lunes 15 junio, 2026

O conmigo, o contra mí

​La política, como hasta ahora pareciera entenderse, gozaba de valores como las del diálogo, el respeto al adversario, sujeción a los mandatos de lo marcos legales de cada caso, y otros hábitos del comportamiento similares.

​En los últimos años todo esto ha saltado por los aires. Y especialmente se ha agudizado en demasía desde que llegara al Despacho Oval su actual inquilino, que ya mostró maneras en su primer mandato. Desde el 20 de enero del año pasado, aterrizó en el 1600 de la Avenida de Pensilvania de Washington D.C., con la lección aprendida de su anterior mandato, que no olvidemos acabó con la gran traca de un auténtico intento de golpe de estado alentando a sus fervientes masas callejeras de macarras pseudopatriotas, a tomar por la fuerza el edificio del Capitolio.

​Este personaje ha trasladado dentro y fuera de su país, eso del conmigo o contra mí. Si no se le apoya incondicionalmente, se corre el riesgo de la mofa y jocosa imitación que hizo de Macron; de menospreciar a Canadá como si fuera un estado más de la Unión y llamar perdedor a su Primer Ministro; comparar despectivamente al Premier Británico Starmer con Churchill, o refiriéndose a España, decir de nosotros que somos un «aliado terrible» y socio «terrible», “mal pagador” o de no “saber jugar en equipo”. Todo esto aderezado además con amenazas de represalias económicas, políticas o de defensa, por enfadarlo.

​Es el de este personaje un comportamiento que se aleja de los hábitos mínimos de lo exigible a un líder mundial de su nivel, del país más poderoso del globo y se acerca a los de un niño caprichoso, grandote, fanfarrón y matón de patio de colegio. Pero con botón nuclear al alcance de su dedo en el maletín que le acompaña a todas partes.

Menosprecia la ley interna y la internacional. Desdeña el sistema de Naciones Unidas que ha guiado el acontecer político desde después de la Segunda Guerra Mundial. Y así secuestra a un Jefe de Estado con su poderoso ejército y se lo lleva a su país, amenaza a un aliado (Dinamarca) con quitarle un pedazo de su territorio nacional, advierte a otros vecinos con intervenciones similares (Cuba, Colombia, México, Canadá), y tan pancho. Especial inclinación tiene con Irán, en comandita con su corresponsal en la zona, el señor Netanyahu. En dos ocasiones seguidas, junio pasado y en estos días, ha lanzado todo su potente arsenal contra el criminal régimen de los ayatolas, con menosprecio de todo el mecanismo legal internacional y del sistema de Naciones Unidas. Y ya está.

Y claro, quien no esté con él, está contra él y contra su nación. Y muestra su arsenal de bufonadas y amenazas al uso. En este escenario se mueve hoy la política internacional.

Mientras esto ocurre allende el mar, aquende, en España, las cosas no andan precisamente muy calmadas, justamente con este escenario convulso en el exterior. El escenario político español está atravesado por esos malhadados tintes de polarizaciónque día a día se acrecientan.  Se toque lo que se toque, se hable de lo que se hable, da igual; todo es pura polarización, todo es pura trinchera y enfrentamiento. Y el complicado y grave momento de política internacional no podía escapar a un nuevo episodio de refriega de otro “y tú más”. ¡Qué hartura!, ¡qué cansancio! Cuánta irresponsabilidad de todos, cuánta insensatez, qué falta de ese patriotismo que tanto dicen poseer y defender.  

