Alicante, donde yo vivo ahora, se ha convertido en noticia por un proceso de adjudicación de vivienda pública y veo la foto del complejo objeto de escándalo. Al margen del comentario sobre el posible uso de influencias, corrupción y demás, me llama la atención que se destine dinero público a una promoción de esas características. Una enorme piscina, gimnasio, tres y cuatro habitaciones, dos canchas de tenis y otra polideportiva…¿Es ese el objeto de una protección oficial que, en teoría, tendría que estar destinada a la satisfacción de una necesidad tan básica como la de contar con una vivienda “digna”? ¿Cuándo se ha dado el salto para salvar la distancia que separa la dignidad del lujo?
La foto me coloca ante el recuerdo de las primeras viviendas de amigos y parientes en sus inicios de independencia o vida en pareja y la distancia es tal que me asombra. Yo mismo, cuando me casé, estuve viviendo en una buhardilla rehabilitada de un solo ambiente compartido por el salón y una cama colocada en altura con una pasillo en el que habían metido con calzador un baño y una cocina mínima. Otros alquilaron pisos en barrios modestos o, directamente, se fueron fuera de Madrid buscando casas que pudieran pagar, pero juro que ninguna se acercaba, ni de lejos a lo que se ve en la foto, algo desconocido en los 70 y 80. Creo, y dudo que me equivoque, que ninguno de nosotros duda un sólo segundo en calificar como lujosa la urbanización que se ve en la foto, lo cual abre la polémica sobre la lógica de las aspiraciones de aquellos que se ponen en marcha para pelear por sus vidas.
Es posible que nosotros seamos los culpables de introducir en sus cabezas la idea de unos “mínimos” que nosotros ni soñamos, pero me da la sensación de que se nos ha ido la olla y hemos dejado que se confunda lo básico con el lujo. Tener, o habitar, una casa es algo básico, pero contar con una piscina y gimnasio no lo es. No voy a reivindicar aquí una práctica espartana, pero creo que los recursos públicos sí deberían tener un objetivo mucho más austero, pues somos todos los que ayudamos a que esos recursos lleguen a los que están necesitados de ayuda para alcanzar los mínimos, no los máximos. Creo que, en este caso, el verdadero escándalo radica en destinar recursos públicos a lo que es superfluo y absolutamente innecesario.
España tiene muchos recursos y grandes carencias en el terreno de la vivienda y, creo, hay que enfocar la solución a ese problema con cierto rigor y con mucha más sensatez y austeridad. Hay que satisfacer lo más esencial, lo básico, sin confundir los objetivos como, me parece, se está haciendo. Esas viviendas, cuyo coste desconozco, habrán costado un verdadero pastizal inalcanzable para los que no pueden acceder a ese gasto y que, de verdad, necesitan del apoyo de los recursos de la administración para acceder a un derecho constitucional, punto del que se olvidan muchos defensores a ultranza de la Constitución.
Ha dimitido la concejala responsable del dislate y del enchufe, pero no lo ha hecho por poner esa promoción marcha, que es el verdadero dislate de su gestión. Definitivamente, se nos ha ido la pelota.
Juan Manuel Beltrán
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