Las elecciones de Guyana en 2025 se desarrollan en un contexto de auge petrolero, disputa con Venezuela y polarización étnica. El país enfrenta la oportunidad histórica de convertirse en potencia regional o caer en un ciclo de inestabilidad y corrupción.
Guyana, un país pequeño en extensión y población, pero de creciente peso geopolítico, se enfrenta el próximo 1 de septiembre a unas elecciones generales cruciales. La explotación de sus enormes reservas de petróleo ha colocado a la nación sudamericana en el centro del tablero internacional. La cita electoral no solo definirá el rumbo político interno, sino también cómo se administrarán los ingresos petroleros, cómo se gestionarán las tensiones con Venezuela por el Esequibo y cuál será el papel de Guyana en el reordenamiento de fuerzas en América Latina y el Caribe.
En este contexto, estas elecciones tienen un valor que trasciende las fronteras nacionales. Definirán no solo qué partido gobierna, sino también si el país logra consolidar un modelo de desarrollo con la renta petrolera o si se encamina hacia una espiral de corrupción e inestabilidad. Al mismo tiempo, su desenlace influirá en el conflicto con Venezuela por el Esequibo y en la competencia geopolítica de grandes potencias en el Caribe.
Situación política interna
El actual presidente, Irfaan Ali, y su partido, el Partido Progresista del Pueblo (PPP), aspiran a la reelección. El gobierno se presenta como el garante de la estabilidad y el crecimiento, con el compromiso de transformar la renta petrolera en infraestructura, educación, salud y programas sociales. El discurso oficial pone el acento en que Guyana puede evitar la “maldición de los recursos” si se administra con prudencia y visión de futuro.
La oposición, liderada por la Alianza por la Unidad Nacional (APNU), cuestiona esa narrativa. Sus dirigentes denuncian falta de transparencia en los contratos con las petroleras internacionales, un reparto desigual de los beneficios y un creciente clima de corrupción política. La campaña electoral está marcada, además, por la histórica polarización étnica: el PPP se nutre principalmente del voto indo-guyanés, mientras que la APNU concentra el voto afro-guyanés. Esta división se ha mantenido constante desde la independencia y sigue siendo un factor determinante en la política nacional.
El recuerdo de las elecciones de 2020, cuya validación se demoró cinco meses en medio de denuncias de fraude y fuerte intervención internacional, pesa sobre el proceso actual. La posibilidad de nuevos conflictos poselectorales es un riesgo latente.
El factor petrolero
El descubrimiento y desarrollo de más de 11.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo ha cambiado radicalmente la posición de Guyana en el mundo. La producción diaria supera los 600.000 barriles y se prevé que alcance los 1,2 millones hacia 2027, lo que situaría al país entre los grandes exportadores globales.
Las principales operadoras son ExxonMobil, Hess y CNOOC (China), lo que muestra la mezcla de intereses estadounidenses y chinos en un territorio pequeño pero estratégico. El crecimiento económico es espectacular: en 2023 y 2024, Guyana lideró el ranking mundial de expansión del PIB, con tasas superiores al 30 %. Sin embargo, la concentración de la riqueza y el riesgo de dependencia de un único recurso generan preocupación.
La oposición y parte de la sociedad civil critican que los contratos con ExxonMobil fueron demasiado ventajosos para la compañía y limitan la capacidad del Estado de controlar los beneficios. El debate sobre la soberanía energética y la redistribución será central en la campaña electoral.

El conflicto por el Esequibo
El Esequibo, un territorio de 160.000 km² rico en oro, petróleo y minerales, se ha convertido en el epicentro de la disputa entre Venezuela y Guyana. Lo que antes era un litigio jurídico ha evolucionado hacia un conflicto híbrido en el que convergen soberanía, recursos estratégicos y crimen organizado, con riesgo de escalar a una crisis regional.
En diciembre de 2023, Guyana realizó un referéndum consultivo para reafirmar su soberanía, mientras Nicolás Maduro instrumentalizó la causa como bandera nacionalista. El caso sigue en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), estando previsto un fallo en 2026, aunque Caracas rechaza su jurisdicción. Desde 2024, la tensión ha aumentado con choques fronterizos y un marcado protagonismo del crimen organizado.
El 13 de mayo de 2025, la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF) sufrió tres ataques armados desde territorio venezolano en el río Cuyuní y sus alrededores. Aunque sin bajas, los hechos exponen la fragilidad militar de Guyana, que apenas cuenta con 4.200 efectivos para patrullar una frontera extensa y porosa.
El crimen organizado venezolano, con base en el estado Bolívar, se ha extendido al Esequibo con el tácito apoyo del régimen de Maduro. Controla campamentos mineros, cobra tributos y protagoniza asaltos, utilizando la zona como corredor para el contrabando de oro y narcotráfico. El caso de Mohamed’s Enterprise, sancionada en 2024 por EE. UU. tras ocultar 10 toneladas de oro, ilustra el alcance del problema.
Para Maduro, el Esequibo representa: movilización interna (desviando la atención de la crisis venezolana), rentas económicas ilegales y un instrumento geopolítico para tensar con Guyana, Estados Unidos y Reino Unido.
En este contexto, el 25 de mayo de 2025, Venezuela celebró elecciones regionales, incluyendo al Esequibo (“Guayana Esequiba”), proclamando un gobernador chavista y reforzando la idea de anexión simbólica del territorio.
Por su parte, de cara a las elecciones del 1 de septiembre, el PPP busca proyectar una imagen de firmeza frente a Venezuela, lo que podría favorecerlo en un clima de amenaza externa. La oposición, aunque también defiende la soberanía sobre el Esequibo, insiste en que el gobierno no ha sabido manejar el pulso-
La disputa también refleja la competencia internacional. Estados Unidos respalda a Georgetown para proteger los intereses de ExxonMobil y ha advertido a Caracas (en marzo de 2025, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que sería “un muy mal día para Venezuela” si atacaba a Guyana). Por su parte, Reino Unido desplegó un buque de guerra en 2023. China, a través del CNOOC, busca asegurar su acceso energético, mientras Brasil, CARICOM y la OEA presionan por estabilidad para evitar desbordamientos regionales.
El Esequibo ha dejado de ser un conflicto meramente bilateral: hoy es un escenario de tensiones híbridas, donde convergen actores criminales, intereses energéticos globales y rivalidades geopolíticas, situando a Guyana en el centro de la atención internacional.

“Guyana es un país diverso, con raíces africanas, indo-guyanesas, amerindias y caribeñas que se entrelazan en una misma nación. En estas elecciones, esa diversidad también se refleja como un llamado a la unidad. Por eso cerramos este informe con la canción ‘One Guyana’ de Tony Cuttz, un himno moderno en ritmo de chutney soca que celebra la identidad compartida y la esperanza de un futuro común.”