Asistimos, cómo no, a un nuevo y lamentabilísimo espectáculo de bloques, de los frentes al uso, sobre lo malo que es el otro. Da igual que estemos ante uno de los momentos más complicados y graves de los últimos decenios en el escenario internacional. Da igual. A nuestros próceres de la Patria, por los síntomas que percibimos, y quisiera equivocarme, parece importarles España, y los españoles, eso que, querido lector, está usted pensando. Y si no es así, ya la carga de la prueba les está cayendo encima, pues tendrán que convencerme de lo contrario, ya que por sus hechos, lo que percibo no es su esperado cariño a la Patria más allá de la verborrea incontinente con que manifiestan tenerlo. (Sí. Digo Patria, digo España y no digo Estado Español, que estoy cansadito ya también de estos eufemismos de los progres de salón que padecemos. Digo Patria y España, y soy militante socialista).

Bueno. A lo que iba. Los llamados partidos de gobierno, partidos de estado, dan de nuevo una muestra más de su ombliguismo cortoplacista y electoralista con el tema del nuevo (y no último) escenario bélico del próximo oriente.

La gravedad de la situación, digo yo, que daría para que entre ambos líderes máximos de los partidos políticos responsables (y cada vez más irresponsables), de la gobernación de España, se mantuviese una corriente de información compartida y de una posición lo más común posible, de mínimos, sobre la posición de España ante estas circunstancias. Debieran encontrar una posición lejos de ese cortoplacismo tuitero que invade esta forma de hacer política actualmente, y con la que nos castigan. 

Iban a verse para estas cuestiones de política exterior y defensa, cuando iban a hablar de un eventual envío de tropas a Ucrania, pero el accidente de Adamuz sugirió un aplazamiento. Sus respetivas agendas desde los días posteriores a ese fatídico día 18 de enero, no han encontrado aún un ratito para hablar de política exterior y defensa. No debe ser urgente. Les pueden más las campañas electorales de estos meses que el papel de España en esta geopolítica endiablada en que nos encontramos.

La verdad es que poca fe tendría yo en un ataque repentino de responsabilidad patriótica (de los dos) para encontrar fecha y acuerdo, aunque fuera de mínimos, sobre estos temas. A uno, el que está en Moncloa, abandonado un proyecto político autónomo del PSOE para España, le puede lo que le imponen sus socios y su cálculo electoral para las generales que, en confesión propia, parece es lo que interesa. Máxime con el bálsamo reparador de la reedición extemporánea de un nuevo “no a la guerra”, hábilmente traído, según las encuestas de hoy mismo, para conectar con una sociedad pacífica como la española. Querría pensar en que además de un eslogan de cuatro palabras haya detrás, sustentándolo, una política seria y clara de posición española al respecto, que desconoceremos hasta la solicitada comparecencia en el Congreso. Si se nos cuenta ese día.

El otro, el líder popular, demasiado entretenido anda con la reedición del váyase señor González trocado ahora en un váyase señor Sánchez y, a la par, mirar de reojo a los que tiene que contentar para elecciones regionales y futuras generales, no sea que don Santiago no le dé lo que necesita para sumar la suficiente mayoría de gobierno.

En suma, uno y otro, renunciando a proyectos políticos autónomos, de gobernación de la España que cada uno concibe, andan enredados en ese oportunismo cortoplacista con expertos en comunicación política sólida como Puente y Tellado, trufando de hondo contenido el debate político de cada día.  

Sea como fuere, lo triste es que, de nuevo, ya hemos hecho más alto el muro y cavado más ancha la trinchera ante una de las situaciones más graves en décadas. Esto se ha limitado ya a un simplista o contra Trump y con Sánchez, o con Trump y contraSánchez. Qué fácil lo hacen nuestros próceres patrios. O blanco o negro. No hay escala de grises. Y estas materias, como en casi todo o todo, en política, en seguridad y defensa, la riqueza está en la escala de grises. 

Pero no. Aquí trazamos la línea sencilla línea de … o conmigo, o contra mí. Sin matices. 

Envidia me dan esos países europeos y de fuera de Europa que sí pueden marcar patrias posiciones autónomas matizadas, defendiendo sus propios intereses nacionales y sin por ello dejar al descubierto las otras posiciones que les corresponde como socios y aliados de clubes a los que pertenecen.

