que debería ser de recuperación de la confianza en el partido, con un tono incómodo en el que se hace público y se cita por su nombre a compañeros con los que, obviamente, no hay obligación de estar de acuerdo. Personalizar, rara vez no es provocar. Es así.
Yo habría preferido un manifiesto que llamara a la unidad y, especialmente, en la situación actual del partido, un manifiesto que indujera a cerrar la grieta abierta entre «sanchistas» y «antisanchistas», un llamamiento a superar la ignorancia (por llamarla de forma benévola) de prescindir del conocimiento que tanto hay en el partido entre la gente, a veces llamada «vieja guardia», que ocupó puestos de responsabilidad antes de aquella despreciable y lamentable maniobra para desbancar al secretario general y aquellos otros que, negándose a aceptar tal desfachatez y tal concepción patrimonialista del partido, luego le apoyaron/apoyamos para recuperar la secretaría general perdida. Habría preferido un tono que favoreciera recuperar la unidad, el equilibrio interno, la armonía política, todo aquello que, en definitiva, permite la función de gobierno, el desarrollo orgánico y el crecimiento ideológico.
Sorprende igualmente que alguien se dé por aludido cuando se ha hablado de resentidos. Excusatio non petita, accusatio manifesta: aquí se ha destapado más de un resentido y explica por qué se utiliza un tono agónico que pone el miedo en el centro del debate y explica por qué se lanzan dardos directos contra personas con nombre y apellidos. Nada más sorprendente que plantear un manifiesto como una descalificación directa contra personas con nombre propio, nombrarlas como si fuera gratuito hacerlo y como si señalarlas públicamente fuera bueno para solucionar problemas. No, no lo es en absoluto y no es un camino para arreglar nada, es la forma de acabar de machacar lo poco que pueda quedar vivo y matar una base de la que se pueda partir nuevamente hacía el futuro. Pero lo peor no es ser un resentido, sino no poder superarlo. Como decía Dante, recogiendo también otras opiniones teológicas: el infierno es la propia incapacidad del pecador de arrepentirse de sus pecados. Diría que es una infelicidad similar a la que sienten los exaltados que dan crédito a Vox (aunque no lo sepan) o los que viven frustrados pensando que se le ha robado el gobierno a Núñez Rajoy (ojo, no es un error, para tener un nombre propio, primero hay que tener personalidad propia). Lo que siempre pienso y les digo a estos cuando tengo oportunidad es: no sois felices. La buena noticia es que yo creo que, entre nosotros, este mal puede tener remedio poniendo un poco más de generosidad encima de la mesa y dentro de nuestros espíritus.
Este manifiesto no nos permite a los que estamos en esta posición, identificamos ni con unos ni con otros en la guerra que ya parece que ha comenzado y que anuncia batallas más sangrientas todavía.
El enfrentamiento no lleva más que a la destrucción y a los que se muestren activos en la destrucción, les tendremos que culpar de lo que pueda pasar y les tendremos que pedir cuentas cuando estemos hechos añicos. Eso no será la destrucción de un partido, será la destrucción de una esperanza en un país mejor, más integrador, más solidario, más justo, más humano y, en definitiva, más feliz. ¿Quién en su sano juicio puede pensar que tirarse los trastos a la cabeza es inteligente? Huyamos de la estupidez.
Por eso, de ninguna manera me voy a unir a esto que se ha llamado ReActiva y no me voy a unir a nada que no pretenda encontrar el equilibrio entre sensibilidades, la cooperación entre los militantes, el reconocimiento mutuo del valor de todos los socialistas y la voluntad de hacer un partido unido, con debate, pero verdaderamente disciplinado. Recuperar los principios obliga a adoptar posiciones generosas. La política, también dentro del partido, ha de ser negociación y no confrontación. Negarse a esta última, no me cabe duda de que va a ser lo más inteligente y lo más digno para todos.


