jueves 13 agosto, 2026

La agonía de las tortugas

Una de las costumbres más siniestras, crueles y espantosas de las que he tenido noticia, se centra en la costumbre de los antiguos barcos que, con el fin de contar con carne fresca en las largas singladuras, cortaban, día a día y con toda calma, filetes de las tortugas marinas que se conservaban con vida a pesar de esa lenta tortura a la que eran sometidas. Pues bien, cada día me enfrento con esa imagen mientras oigo noticias sobre la lenta y metódica eliminación del pueblo palestino a manos de sus torturadores. No sólo es genocidio, es sadismo, tortura, crueldad infinita que va eliminando población al lento ritmo de una venganza impensable.

Tras más de 700 días de masacre, Israel se me asemeja a esos antiguos navegantes que, con precisión de cirujanos, van mareando a la población palestina llevándola de un matadero a otro para tener un buen blanco que amortice la munición gastada en la eliminación humana y destrucción completa de toda la zona. Las imágenes, las noticias y la angustia, se van desplegando poco a poco, con método y frialdad sin que nada nos permita evadirnos de esta pesadilla diaria, de esa sensación angustiosa con la que iniciamos nuestros tranquilos días alejados del horror.

Día por día nos llega el goteo del conteo de los muertos; las llamadas de angustia; las carencias de los hospitales, pero la manta de iniquidad sigue pesando sobre nuestros espíritus amenazando asfixia. No hay luz de esperanza, nada que pueda aliviar nuestra angustia: morirán, serán borrados de la faz de la tierra sin que haya posibilidad ninguna de evitar la muerte, pero antes deberán sufrir el miedo de saberse condenados por los que dirigen esa perversa operación diaria: la tortuga acabará muriendo, pero todavía sufrirá diariamente por los cortes del carnicero buscando sus filetes; los filetes que alimentarán el odio y la venganza.

No hay empatía, sólo el cumplimiento de la amenaza divina que habla de devolver su venganza al ciento por uno. Ese dios bíblico terrible y sanguinario se hace presente en lo que hoy nos llega: mía es la venganza y el ejército de Israel se transmuta en la mano ejecutora de esa cólera que trasciende lo humano y algunos colocan en el plano de lo religioso para exculparse. No puede haber olvido, no puede haber perdón para lo que estamos viviendo desde la impotencia y la cólera silenciosa que aspira, sin conseguirlo, a la acción, a la ayuda, a la evitación de ese destino inmisericorde.

Dudo que Dante pudiera imaginar pena alguna en sus círculos infernales que alcanzara a lavar o castigar la culpa de los responsables de lo que vemos estos días de furia. El pueblo palestino se ha convertido, hoy, en esa moderna tortuga lentamente descuartizada que sueña con el descanso de la muerte una vez perdida la esperanza. Estamos lejos, pero los silenciosos gritos de su agonía ocupan nuestras noches y nuestras peores pesadillas.

P.D.- Hamás es también responsable de esta carnicería y comparte culpa con los verdugos de un pueblo que ellos han convertido en rehén de su locura. También a ellos debería llegarles el desprecio, el castigo y la responsabilidad de lo que han desatado, no tengo la menor duda.

Titulares

Un amigo, veterano profesor universitario recién jubilado, anda con la idea de formar a las nuevas generaciones y reforzar su pensamiento crítico, imprescindible para navegar el absurdo piélago de barbaridades que circulan por el universo en general y el de internet en particular. Obviando lo que todos conocemos sobre la desinformación que domina las redes sociales, me voy a centrar en la llamada “prensa convencional”, esos medios antes serios y rigurosos y hoy entregados al más absoluto sensacionalismo difundiendo contenidos tendenciosos que sólo aspiran a reforzar el sesgo de información de los entregados a la causa. Eliminados los incómodos periodistas poco dúctiles, prestigiosos y serios, ven el campo despejado para su verdadera vocación de manipuladores.

Elijo, casi al azar, un titular de La Razón que trata de pegar un malévolo arponazo a la deseada atención de los incautos: “La NASA anuncia el descubrimiento de vida en Marte con un alto grado de confianza.” Luego, una vez el incauto es llevado al interior del artículo, la verdad puede resumirse en este párrafo: “El contexto de baja temperatura favorece una química compatible con la vida, pero no la requiere” Es decir, que lo encontrado puede deberse a cualquier causa y no tiene nada que ver con el titular que ha redactado un tal Alvaro García con el beneplácito de un redactor jefe o del propio director del diario.

