En los últimos días han sucedido una serie de actos vandálicos en Barcelona y Bilbao en los que personas encapuchadas, más de la mitad de ellas menores de edad, han protagonizado quemas de vehículos y enseres urbanos y, en el caso de Barcelona, asaltos y robos a numerosos comercios de productos electrónicos, joyas y ropa de marca, entre otros. Los hechos siguen un patrón muy similar a otros sucedidos recientemente en Francia e Italia: se convocan en redes sociales a través de perfiles anónimos, se encuadra a los usuarios en grupos privados de WhatsApp y Telegram y desde allí se les imparten instrucciones sobre los lugares a asaltar, la ropa a utilizar y cómo deshacerse de las herramientas empleadas en los asaltos.
La policía está investigando quiénes pueden estar detrás de estas convocatorias, que demuestran una alta organización y un gran conocimiento profesional a la hora de borrar el rastro de los perfiles. La etiqueta utilizada por estas cuentas —“Blocus”— es la misma usada en los altercados de Francia y corresponde a un término francés que significa bloqueo. Aunque en la convocatoria se invocaba un pretexto educativo, en ningún caso hubo manifestaciones previas sobre el particular y los vándalos de Barcelona procedieron directamente a los saqueos. En el caso de Bilbao, los manifestantes protestaban por un acto anunciado del ultraderechista Vito Quiles que no llegó a realizarse. Los tecnólogos que siguen el movimiento en redes consideran que quienes lo crearon tienen un interés político o geopolítico. En Italia, los servicios de inteligencia investigan la posible intervención de actores extranjeros en la agitación de las protestas.
Mi conjetura, dado el patrón, la profesionalidad de los convocantes y la extensión europea del fenómeno, es que detrás del mismo hay una potencia extranjera con decenas o centenares de ciberactivistas a sueldo. Extiendo la sospecha al asalto de la frontera entre Marruecos y Ceuta de este verano, cuya convocatoria siguió el mismo patrón. Entramos en un largo periodo electoral que empieza en noviembre en España y luego seguirá en Francia, Suecia y Alemania, entre otros. ¿Quién puede estar interesado en condicionar todos estos procesos, sembrando el caos para que los electores culpen a sus respectivos gobiernos? Obviamente, Rusia, que no ha parado de realizar ciberataques, sabotajes a infraestructuras y violaciones del espacio aéreo europeo desde que comenzó su agresión a Ucrania y Europa se comprometió en su defensa.
En todo caso, parece obvio que el gobierno español no tiene ningún interés en justificar, ni en modo alguno alentar, estos procesos desestabilizadores. Y menos aun en periodo electoral. No solo los ha condenado sin paliativos, sino que, tanto los ministros como el presidente de la Generalitat, han prometido que los culpables serán perseguidos con todo el peso de la ley. Y a los detenidos, o a sus tutores legales en el caso de menores, se les hará pagar los desperfectos ocasionados, además de las multas o condenas que correspondan.
Por eso, demuestra mucha iniquidad y una gran miseria política que las derechas españolas estén utilizando los sucesos para culpabilizar al gobierno de ellos. Siguen algunas perlas de lo que hemos escuchado estos días. Feijóo: “La intención es evidente, los discípulos del muro no quieren paz en las calles. Ya lo advirtieron, están sembrando el odio porque saben que van a perder. Se están resistiendo a abandonar el poder con violencia. Sánchez está jugando con fuego”. Álvarez de Toledo: “Era cuestión de tiempo que surgieran cachorros dispuestos a practicar lo que sus mayores justifican. Ya tiene Sánchez su kale borroca. Los neoetarras son hijos de Bildu y Sánchez. La factura de los destrozos a Ferraz”. Abascal,: “Sánchez es capaz de ordenarles de todo para evitar el cambio, incluso el terrorismo callejero o la destrucción de nuestras ciudades”.
Según el Diccionario de la RAE, la iniquidad es un acto de extrema maldad y una injusticia moral. Las derechas tienen toda la legitimidad para desear llegar al poder, pero hacerlo de este modo es degradante para ellas y letal para la normal convivencia democrática. Denota que están dispuestos a jugar cualquier baza, cualquier pretexto, aunque sepan que es falso. No contentos con el insulto y el bulo, ahora también manipulan la indignación de los ciudadanos ante los graves hechos mencionados. Ello denota un gran nerviosismo ante las elecciones, además de una total falta de escrúpulos.
La Transición de la dictadura franquista a la democracia, no solo supuso el final de que una parte de España se impusiera a sangre y fuego sobre la otra, sino sobre todo la voluntad de convivir juntas, de aceptarse mutuamente como españoles con los mismos derechos y de resolver las diferencias ideológicas y de intereses por métodos democráticos. La ultraderecha de Vox hace mucho tiempo que rompió ese pacto, hablando de las izquierdas o de los nacionalistas catalanes y vascos como los enemigos a abatir, como la antiespaña. Desgraciadamente, el PP ha ido adoptando progresivamente esas mismas formas y su discurso actual no se diferencia apenas del de Vox. Su única proclama es abatir como sea al odiado gobierno de Sánchez, al que también considera enemigo de España, empleando para ello cualquier medio, incluidos el insulto, la mentira y la manipulación.
En ese camino, las derechas están sembrando de nuevo las semillas del odio entre españoles y cercenando la convivencia democrática que tanto nos costó recuperar. Ojalá que sus desmesuras para alcanzar el poder no nos pasen factura.


