lunes 2 noviembre, 2026

El Sáhara después del veto ruso: ¿el final de una etapa o el principio de una solución?

Lo ocurrido el 30 de octubre en el Consejo de Seguridad no es un episodio más de la larga historia diplomática del Sáhara. Por primera vez, Rusia utilizó su derecho de veto para bloquear una resolución estadounidense sobre el conflicto, mientras que Washington hizo lo propio, poco después, con la propuesta rusa. El resultado fue inédito, el Consejo de Seguridad no consiguió renovar el mandato de la MINURSO, cuya vigencia expiraba al día siguiente.

El hecho adquiere una dimensión todavía mayor porque el texto estadounidense iba más lejos que las resoluciones anteriores, situaba la propuesta marroquí de autonomía como base para continuar las negociaciones y planteaba una transformación de la misión, incluida la desaparición de la referencia al referéndum de su denominación. El proyecto ruso defendía, en cambio, una prórroga técnica de la MINURSO durante un año, manteniendo su mandato y su nombre actuales.

¿Por qué Rusia pasó de la abstención del año pasado al veto de este año? Ésta es probablemente la primera gran pregunta. Moscú sostiene oficialmente que el proyecto estadounidense podía prejuzgar el resultado de las negociaciones y que cualquier solución debe ser aceptada por Marruecos y el Frente Polisario. Pero detrás de esta explicación jurídica y diplomática pueden existir, como ya sugieren distintos analistas, cálculos geopolíticos más amplios.

Hay, además, una segunda cuestión que resulta todavía más interesante, ¿estaba Rusia simplemente defendiendo la continuidad de la MINURSO o intentando impedir que Washington cambiara unilateralmente las reglas del juego? La secuencia de los acontecimientos —veto ruso, presentación inmediata de un texto alternativo y posterior veto estadounidense— apunta a una confrontación que supera el expediente del Sáhara y se inscribe en la rivalidad más amplia entre las grandes potencias.

En Rabat, sin embargo, la lectura fue radicalmente diferente. El comunicado del Gabinete Real consideró la no renovación de la MINURSO como un paso significativo hacia el cierre definitivo del expediente del Sáhara marroquí en Naciones Unidas y anunció que la presencia de la misión en las provincias del sur debería terminar en los próximos días.

Pero convertir este momento diplomático en una nueva realidad política exigirá probablemente mucho más que la salida de los cascos azules, requerirá definir ¿qué mecanismo sustituirá a la misión, cómo continuará el proceso político y qué papel conservarán Naciones Unidas y su enviado personal?.

Y aquí aparece la paradoja central de esta jornada, Rusia bloqueó el texto estadounidense, pero el fracaso simultáneo del texto ruso produjo precisamente el escenario que Moscú quería evitar, la desaparición, al menos provisional, de la MINURSO.

¿Estamos, por tanto, ante el final de la misión o ante una pausa que puede desembocar en una nueva fórmula? La respuesta todavía no está escrita. Naciones Unidas podría intentar una nueva negociación de urgencia para encontrar una fórmula de continuidad, mientras Washington podría presentar un texto revisado que preserve el núcleo político de su propuesta y busque evitar un nuevo veto. También es posible que se abra una negociación más amplia sobre una nueva misión, con funciones predominantemente políticas y diferentes de las que tuvo la MINURSO durante sus 35 años de existencia.

Pero existe una posibilidad aún más delicada, que lo sucedido sea el comienzo de una nueva batalla diplomática entre Washington y Moscú sobre quién fija los parámetros de la solución. En ese escenario, el Sáhara dejaría de ser únicamente un conflicto regional para convertirse, todavía más claramente, en un espacio de competición entre grandes potencias.

Y aquí aparece también Argelia. Algunos análisis publicados tras la votación interpretan la posición rusa como estrechamente vinculada a los intereses argelinos; esa lectura, sin embargo, debe ser considerada una interpretación política y no una conclusión demostrada.

Por eso, más que preguntarnos si el veto ruso fue una victoria o una derrota para alguien, quizá convenga formular una pregunta diferente, ¿ha terminado realmente la etapa de la MINURSO o estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo marco para este conflicto?

Queda, finalmente, una pregunta que España difícilmente podrá esquivar,¿qué papel le corresponde en esta nueva etapa de la cuestión del Sáhara, siendo la antigua potencia administradora del territorio y, al mismo tiempo, un país cuya política interior sigue estando profundamente atravesada por sus relaciones con Marruecos?

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