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lunes 21 septiembre, 2026

Crisis y migración

Se habla habitualmente, y se escribe aún más, de que vivimos en tiempos convulsos en los que se suceden acontecimientos espectaculares, dañinos y de imposible control por parte de los responsables políticos.

Los ejemplos son numerosos, como demuestran los sismos registrados en Venezuela y Colombia, las inundaciones de Nepal o los movimientos migratorios que se suceden en el Mediterráneo. Uno de estos últimos en la ciudad española de Ceuta ha generado una crisis de importancia. Como se ha afirmado, esta batalla política a la que asistimos, mientras miles de personas están sufriendo, resulta a todas luces vergonzosa e inútil (Valenciano y Álvarez, 2026).

Crisis hay de diversos tipos: sísmicas, meteorológicas, sanitarias, políticas, de orden público, guerras… Las repercusiones en todos los países son casi instantáneas y generan actuaciones por parte de los gobiernos, unas veces de forma positiva y otras como simples espectadores, con la consiguiente crítica por parte de los partidos de la oposición.

En la actualidad, es posible tener en cuenta, en cuanto a las crisis, su duración, que, al igual que las guerras puede extenderse en el tiempo, su frecuencia no insólita y la reacción de los responsables políticos, que a veces no goza de la inmediatez como su característica más relevante. La actividad ciudadana en redes sociales engrandece en buena medida su repercusión y sirve de banderín de enganche a quienes están interesados en el conflicto. No debe olvidarse que las redes sociales constituyen hoy el medio fundamental de información de los ciudadanos.

Las crisis son en esencia inevitables cuando se refieren a fenómenos incontrolables procedentes de la naturaleza, pero hay muchos otros supuestos en los que la acción humana es determinante y donde la política puede ser decisiva. Los fenómenos migratorios, habituales e históricamente continuos desde los comienzos de la humanidad, se han convertido en la punta de lanza de las facciones políticas de extrema derecha. En Europa, pueden ser determinantes a corto plazo en países como Francia y Alemania, y su presencia política es de gran dimensión en Italia y España.

Los sucesos ocurridos en la ciudad de Ceuta, situada en el norte de África, pero española desde el siglo XVII, muestran la extrema debilidad de los muros fronterizos y la insolidaridad que en ocasiones muestran los países integrados en la Unión Europea. Estos no han adoptado su cara más solidaria, pues en lugar de apoyar al gobierno español han ejercido actuaciones contrarias, como en el caso italiano, al suspender las normas del sistema Schengen, que permite la total libertad de movimientos en el seno de la Unión.

La oposición entre las medidas restrictivas que imponen las fronteras y las necesidades de las personas que buscan una mejora en sus condiciones económicas, de trabajo o de asilo genera conflictos que se extienden por todo el mundo, pero que en el caso de África y Europa ascienden hasta la persistencia. No es aventurado predecir que las medidas restrictivas solo consiguen retrasar el problema y, por lo tanto, han de generarse actuaciones de otro tipo, como las inversiones para el desarrollo de los países de origen.

No obstante, la distancia y la desconfianza hacia los diferentes constituyen una realidad tanto en las sociedades antiguas como en las de nuestro tiempo. Según se afirma, los factores emocionales, construidos a partir de la oposición entre «ellos» y «nosotros», alimentan una lógica identitaria que es difícil de combatir con argumentos racionales y con los conocimientos obtenidos por las ciencias sociales (Noiriel, 2026).

En Europa ha tenido lugar un tropiezo con Islandia: este pequeño país de 402.000 habitantes, de alta renta, ha decidido mediante referéndum no incrementar su participación en la Unión Europea, por un escaso margen (52,8 % frente a 47,2 %). En consecuencia, no se reanudarán las negociaciones de adhesión de este país, que hubiera sido considerado un contribuyente neto debido a su alta renta. La cuestión pesquera parece que ha sido determinante en la decisión de los electores islandeses, que ya pertenecen al Espacio Económico Europeo y al área Schengen.

Habrá elecciones sucesivas en Europa durante el año 2027, con grandes posibilidades de que opciones políticas de extrema derecha, alejadas de los gobiernos desde la Segunda Guerra Mundial, accedan a la presidencia de la República en Francia y Alemania. Simultáneamente, se suceden incidentes calificados como un ataque perpetrado con material de uso militar por agentes rusos en territorio de la UE, destacando en Alemania el incidente con un dron ruso y un avión ucraniano.

A la presión migratoria a la que está sometida Europa —no solo en el Mediterráneo, sino también procedente de otros continentes como América— se une la actividad de algunos partidos reacios a admitir a quienes proceden de otros países. Sin embargo, la racionalidad económica demuestra la necesidad que tienen las economías más desarrolladas, cuya media de edad no hace más que aumentar, de recibir personas dispuestas a participar en el mercado de trabajo.

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