domingo 12 julio, 2026

1 de Mayo en Málaga.

Cuando el gobierno se manifiesta contra sí mismo

Hace doscientos años, el movimiento obrero transformó el mundo porque fue capaz de leer su tiempo con lucidez y valentía. Sus herederos nos demuestran hoy que han perdido esa capacidad. Quizá, simplemente, han preferido no ejercerla.

Este 1 de Mayo en Málaga (sol de postal, calle Larios, gambas a la espera) se consolidó un formato aberrante, pero incorporado ya a los modos inéditos de nuestro tiempo: el gobierno en pleno sale a la calle a protestar contra sí mismo, los sindicatos hacen de anfitriones, los medios toman nota y todos vuelven a casa satisfechos, con pancarta y cara de reivindicación en sus fotos de Instagram.

Preguntada por la contradicción que entraña que desfile exigiendo mejoras laborales al gobierno del que es vicepresidenta segunda, la inefable ministra de Trabajo respondió que «los símbolos importan» y que así los trabajadores «se ven representados en su Gobierno». Deténgase el lector y contemple la arquitectura de esta frase. 

Yolanda Díaz se manifiesta junto a los sindicatos para reclamarle a su propio gobierno que mejore los salarios, que resuelva el acceso a la vivienda, que defienda la paz. ¿A quién exactamente se dirigen esas reclamaciones? ¿Quién debe responder a esa presión? ¿A quién reclaman Sordo y Álvarez cuando Díaz camina a su lado? La respuesta es nadie, y ese es precisamente el objetivo: convertir la reivindicación en una puesta en escena instrumental. Si la ministra de Trabajo está en tu cabecera, no puedes exigirle nada. El cortocircuito institucional es total, y ya nadie se escandaliza. Llevamos años acostumbrándonos a ver al Gobierno manifestarse contra sí mismo, y esa costumbre es la derrota más silenciosa del sindicalismo español.

Y luego está María Jesús Montero. Ex ministra de Hacienda, ex vicepresidenta primera, candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía. Desfilando por la mañana en la cabecera de la manifestación de los sindicatos en Málaga, y compartiendo mítin electoral por la tarde con Sánchez y Zapatero. Una candidata que pide el voto de los trabajadores andaluces mientras cobra sueldo de diputada nacional y se aferra al acta parlamentaria para no quedarse, en sus propias palabras, sin empleo. Una trabajadora más, sí, pero de las que se protegen con red.

En cualquier caso, conviene recordar algo antes de dejarse llevar por cualquier tipo de nostalgia de las banderas rojas. ¿Puede un sindicato ser verdaderamente independiente cuando el gobierno que debe fiscalizar es también quien firma los cheques? Porque lo que comenzó como un periodo de contención, con subvenciones sindicales que rondaban los 8,9 millones de euros, se ha transformado en un máximo histórico de 32 millones en 2025, con un incremento del 88,2% en un solo año… incluso conpresupuestos prorrogados. 

En Alemania, sindicatos como IG Metall no reciben subvenciones públicas, se financian con cuotas de más de seis millones de afiliados, y esa independencia económica les otorga legitimidad y capacidad negociadora real. En España, en cambio, se ha construido un modelo de dependencia mutua, en el que el gobierno necesita a los sindicatos para aparentar consenso social, y los sindicatos necesitan al gobierno para sostener sus estructuras. El trabajador es mero espectador (y financiador involuntario) de ese pacto.

El problema más profundo, que ningún discurso mencionó siquiera de pasada, es que el trabajo está siendo sacudido por la mayor transformación de su historia reciente, y las grandes centrales sindicales lo contemplan como la vaca mira al tren. 

Un estudio de Funcas estima una destrucción bruta de entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en el horizonte 2025-2035 como consecuencia del impacto de la inteligencia artificial. No son los mineros del siglo XX, son los trabajadores del siglo XXI: autónomos, precarios, empleados de plataformas digitales, profesionales de servicios que conviven con algoritmos que los evalúan, los gestionan y, cada vez más, los sustituyen. ¿Dónde está la agenda sindical para ellos? La Confederación Europea de Sindicatos reclama legislación vinculante sobre inteligencia artificial en el trabajo, especialmente en lo referido acontrol humano, transparencia algorítmica y derechos colectivos reforzados. 

Pocas horas después de que el coro sindical, bajo la batuta ministerial, reclamara salarios, vivienda y democracia en la plaza de la Constitución malagueña, Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero arroparon (por decir algo) a María Jesús Montero en su primer acto oficial de campaña. 

La reivindicación laboral duró lo que tardó en llenarse el pabellón. Los sindicatos que por la mañana exigían valentía al poder terminaron siendo teloneros de un acto de campaña que no tenía nada que ver con los trabajadores del siglo XXI y todo que ver con los votos del 17 de mayo.

Aunque las encuestas vaticinan el peor resultado histórico del PSOE en su otrora gran bastión regional, el presidente del gobierno y secretario general del gobierno socialista proclamó ante sus militantes que «hay partido y lo vamos a ganar”. Desde luego no será el Partido Socialista el que gane. 

Beatriz Becerra es psicóloga y escritora. Doctora en Derecho, Gobierno y Políticas Públicas, fue eurodiputada y vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo (2014-2019) y es vicepresidenta y cofundadora de España Mejor. 

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