La política que permanece, especialmente cuando está relacionada con la gestión pública, es siempre producto de un pacto entre las diversas fuerzas e intereses. La imposición de una solución tiene vocación de cambio, la decisión pactada, de duración y, frecuentemente, de permanencia.
Entre los trabajos y responsabilidades que pueden desarrollarse en las administraciones públicas, destacan los relativos a los gabinetes de los altos cargos y, en especial, la jefatura del gabinete. Los hay de muchos tipos, pero entre ellos hay dos que son especialmente estresantes, incluso agobiantes, y que logran ocupar todas las horas del día. Los problemas que habitualmente necesitan la actuación de los gobiernos tienen carácter transversal y por ello, las competencias conciernen a varios organismos y los intereses pueden ser diferentes y habitualmente contrapuestos.
Uno de los perfiles de los gabinetes se refiere a quien dirige la imagen del alto cargo y se encarga en consecuencia de todas sus apariciones públicas, incluyendo sus intervenciones parlamentarias e incluso las declaraciones, que cada vez con mayor frecuencia la prensa les exige a los responsables políticos. A ello hay que añadir la redacción o supervisión de la participación en las redes sociales que, frecuentemente, tienen mayor importancia que las actividades presenciales. Hoy, la comunicación política se desarrolla tanto por medio de declaraciones y entrevistas como por mensajes en las redes sociales. O ambas a la vez.
Sin embargo, hay otro rasgo que es más importante si cabe y que concierne a quienes dirigen, coordinan y, especialmente, solucionan diferencias de parecer o conflictos internos en las organizaciones políticas. Es el caso de quienes en lo que se denomina el Centro del Gobierno (entorno de la presidencia o del primer ministro en los regímenes parlamentarios no presidencialistas) ejercen las jefaturas de gabinete. Realizan, en ocasiones incluso asiduamente, auténticas labores de sustitución del gobierno, por delegación consciente del titular, en aquellos asuntos especialmente delicados o de solución consensuada. Estos asuntos existen en los gobiernos de forma permanente a causa de la división competencial entre los departamentos o por la presencia de diferencias políticas , especialmente visibles en los gobiernos de coalición, pero también en los gobiernos monocolores. Los estudios actuales refieren esta situación como “interferencias complejas, el surgimiento de interacciones inesperadas entre programas o políticas ya sea de la propia organización o, más habitualmente, entre diferentes organizaciones públicas, generan resultados no previstos de la actuación pública”. (Ramió y Salvador. 2025).
Los jefes de gabinete deben hacer discursos, porque el titular no tiene tiempo, pues debe cada día atender a diversas obligaciones donde debe pronunciar unas palabras. Redactar o establecer las líneas esenciales de la disertación es también una de sus obligaciones, donde hay que ponerse en lugar del titular, teniendo en cuenta las circunstancias políticas y la coyuntura, además del estilo deseado.
Estas reflexiones vienen a cuento por el fallecimiento de José Enrique Serrano, jefe de gabinete de Felipe González y Jose Luis Rodríguez Zapatero, al que el Congreso de los Diputados español rindió un sentido homenaje unánime por parte de los diputados de todos los partidos políticos. Dado el clima actual del parlamento español, que sufre actualmente un ambiente especialmente agresivo, el hecho resulta estimable y desacostumbrado. También se recuerda su actividad de composición de pactos con potras fuerzas políticas, necesarias para la conformación de las mayorías necesarias.
Un aspecto de su trabajo al frente del gabinete, donde tuvo como adjunto a Enrique Guerrero, hay que destacar: su paciencia, no exenta de cordialidad, para lograr el acuerdo de los contendientes en la materia política o administrativa de referencia. En efecto, con una paciencia infinita era capaz de lograr que los adversarios irreconciliables, transcurridas varias rondas de discusión se plegaran a la solución propuesta. No habría repercusiones negativas en caso de subsistir el diferendo, pero todos eran conscientes de la inmediata y necesaria solución.
Es probable que lo más difícil del trabajo del jefe del gabinete sea establecer la posición adecuada, sin aplastar dialécticamente a quienes defienden otras opciones y lograr que finalmente, al acabar la reunión, nadie se considere hundido por los rivales, aunque estos sean coyunturales. En este tema ha de ejercerse un liderazgo natural que sea reconocida por todos.
Otro aspecto de relieve es la inagotable capacidad de huida ante la relevancia pública de su trabajo. Le interesaba la solución, en absoluto el protagonismo de haberla encontrado, asunto que dejaba a los contendientes. El resultado de su trabajo era contar con más aliados después de la reunión. Cada uno había cedido, pero el resultado generaba cierta satisfacción que, a veces, pregonaban olvidando al hacedor.
En fin, una pérdida que no por sentida dejará de ser recordada, más allá de estos avatares políticos que nos llevan desde bombardeos a plantes judiciales, políticas antiinmigratorias y escándalos de corrupción. Como ya se escribió en el siglo XVII, “hay que contentarse con hacer y dejar para otros hablar” (Baltasar Gracian,1647).
@fjvelazquez.bsky.social
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