Cuando en 2022 algunos Diputados solicitaron al Congreso que se creara una Comisión específica para investigar a la Iglesia Católica por delitos de pederastia, pensé que la ideología de los peticionarios no era ajena a lo que implicaba aquella petición. Una enemistad que venía de lejos, encontraba ahora un nuevo cauce para que pareciera razonable su linchamiento, en nombre del bien supremo de la infancia.
Ya que en mi generación la asistencia a colegios religiosos era lo habitual, quienes habrían pasado por colegios católicos se podrían contar por millones. Por eso pregunté a algunos varones de mi época, cuál había sido su experiencia, y sus reproches eran diversos, pero ninguno tenía constancia de que se produjeran abusos sexuales.
Mi generación creció bajo la tutela de la Iglesia, la disciplina y elesfuerzo, pero también, la rebeldía y el deseo de un futuro basado en principios distintos a los de la generación anterior, que se había desangrado en una guerra por enfrentamiento violento entre ideologías. Así, cuando murió quien había dejado todo “atado y bien atado”, fue la ocasión de demostrar si seríamos capaces, o no, de que distintas ideologías conviviéramos en paz en el mismo espacio nacional: España.
La Transición fue el resultado del deseo sincero de que esto fuerarealidad, y la Constitución selló el marco para garantizar la convivencia, gracias a acuerdos asumidos por la inmensa mayoría. No ignorábamos los retos que teníamos por delante, pero solo imaginábamos un país en paz. Elmarco fijó las bases necesarias, nada menos que para la Libertad, la Igualdad, la Justicia, y también, para la fraternidad, es decir, la ética, porque esta es la que hace posible la convivencia. Un ideal que no está realizado de antemano, sino que hay que irlo construyendo.
La Iglesia pasaba a ser, casi siempre, una Institución de la que uno se aleja cuando quiere empezar a caminar por sí solo, pero que deja un fondo de ética gracias al mensaje que transmite, aunque con frecuencia quien lo adquirió, tanto en ella, como en la propia familia, no identifica del todo bien a quién lo debe. La Iglesia sigue siendo, para muchos, un referente y no solo para sus fieles, la prueba es que todos estamos pendientes de la fumata blanca cuando fallece un Papa, o esperamos su mensaje de paz, cuando tiemblan los cimientos de nuestra civilización.
La generación siguiente no entiende esta relación de respeto, aunque pueda ser distante, que se funda en años de experiencia compartida, y cada vez más parece confiar, como propuesta de futuro, en la confrontación de ideologías, que tanto mal ha producido en nuestro país.
Al mismo tiempo que los acuerdos en que se fundó la paz van saltando por los aires, y la perplejidad se adueña de nuestras miradas, quienes no soñamos con esto, por bien conocido, constatamos que la confrontación en la vida social y la política, se convierte en una crispación irresoluble.
En la época en que las ideologías excluyentes vuelven a impregnarlotodo, como si no se recordara el pasado, es difícil no ver este trasfondo en una petición que parece sincera e inocente. Pues los peticionarios no pretenden saber si la pederastia ha existido o existe entre los que comparten su misma ideología, sino que piden que se examine por delitos graves en contra de la infancia, solo a la Institución que aborrecen.
Para ello ha hecho falta ignorar el principio de Igualdad de todos ante la ley; los de la Justicia, que siendo ciega no mira la ideología del agresor para tratarlo mejor o peor, sino solo el delito, para poder ser igualitaria. Ha habido que marginar a las víctimas de abusos sexuales cuyos agresores no son “de la Iglesia”, como víctimas de 2ª, porque según se dice, ellas no han sufrido el daño espiritual de las primeras. Quienes se presentan como adalides del feminismo, parece que no se han dado cuenta de que la pederastia campa fuera de los muros de iglesias y colegios religiosos, y que las principales víctimas de este cáncer social, son mujeres, que con frecuencia han de convivir con sus agresores los años de su infancia.
