Pedro Sánchez y el sentido de la Historia

Screenshot

Era propio del marxismo repartir loas y vituperios entre las diferentes posturas políticas invocando al sentido de la historia. Marx jugaba con ventaja porque conocía de antemano el desenlace. La sucesión de modos de producción, el devenir de la lucha de clases tenía como resultado último una sociedad reconciliada, sin explotados ni oprimidos. Sus discípulos fueron más allá en la profecía. Recordemos las palabras de Trotski dirigidas al menchevique Martov: «Id a donde pertenecéis, al basurero de la historia». Frase o dicterio que fue recuperado en España por Pablo Iglesias Turrión, anticipando sin darse cuenta el destino final de Podemos, hoy sumido en el oprobio. 

Marx era heredero de una tradición ilustrada inaugurada con Condorcet sobre la idea de un progreso ilimitado. Los acontecimientos, aparentemente caóticos seguían una secuencia inapelable hacia un resultado feliz, previsible. El espíritu hegeliano que después de dar vueltas sobre sí mismo se encarnaba en el Estado prusiano. La historia discurría por un sendero ineluctable, según Comte, y su ley de los tres estados, el militar, el teológico y el metafísico. Podrá pensarse que este sentido de la historia, conocido de antemano, era una secularización de la providencia divina. El cristiano sabe de antemano el destino final de los bienaventurados, el triunfo final de la Ciudad Celeste en contraposición con la Ciudad Terrena la tierra. Pablo Iglesias Turrión solía decir que el lado correcto de la historia nunca es un lado fácil, como no lo es la senda tortuosa que conduce a felicidad paradisiaca, prometida por la religión. Dante lo sabía muy bien desde el infierno en que se encontraba:

Dopo che riposai per un po’ il corpo stanco,

ripresi il cammino lungo il pendiodeserto [del colle],

scalando la salita.

Pues bien, nuestro jefe de gobierno se ha convertido en profeta. Lo demuestra al anunciar el reconocimiento diplomático de Palestina: «los españoles podrán decir que tuvieron un gobierno que se puso en el lado correcto de la historia»· Pronunció esta frase en Andalucía, mientras sonaba de fondo la canción más bien insulsa de Raffaela Carrá titulada precisamente Pedro, Pedro, Pedro, la historia de un seductor:

Mi sono innamorata seduta stante

De Pedro, Pedro, Pedro si Santa Fe

Me ha sconvolto le vacanza, m´he stregata

Non faccio che pensare a Pedro, Pe

Y los militantes, convocados para aplaudir, coreaban con Raffaela el ¡Pedro, Pedro, Pedro!

Afirmación a la que siguió otra parecida en la clausura de la jornadas del Círculo de Economía: «El gobierno estuvo del lado correcto de la historia» al reconocer al Estado imaginario de Palestina

El guión que debe llevar escrito para pronunciar en los recientes congresos del PSOE va más allá: «Ser socialista es estar en el lado bueno de la historia», dijo en el de Castilla La Mancha. Lo mismo en el de la Comunidad Valenciana. Aquí tuvo un desliz, mientras Ximo Puig, al igual de su jefe, amparo de hermanos en dificultades, aplaudía a rabiar: «El futuro siempre nos ha dado la razón». Esto de conocer el lado bueno de la historia, saber lo que el porvenir nos tiene preparado, debe de producir tranquilidad, buena conciencia, un confort moral envidiable. Sirve para despreciar a los adversarios desde la superioridad que produce el habitar en la cima de la historia. Aparte, claro está, de convertir en irrefutable cualquiera afirmación, haciéndola inmune a la crítica. ¿De dónde le vendrá a Sánchez semejante sabiduría? No parece que sea un gran lector de la Biblia. En una encuesta sobre las lecturas de los políticos dijo que su preferida era la literatura esperpéntica, en una vaga alusión a Valle Inclán. Hemos de creerle porque buena parte de sus ideas pertenecen a este género literario. ¿Será una reliquia del marxismo que en otro tiempo profesó su partido? ¡Vaya usted a saber! El caso es que, lejos de anunciar este futuro feliz y reconciliado que en otro tiempo defendía la historiología marxista, lo que profetiza Sánchez es algo muy de escaleras abajo. Una pura decepción. Todo su afán se centra en señalar la coincidencia entre el PP y Vox, la «coalición negacionista», un auténtico peligro público, amalgama que tan buen resultado le dio en las últimas elecciones generales. La profecía suele extraviarse en chascarrillos, que si dijeron esto y lo otro, que si los anticipos a cuenta, que si la derecha es un «arrós empastrat». Cosas triviales. Cosas malévolas, como la de acusar al PP de ser un “colaboracionista”, uno de aquellos que la resistencia francesa llamaba “collabos”, cómplice de los nazis. Un político que desprecia a la oposición, que miente a sabiendas sobre las intenciones de unos y otros se convierte en un personaje despreciable. Sánchez es un político deshonesto. 

Raymond Aron incluía “idolatría de la historia” en El opio de los intelectuales, esa creencia de que el fin puede justificar medios horribles, Una idolatría que han practicado los hombres de fe, los hombres de iglesia y los políticos sin escrúpulos al estilo de Pedro Sánchez, ávidos de poder. Karl R. Popper también fue un crítico implacable de esa idolatría que él llamaba historicismo, un punto de vista que supone que la predicción histórica es el fin principal de la política, accesible a través de los «ritmos» o las «tendencias» que yacen bajo la evolución de la historia».

 El historicismo antiguo tenía la dudosa grandeza de justificar medios atroces para conseguir fines grandiosos: nada menos que la redención de la humanidad. Nos tememos que los fines de Sánchez sean algo más prosaicos y que solo anuncien su deseo de perpetuarse en el mando, cuanto más exclusivo, mejor.

Pedro, Pedro, Pedro, Pedro, Pedro, Pè

Bellissima avventura di Santa Fè

Pedro, Pedro, Pedro, Pedro, Pè

Soli io e te

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest

1 comentario

  1. Genial Varela!!! Ironía + Cultura + Sentido del humor es la combinación perfecta. Y eso que lo que dice el profesor es muy profundo. Los políticos deben construir el futuro pero no interpretar el pasado a conveniencia.

Leave A Reply