Juan de Justo Rodriguez
La política exterior ha dejado de ser un ejercicio de protocolos para convertirse en una arena de extorsión abierta. Las recientes amenazas de Donald Trump contra España, vinculando la permanencia y el uso de las bases militares estadounidenses (Rota y Morón) con represalias comerciales, no son diplomacia: es matonismo de casino. Sin embargo, la respuesta —o la falta de ella— del Gobierno español revela una grieta profunda en la solidaridad europea que no podemos ignorar.
1. El error de Trump: La UE no es un menú a la carta
Trump incurre en un error estratégico fundamental al tratar a España como una isla comercial. Cualquier amenaza arancelaria o sanción dirigida a Madrid por cuestiones de defensa es, por definición jurídica y económica, un ataque al Mercado Único. Estados Unidos debe entender que no está negociando con un satélite, sino con un bloque. Intentar doblegar la soberanía española mediante el chantaje económico es un insulto a una alianza de décadas, pero este argumento pierde fuerza cuando España, de puertas para adentro, flaquea en sus propios compromisos.
2. La hipocresía de la defensa selectiva: ¿Ucrania sí, Chipre no?
Aquí reside la crítica más dura hacia el Ejecutivo español. No se puede reclamar el amparo de la OTAN y la UE mientras se arrastran los pies en la defensa de los socios más vulnerables. El reciente ataque a Chipre, Estado miembro de la Unión Europea, ha puesto de manifiesto una doble vara de medir insostenible.
Resulta inexplicable que España mantenga un discurso de firmeza y entrega de material militar en el frente de Ucrania —un aliado estratégico, pero no miembro del bloque— mientras se muestra esquiva o tibia cuando la soberanía de un «hermano» de la UE como Chipre es vulnerada. ¿Por qué el compromiso con Kiev es innegociable y el compromiso con Nicosia es burocrático? Esta inconsistencia erosiona la credibilidad de España en Bruselas y da argumentos a quienes, como Trump, nos acusan de ser «aliados de conveniencia».
3. Las Bases: Un deber de defensa, no una moneda de cambio
El Gobierno español parece olvidar que formar parte de la OTAN y de la UE no es solo disfrutar de un paraguas de seguridad; es ser el paraguas para otros. El uso de las bases de Rota y Morón no debe ser objeto de un regateo ideológico constante. Si España aspira a ser un actor relevante, debe entender que la defensa de un miembro de la UE es su propia defensa.
Cualquier colaboración militar necesaria para proteger a un socio europeo debe ser automática. La crítica política —legítima y necesaria— sobre el «cómo» o el «hacia dónde» viene después. Pero hoy, al obstruir o condicionar la capacidad de respuesta de la Alianza ante crisis que afectan directamente a suelo europeo, el Gobierno español se aparta de su deber fundacional.
Conclusión: Una soberanía que se defiende con coherencia
No podemos permitir que Trump use a España como saco de boxeo para sus guerras comerciales. Pero tampoco podemos pretender que Europa sea una unión de defensa si, cuando un socio es atacado, miramos hacia otro lado o ponemos trabas logísticas a nuestros aliados.
España debe elegir: o es el bastión sur de una Europa unida y decidida, o es un eslabón débil que justifica, con su ambivalencia, los ataques de quienes prefieren ver un continente fragmentado. La solidaridad europea no es un plato que se sirve según el gusto del Gobierno de turno; es la única garantía de nuestra supervivencia.
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