Ha habido que hacer distinción entre agresores para tratarlos mejor o peor según su ideología, linchados si son religiosos, ignorados, si no lo son. Entre víctimas de un mismo delito la diferencia depende de la ideología de sus agresores: Si estos son religiosos, sus víctimas son mejor tratadas, que si no lo son, pues estas son ignoradas, excluidas de la escucha empática, de la reparación, de peticiones de perdón, porque no son “de la Iglesia”. En realidad las víctimas solo han importado cuando han servido como arma arrojadiza para intentar erradicar una ideología que se detesta.
El Informe del Defensor del Pueblo presenta datos elocuentes. Si se contaran desde el tiempo en que alguna conserve la memoria, las víctimas de pederastia en la sociedad en general, serían millones. Sin límite de prescripción para presentar testimonios inculpatorios hacia la Iglesia, entre el total de los 487 recibidos por el Defensor del Pueblo, podría haber adultos que vivieron incluso en tiempos de la II República española.
También revela que el 11,7% de adultos residentes en España habríasufrido abusos sexuales en su infancia, aunque solo identifica la ideología cristiana/católica de los causantes del 0,6%. Se desconoce la ideología de los millones de agresores restantes. Un detalle que no parece importar, pues ni siquiera se plantea como pregunta. Investigarlo debe estar vedado por la privacidad tan exigida en unos casos, como vulnerada en otros.
Pero creo que sería importante saberlo, para comparar quién ha sido mejor o peor garante de la protección de la infancia, y si es real el paraíso ateo que prometen las ideologías de los peticionarios. Pero no hay datos, así que es necesario comparar de manera indirecta, observando actitudes en que sin comisiones ni encuestas se pueden percibir las diferencias.
Los atropellos a la Justicia, a la Igualdad, a todos los principios en los que se funda la paz social han sido tantos, que sería conformarnos con poco alegar los acuerdos alcanzados, sin embargo considero que tan alto precio ytanto dolor, han permitido contemplar algo nuevo.
Cuando me di cuenta de que la propuesta era aceptada a pesar de todo, intenté por los medios que entendí a mi alcance, evitar que prosperara. Me dirigí a diversas instancias para presentar mis argumentos, es evidente que sin el resultado que deseaba. Ahora reconozco que el proceso no debía detenerse, pues cuando va llegando a su fin, hay algo nuevo que emerge de las cenizas. Algo que no he percibido en ninguna otra parte.
Pues al final resulta que la tan denostada Iglesia, sin detenerse en que sus víctimas son como una gota en un océano, siente el dolor por el daño causado y que como Institución no ha sabido prevenir. Las escucha, intenta reparar lo irreparable, que les sirva al menos de consuelo, y firma un acuerdo por el que se compromete a compensarlas económicamente.
Ninguna ley la obliga, pues la ley no fuerza a ir más allá de la ley. Es un compromiso voluntario, un gesto que demuestra que las víctimas de abusos sexuales por parte de miembros del pasado de su Institución, le importan, y que el dolor por el daño espiritual que han podido sufrir es sincero, porque considera el sentido espiritual como un valor.
Una Institución que se hace cargo de victimas “históricas” sienta un precedente ético. Pero ninguna ley obliga a ser ético, la prueba es que ningún colectivo está obligado a pedir perdón a víctimas de delitos cometidos por personas afines a su propia ideología. La ley permite medir al milímetro los plazos de prescripción, canjear por votos o privilegios, las medidas de gracia que exigen para los suyos, aun sin reconocer el mal causado. No es ético, pero es legal. Por eso lo que marca la diferencia es la ética, lo no obligatorio. Así que ya no necesito saber qué ideología profesan los demás agresores, me basta con el panorama nacional para sacar conclusiones. Desconfío de ideologías que prometen paraísos para la infancia siguiendo sus modelos y el linchamiento de la Iglesia me recuerda demasiado al caso de la “mujer adúltera” que nos quedó grabado ya en la infancia. Descubierta, debía ser lapidada hasta la muerte, pero una mirada transversal detuvo el linchamiento, al proponer que cada uno examinara su propia conciencia, antes de arrojar las piedras contra ella.


