Los madrileños tenemos la desgracia de haber tenido que soportar, en sucesivos gobiernos, a la parte más radical del PP, caracterizada por su fanatismo ideológico. Sus dirigentes perciben lo público como un mercado desaprovechado para los negocios:
Ya no se aspira a derrotar al adversario en las urnas, sino a eliminarle, política o incluso físicamente. Si la otra parte reaccionase del mismo modo, el precipicio estaría servido. Ese es el camino emprendido por Trump y el que sus aprendices de brujo a este lado del Atlántico aplauden con entusiasmo.