miércoles 12 agosto, 2026

Elecciones autonómicas: el orden puede alterar el resultado

Observatorio electoral de La Discrepancia

Enlazando con la entrega anterior (“Estimaciones en elecciones autonómicas”), vamos a abordar en este caso una cuestión que podemos llamar el efecto secuencia. Como ustedes saben, las elecciones primarias norteamericanas están sujetas a un estricto calendario que establece su inicio en el mes de enero, que se celebran elecciones en algunos pequeños estados, y terminan el mes de junio. Entremedias, el gran día del calendario viene marcado por el “supermartes” del mes de marzo, cuando coinciden elecciones en varios estados. Un tema de debate frecuente es de qué manera el calendario influye en el resultado final, pues no sería lo mismo empezar con elecciones en el pequeño estado de New Hampshire que empezar en California, toda vez que este gran estado podía tener un efecto de arrastre sobre el resto de los estados que New Hampshire nunca conseguiría, como lo prueba el hecho de que en 2024 se celebraron elecciones meaningless (irrelevantes) en las que el nombre de algunos candidatos ni siquiera aparecía.  

          Sabemos en nuestro caso que el próximo año se han de celebrar elecciones en Castilla y León, seguidas de las andaluzas, pero se baraja también la posibilidad de algunos posibles adelantos como consecuencia de las dificultades que pueden tener algunas CCAA para aprobar los presupuestos, por no hablar del caso valenciano, donde la situación es incierta por razones bien conocidas. Si tenemos en cuenta, por otro lado, que la situación nacional es tanto o más incierta por razones que tampoco hace falta recordar, podemos especular sobre cuál sería el calendario más favorable para cada uno de los partidos en liza. Pero antes conviene recordar la conclusión final de nuestra entrega anterior. Apoyándonos en la encuesta de “Tendencias y demandas municipales y autonómicas” realizada por el CIS el pasado mes de marzo, concluíamos nuestra estimación de la siguiente manera:

  • “El PP podría conseguir mayoría absoluta en seis de las once CCAA que aparecen en la tabla adjunta (Madrid, La Rioja, Andalucía, Murcia, Cantabria y Extremadura, por orden de probabilidad). El PP podría necesitar a Vox en otras tres CCAA: Aragón, Castilla y León y Valencia. De las dos CCAA donde gobierna el PSOE, la continuidad de Barbón en Asturias dependería de que las fuerzas a su izquierda consiguieran representación, cosa que no está garantizada. Por último, el único líder socialista que podría seguir gobernando por sí mismo sería García-Page.”

Con estas premisas, parece evidente que no es lo mismo iniciar el ciclo electoral en una comunidad donde el PP puede conseguir mayoría absoluta que en otra donde el PP necesita el concurso de Vox para seguir gobernando. Por poner un ejemplo, no sería lo mismo adelantar elecciones en Valencia alegando que Vox obstaculiza la aprobación de los presupuestos que adelantarlas en Andalucía aprovechando que la vicepresidenta Montero está atrapada en la discusión del “cupo catalán” y que, por ende, Juanma Moreno puede permitirse otro paseo militar. Quiero decir con esto que una segunda mayoría absoluta del PP en Andalucía podía tener un efecto de arrastre incomparable al de dejar al PP valenciano de nuevo en manos de Vox.

          Desde esta perspectiva, lo más parecido al “supermartes” USA sería una convocatoria andaluza que estuviera situada no a mediados del calendario (en principio, las elecciones andaluzas tocan en junio), sino como punto de arranque de todo el proceso, es decir en enero-febrero, las cuales despejarían el camino a Fernández Mañueco en Castilla y León (que tiene previsto convocar para el mes de marzo), el cual tendría así la posibilidad de resarcirse del fiasco de 2022, cuando el respaldo de Pablo Casado solo le sirvió para sustituir a Ciudadanos de Francisco Igea por el Vox de García-Gallardo. Y ya puestos a imaginar, supongamos que alguna de las CCAA donde el PP tiene a su alcance conseguir mayoría absoluta (Murcia, Extremadura, etc.) se anima a seguir la estela y convoca para los meses de abril o mayo. ¿Verdad que no tengo que decirles el resultado de esta secuencia? Cualquiera se lo puede imaginar, sin necesidad de recurrir al “Manual de resistencia”. No creo que el PSOE pudiese aguantar hasta el mes de junio esta tortura, así que solo hay una manera de cortar la hemorragia: convocar elecciones generales cuanto antes.   

 

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