En las democracias, los partidos políticos existentes en Inglaterra desde el siglo XVII y en Estados Unidos y Francia desde el siglo XVIII, representan intereses diversos de los ciudadanos y se sostienen por las victorias y derrotas de las distintas opciones. Un partido ganador o de fuerte implantación se mantiene durante décadas. No obstante, es el respeto y acatamiento de normas y reglas de todo tipo que facilitan la vida en sociedad y permiten que las contiendas se diriman en las urnas, aquello que mantiene la democracia y en último término su supervivencia.
La dureza de las declaraciones de la oposición, en ocasiones genera animadversión ciudadana, especialmente cuando las dificultades son producto de epidemias, fenómenos meteorológicos o crisis internacionales con repercusión en los países. La oposición, en cualquier país democrático tiene la excelsa misión de controlar al gobierno, pero existen ciertos modos generalmente relacionados con lo que se denomina genéricamente la buena educación que últimamente, quizás por influencia de la política post-Trump, han dejado de ser normas de buen hacer para pasar a convertirse en actuaciones habituales, frecuentemente hirientes o simplemente groseras. Las relaciones con la prensa adversa han dejado de ser frías para pasar a ser objeto de ataques continuos y desaires habituales. En los países de fuerte descentralización, en los que diferentes instituciones son dirigidas por opciones políticas distintas, las divergencias pueden conducir a la parálisis y en consecuencia a enquistar los problemas.
La actuación política se ha deslizado desde la realización de políticas públicas, la actividad parlamentaria y las movilizaciones ciudadanas, a una hiperactividad en las redes sociales, que anuncian decisiones o directamente insultan a los adversarios. Para la construcción de países democráticos amenazados por crisis económicas, en una época en el que el cambio climático es una realidad que genera dificultades de nuevo tipo en países desconocedores de los problemas de las altas temperaturas, ahora generalizadas, la colaboración entre las diversas fuerzas políticas es con toda probabilidad una hipótesis razonable y necesaria.
Si las polémicas continúan tras los resultados electorales o estos no son admitidos por todos, las reglas de convivencia se resquebrajan y la democracia tiene el riesgo de perecer, dando paso a sistemas autoritarios, de los que la historia muestra multitud de ejemplos. Se clama por la necesidad de valorar a líderes sensatos (personas que hayan demostrado auténticas aptitudes y hayan hecho algo bueno con sus vidas) y oponer resistencia a charlatanes carismáticos que meten la mano en nuestro bolsillo y envían a nuestros hijos a la guerra. Valoremos a líderes sensibles, que canalicen nuestro deseo de cuidado mutuo y que nos permitan tener a todos una vida mejor (Timothy Snyder, 2026).
Los errores de los gobiernos que frecuentemente prefieren equivocarse de forma continuada a reconocer errores, tratando de huir de la máxima de todos los partidos opositores de que el gobierno solo acierta cuando rectifica, conduce a los ciudadanos a callejones sin salida, pues el acierto nunca está garantizado, incluso cuando se palian diligentemente mediante las leyes, pues la realidad es mucho más compleja.
No es tarea fácil acertar en todas las ocasiones, en la multitud de crisis con la que cualquier sociedad se enfrenta. Nos viene de inmediato la imagen del terremoto ocurrido en Colombia, que ha tenido lugar solo horas después de la toma de posesión del nuevo presidente De la Espriella. En la actualidad, la tecnología y los conocimientos sobre sismos no permiten preverlos y, en este caso, el gobierno no ha tenido tiempo de preparar planes, aunque sí de actuar de forma inmediata. En una sociedad democrática, la política no se reduce a la racionalidad administrativa. Ningún sofisticado dispositivo para calcular y decidir parece en condiciones de hacer superfluo el momento propiamente político en el que discutimos y decidimos los fines a cuyo servicio ponemos los instrumentos de gestión de que disponemos (Innerarity, 2025).
No es superfluo para la democracia la existencia de pareceres distintos para solucionar o enfrentar los diversos asuntos. La diversidad de criterios genera frecuentemente la búsqueda de nuevos senderos y a veces el acuerdo que lleva a la solución. Pero la oposición sistemática y agresiva puede llevar a registrar otro tipo de propuestas que no solucionen las dificultades, sino que agraven los problemas. El ascenso de las opciones hasta ahora consideradas extraparlamentarias en Europa vislumbra un futuro más autoritario y menos democrático. Las elecciones presidenciales de Francia, previstas en primera vuelta en abril y en segunda en mayo, pueden darnos la clave del futuro de Francia y de la Unión Europea en los próximos años.


