Un Comité Federal entre la farsa y la tragicomedia
REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA
En la política española, hay días que no están pensados para resolver problemas, sino para representarlos. El Comité Federal del PSOE celebrado el 5 de julio de 2025 quedará como uno de esos días donde el telón sube no para regenerar, sino para representar —con mejor o peor destreza— la comedia de las apariencias.
Pedro Sánchez, siempre fiel a su papel de protagonista absoluto, tomó la palabra entre aplausos previsibles y pocos silencios incómodos ¿Es eso asentimiento a la gestión a la crisis organizacional? Su arranque, calculadamente humano “Yo también soy humano” enfatizo, dejó claro el tono: “tengo el corazón tocado”. No fue un gesto de autocrítica valiente que es lo que hay que esperar de un líder, sino el primer acto de una función en la que el dolor personal se convierte en coartada política. Nada nuevo, como están cercanas las vacaciones no se cogió días libres.
Mientras el partido sigue chapotendoa en los escándalos que afectan a Santos Cerdán, José Luis Ábalos y otros antaño imprescindibles, el secretario general escogió un guion viejo pero efectivo: confesión sentimental, anuncio de medidas regeneradoras, reparto difuso de culpas (nosotros somos menos corruptos que otros), y firme negativa a dimitir, el capitán no abandona el barco. Aquí me surgen dos historias de capitanes intrépidos, la de Ahab el de Moby Dick el monomaniaco cazador de ballenas[i] Y el capitán del Caine, Philip Francis Queeg Un capitán inestable somete a su tripulación a tiranía, llevándolos al motín y a un juicio que revela su tormento interior. Ambas historias no terminan bien para los capitanes.
En cuanto a las medidas, omo si el número de las medidas tuviera poderes mágicos, Sánchez presentó un paquete de trece propuestas anticorrupción, y aderezó el discurso con ataques previsibles, lo lleva en la sangre, al PP y a Vox, a quienes atribuyó “prácticas corruptas estructurales”, y con un fervoroso alegato feminista que, más que convicción, sonó a cortafuegos y a burda utilización del feminismo.
El recurso final, como siempre, fue el catálogo de logros gubernamentales: más empleo, contratos indefinidos, ampliación de derechos… todo ello presentado como la última barrera ante la debacle. Pero ni los indicadores económicos ni los discursos encendidos bastan para ocultar que lo que se vivió en ese salón fue otra cosa: un acto de pura supervivencia personal, disfrazado de regeneración colectiva. Los lectores de historia sabrán que cuando en el Politburó del PCUS se presentaban “los planes quinquenales” eran precedidos un profuso detalle de los logros alcanzados. Claro, eso no significaba que los gulags estuvieran a reventar, pero de eso no se hablaba en el Politburó.
Porque en esta función, como en las viejas tragedias griegas y las decisiones del PCUS, los dioses y Iósif ya han dictado su sentencia. Solo queda saber quién se atreverá a leerla en voz alta.
La responsabilidad política como obligación personal
Y ahí está el nudo central de la tragicomedia: el rechazo de Sánchez a ejercer la responsabilidad política auténtica.
Desde una óptica socialdemócrata, la responsabilidad política no es un ejercicio de marketing emocional ni un lamento televisivo. Es una práctica moral ineludible, que exige asumir las consecuencias de los actos propios o de quienes uno coloca en posiciones de poder. Y si esa responsabilidad no se asume, la política pierde su dimensión ética y el partido, su credibilidad.
En democracias avanzadas, como las escandinavas o la alemana, la dimisión no es un castigo, sino un gesto higiénico, una defensa de la institucionalidad. Tenemos muchas, pero me quedaré con una más conocida, la de Willy Brandt. Ellos entendieron que a veces es necesario marcharse para salvar lo que representas. Esa es la diferencia entre un líder de izquierda con conciencia histórica y un mero gestor de poder.
El discurso del 5 de julio, si fue un perfecto manual de cómo evitar esa responsabilidad. Sánchez reconoció sentirse “tocado”, pero no “hundido”, como si su permanencia fuera una cuestión de resistencia anímica y no de responsabilidad institucional. Elude la autocrítica real mientras protege su cargo con la coartada de que “ahora no es el momento”.
Pero en política, los tiempos los marca la responsabilidad, no la conveniencia personal.
3. Renovación de la ejecutiva: el decorado inmóvil
El segundo gran acto de este Comité Federal fue la supuesta “renovación” de la dirección del PSOE. Un reparto de cargos diseñado, como siempre, con precisión quirúrgica para reforzar el control personalista.
Sánchez sustituyó nombres, sí, pero solo para colocar a personas directa y personalmente vinculadas a él. Amistades, lealtades de vieja data, fieles incondicionales. Ningún gesto de apertura hacia sectores críticos o voces alternativas. Todo quedó en familia.
Cuando todo el poder del partido reside en un círculo íntimo, sin contrapesos ni ideológicos, ni territoriales como sucede ahora la responsabilidad por sus actos es intransferible. Nadie más puede cargar con las culpas. Sánchez ha diseñado el partido para blindarse, pero esa misma arquitectura hace que, cuando el castillo se tambalea, no haya a quién culpar más que a él mismo. Lo que presentó como renovación fue, en realidad, una mutación conservadora.
Prostitución, acoso y el espejismo de la regeneración moral. Sánchez ha caído en un doble error:Primero, ha intentado reducir el problema a la esfera privada partidaria, como si el uso de prostitutas con fondos públicos o el acoso sexual en la estructura del partido fueran simples “asuntos personales”.
Segundo, presentó las medidas punitivas como un acto de limpieza interna, sin explicar cómo ha podido rodearse durante años de personas con esas conductas, en derecho eso se llama “el colaborador necesario”. O sabía lo que ocurría —lo que es gravísimo— o no sabía nada —lo que es igual de inaceptable para un líder político.
En cualquier caso, resulta inverosímil que quien lleva años compartiendo mesa, despacho y estrategia con estos dirigentes no conociera, al menos, sus inclinaciones personales o prácticas reprochables. A que grado de candidez personal hemos llegado, que callemos es otra cosa.
Además, penalizar la prostitución como símbolo regenerador tiene, sin duda, algo de hipocresía populista. El PSOE debería debatir con seriedad sobre ética pública, no caer en moralismos punitivos que sólo sirven para que unos pocos se presenten como justos entre pecadores. Como perseguidos por las camisas negras o por los felones internos.
[i] Como saben nuestros lectores: El tiempo convirtió la determinación de Ahab en una obsesión furiosa por Moby Dick. Desoyendo los peligros inherentes a la caza ballenera, arrastró a su tripulación por vastos océanos, exponiéndolos a riesgos constantes. Los marineros, divididos entre la fascinación por la ballena y el terror al capitán, siguieron a Ahab ciegamente hacia un desenlace épico y fatal.
El motín del Caine. Recuerdan la historia un capitán, de la Armada norteamericana, inestable, somete a su tripulación a una obsesiva relación de amor vs.odio hacia el mando, a la tripulación, llevándolos al motín y a un juicio que revela su tormento interior
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