
Ante el anuncio arancelario que realizó Donal Trump en la primavera pasada, la Agrupación Europeísta “cuidar el futuro” del Ateneo de Madrid (junto con la Sección de Economía) organizó un debate sobre el tema, del que se recogen a continuación algunas de las ideas expresadas por las personas que intervinieron[1], complementadas con algunos comentarios de actualidad.
Parecen evidentes las ventajas del comercio internacional, potenciadas por la reducción de costes de transporte, la revolución en las comunicaciones y la liberación financiera. Trump no parece consciente de que el juego del comercio internacional no es de suma constante, sino que provoca ventajas conjuntas. Y las carreras proteccionistas, por el contrario, pérdidas para todos.
Además, el análisis de las consecuencias de las políticas no es tan simple como Trump anuncia. Lo importante es el análisis dinámico porque los distintos agentes modifican sus comportamientos. Por ejemplo, la redirección del comercio hacia otras zonas y países llevará previsiblemente a un descenso de comercio con USA y un aumento en otros mercados.
Por otro lado, las reacciones internas en la propia economía norteamericana pueden ser cada vez más negativas al comprobar el encarecimiento de todos los componentes importados y sus consecuencias inflacionistas y de pérdida de competitividad.
En los mercados financieros no hay aranceles, pero en ellos se producen las reacciones más rápidas y llamativas. La incertidumbre y el temor a las políticas proteccionistas generan una reacción negativa al descontar las esperadas contracciones en comercio y crecimiento mundial. El proceso es claro: caídas de bolsa, búsqueda de valores refugio, subida de intereses que encarecen la renegociación de la deuda, depreciación del dólar…
En principio, los mercados financieros europeos pueden salir beneficiados al recibir una mayor entrada de capitales. Si la errática política económica de Trump ahuyenta a los inversores de Estados Unidos, sería un buen momento para atraer esos capitales y reducir los costes de financiación de los socios comunitarios, una buena oportunidad para una nueva emisión de eurobonos a gran escala.
Las decisiones de Trump aparecen como políticas sin análisis y contraste con instituciones económicas. Lo más trascendente es que provocan un choque de confianza de los socios y aliados que dejan de considerar a USA como un socio fiable.
Las primeras reacciones europeas de coordinación y prudencia merecieron un aplauso. Caer en la guerra de aranceles sería un error como aprendimos en la grave crisis de los años 30 del pasado siglo.
Pero ello no impide la crítica y el desánimo general ante el presunto acuerdo alcanzado en julio. No puede considerarse un éxito ni en las formas ni en los resultados. No puede venderse como un logro que el arancel general sea “sólo” del 15%. Y son especialmente inaceptables los compromisos formalmente adquiridos de compras e inversiones en USA. Aunque es más que probable que queden en simple humo porque son las empresas y no la Unión la que deben llevarlas a la práctica y porque las cifras suenan a inalcanzables.
La asimetría del acuerdo resalta la debilidad de la Unión Europea para negociar en términos verdaderamente equitativos, evidenciando la falta de políticas de seguridad, industrial y tecnológica comunitarias. La dimensión insuficiente de la integración europea y la dispersión de intereses nacionales limitan la capacidad de la UE para negociar.
La Comisión Europea ha asumido el relato de Trump, focalizando la atención en la balanza comercial y no en la de capital y servicios, donde existe una clara ventaja estadounidense. En algún momento la Comisión barajó activar el instrumento anticoerción que le habría permitido poner tasas al comercio de servicios o vetar el acceso de las empresas norteamericanas a la contratación pública en la UE. Pero faltó decisión para recurrir a ella porque algunos gobiernos se negaban.
Es cierto que los productos europeos mantienen un acceso al mercado estadounidense similar al de otros países y que la no respuesta europea evitará que los precios suban en Europa. Ello permitirá que el Banco Central Europeo mantenga bajos los tipos de interés y pueda motivar una cierta depreciación del euro. Pero de entrada el dólar ha bajado más de un 10% respecto al euro. Un producto europeo pasa a ser en USA no un 15%, sino un 25% más caro que a principios de año.
Europa debe mirar el futuro por encima de este acuerdo y centrarse en sus potencialidades. No olvidemos que la UE es cabeza en el comercio mundial, con una participación algo superior al 16%, por encima de China y Estados Unidos que se mueven en torno al 13,5 %. La UE es también el principal socio comercial de ochenta países.
La gran tarea que debe desarrollar la UE es potenciar más el mercado único. El informe Letta calcula que las barreras interiores equivalen a un arancel del 45%. Avanzar decididamente en la eliminación de esas barreras compensaría con creces el proteccionismo norteamericano. Fortalecer la autonomía estratégica europea, diversificar sus relaciones comerciales y desarrollar una política industrial y tecnológica robusta es más urgente que nunca.
Además, debe volcarse en ayudas para buscar nuevos mercados y concertar acuerdos bilaterales en servicios y materias primas estratégicas para nuevas tecnologías. Deben apoyarse las políticas nacionales de apoyo a sectores afectados.
En España, una de las economías menos afectadas dentro de la Unión, se debe prestar atención no sólo a los sectores más directamente afectados (aceite y vino, por ejemplo), sino también a los perjudicados de forma indirecta por ser proveedores de fabricantes europeos que resultarán dañados por el arancel acordado.
Pase lo que pase, el sistema de comercio mundial será a partir de ahora diferente del que existió. Los viejos discursos sobre los mercados, la competencia, la libertad comercial, la multilateralidad, incluso la democracia o la paz, han desaparecido.
Europa tiene hoy una ventana histórica para afirmarse como actor global, defensor del multilateralismo, de la paz y de los derechos humanos. Pero para ello debe superar sus actuales debilidades estructurales. No es tarea fácil pero no puede renunciar a intentarlo. Por pura supervivencia.
[1] Por supuesto, las ideas aquí contenidas son, aunque deudoras en buena parte de lo escuchado en el debate, exclusiva responsabilidad del firmante de este artículo.
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