Me gusta este ejemplo porque se coloca fuera de la guerra política actual y sirve, perfectamente, para ilustrar el espantoso estado de la información en España y el mundo en general. Nadie, con un mínimo de rigor y seriedad ha abroncado a ese ¿periodista? por el titular elegido, sin duda, y lo han lanzado alegremente pensando que subirían los “clicks” y, por tanto, los ingresos publicitarios provenientes de anunciantes cuyo rigor, en general, también es cuestionable y que podría ser objeto de una verdadera monografía. Tras las posiciones más cotizadas, el vagón de cola está formado por sitios de citas, dos, consejos de jubilación claramente engañosos y algo relacionado con una IA que busca pardillos para sacarles el dinero. Cuando la prensa era seria, estos anunciantes no hubieran aparecido en ninguna edición de papel que se preciara.

El pensamiento crítico no sólo es necesario, es que resulta imprescindible partir de la base de que lo que nos ofrecen estos medios deben ser contrastado una y mil veces antes de pensar en la remota posibilidad de que sean ciertos. Como eso es un trabajo ímprobo, la mayoría de nosotros acabamos por “surfear” titulares para conseguir configurar un paisaje diario con el que, más o menos, estamos satisfechos sabiendo que estamos expuestos a la imperiosa necesidad de mudar de opinión, criterio o posición. La cosa es tediosa y da trabajo, pero en el fondo, muy en el fondo, nos ofrece una extraordinaria oportunidad de trabajar nuestra humildad y la alegría de comprobar que, con los datos adecuados, nuestra cabeza opta por la lógica de aceptar la realidad con espíritu deportivo.

Ser crítico no implica tener razón, antes bien implica que aceptamos la posibilidad de cambiar lo que creemos y eso, de verdad, es fundamental para mantener la cabeza en orden y el espíritu limpio de dogmas, manipulaciones y titulares repugnantes que nos acechan cada vez que abrimos el navegador. La realidad y los datos deberían ser el único objeto de búsqueda si queremos mantener la cabeza a salvo.

Eppur si muove

Esta frase de Galileo, pronunciada tras su oficial retractación acerca del movimiento de la tierra en torno al sol, refleja que el movimiento mantiene sus leyes a pesar del empeño que pongamos en negarlo. Algo así me está pasando a mi con respecto a mi impaciencia por aplaudir los movimientos internacionales, especialmente de la UE, para sancionar, aislar y, a ser posible, castigar a Israel como a todas luces merece. A mi me parece que nada se mueve, pero…se van dando pasitos y, lo que parece más importante, crece la marea popular que rechaza eso que está pasando en Gaza, muy por encima de la denominación que cada cual le otorgue.

Somos varios los países que hemos reconocido al estado palestino; otro puñado rechaza ir o emitir Eurovisión si israel está presente; hasta Meloni se baja del carro del apoyo y ya se define..y mañana está previsto aprobar una postura seria de la UE recortando sustancialmente los acuerdos comerciales. España, a partir de los sucesos de la Vuelta, ha desvelado un sentir popular muy aplaudido en Europa desde la derecha y la izquierda, aunque algunos han abroncado a Sánchez por apoyar las protestas. Como en las competencias de “tirasoga”, algunos ya pisan fuerte y bien y otros comienzan a deslizarse agarrados a su lado de la cuerda aunque ya saben que van a perder.

Por mucho que algunos piensen que abandonar ahora el apoyo a Israel es propio de esas ratas que abandonan el barco, si yo estuviera en sus zapatos mudaría el discurso, la postura y recogería velas buscando los vientos más favorables: creo, sinceramente lo creo, que los recalcitrantes van a pagar ese apoyo y el olvido de las víctimas de la ocupación israelí, con mucha sangre electoral. No conozco a nadie, de un lado u otro, que entienda, a estas alturas, esas fotos -algunas van a perseguir a sus protagonistas como lapas pegadas a su memoria – declaraciones, comparaciones absurdas, equidistancias o paños calientes: el grito es cada vez más unánime y clama por el rechazo absoluto, por la condena sin paliativos, a lo que Israel está perpetrando en esa tierra maldita.

Vendrán las condenas con las definiciones jurídicas adecuadas a derecho y a las pruebas, pero el sentido común, el simple visionado de las imágenes que nos llegan, el espanto que se adueña de todos los hogares al ver las noticias de la Tv, ya nos es suficiente para condenar, rechazar y querer castigo para los que están haciendo eso desde hace ya muchos meses, el 7 de octubre de 2023 , 710 días de furia que han liberado, una vez más, lo peor del ser humano. Quiero más, quiero velocidad, pero a mi pesar debo reconocer que parece, sólo parece, que a pesar de todo, Europa parece haber empezado a recorrer un camino imprescindible.

Ese camino podría devolvernos la honorabilidad, la autoestima y aliviar, aunque sea un poco, la terrible sentencia del tribunal de la historia. No se hizo nada en el holocausto nazi y todavía no hemos hecho nada para parar este pogromo cuyos muertos ya no somos capaces de contar. Como nos aconseja el chiste, Señor danos paciencia ¡¡¡¡YA!!!!

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