Da la sensación, una vez más, que los intereses nacionales, los de España como actor internacional, decaen ante los intereses partidistas. 

Hemos hecho desde el Gobierno bandera de la defensa de la legalidad internacional. Frente a ello el líder de la oposición no es capaz de articular algún matiz constructivo al respecto, y va a rastras hasta de los bulos de las redes.

Desde el Gobierno, se decide envolvernos en la bandera de una benéfica defensa de la legalidad internacional, más que respetable y digna de apoyo genérico, pero que merece alguna explicación más que una comparecencia a modo de las del plasma de Rajoy, sin preguntas, y hasta que nos veamos en Cortes Generales. Debiera ser la política exterior algo más que eso. Unl eslogan no puede resumir una política exterior y de defensa.

No sé si desde Exteriores, Defensa, Economía, Empleo y demás Ministerios concernidos, al adoptar la decisión de dónde nos posicionamos ante esta crisis internacional, se ha reparado en los eventuales daños colaterales que ello conlleva parasectores esenciales de España. Quiero pensar, debo pensar, que sí.

Sabiendo además quién es el actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, más que un tentarse la ropa hay que hacer serios y rigurosos análisis antes de acometer alguna decisión. No se debe renunciar a inconmensurables principiosde legalidad y ética, pero no renunciar, a la par, a mensurables necesidades de la ciudadanía española en mil y un campos de la globalidad que atraviesan las relaciones internacionales hoy día. Empleo, exportaciones, visados, inversiones y un largo etcétera de áreas afectadas tendremos. Y no olvidemos dos temas especialmente sensibles e importantes: defensa y la comunidad internacional de inteligencia.

Las herramientas tecnológicas de nuestros tres ejércitos son en su inmensa mayoría norteamericanas e israelíes. De estas herramientas dependen nuestras capacidades en tiempos complicados como éstos. Y los poseedores de las patentes juegan con ellas para dejarte con unos ejércitos aptos para la defensa o desactualizados. Mientras, otros ejércitos de referencia aliada o de quienes no lo son, sí pueden contar con esas nuevas tecnologías que podrían oponer a España en un escenario de conflictono deseable, pero que hoy nada es imposible. 

Y sobre la comunidad de inteligencia internacional, qué decir. Ser excluidos del flujo de información que se genera entre los principales actores de los servicios de información, es apagarse la luz y tener las ventanas cerradas. Y en los tiempos actuales y en los que se avecinan, en un escenario de represalias previsibles, no contar con lo que servicios como la CIA y el NSA (EE. UU.), o el Mossad (Israel) aporten a nuestros servicios propios o de los aliados, se hace especialmente duro.

Muchos son los países de nuestro entorno europeo y atlántico que han manifestado iguales o muy similares posiciones a las nuestras sobre el actuar de los Estados Unidos ante lo que ocurre en Irán. Así, Francia, Canadá, Reino Unido, Australia, Dinamarca, Italia, etc. Han puesto igualmente el énfasis tanto en las criminales atrocidades del régimen de los ayatolás, como en la ilegal actuación de los bombardeos norteamericanos y en la posterior reacción del ejército regular iraní o de la Guardia Revolucionaria del régimen. Pero el especial ensañamiento con las amenazas del “amigo americano” o del israelí lo ha sido con España, pues ya llueve sobre mojado por nuestros anteriores desencuentros en materia de política exterior y de defensa y desde el otro lado del Atlántico, este líder del peor imperialismo nos lo quiere poner al cobro.  

Darse un tiro en el pie en estos temas no es lo más recomendable.  Los paracaidistas antes de saltar del avión, han revisado el equipo en tierra; estudian el vuelo, el salto, el lugar de caída y los movimientos al llegar a tierra. Sorpresas en el salto no deben existir. Pues eso. Esperemos que no.

Y, por cierto. Eso que hemos oído de hacer de la necesidad virtud, bien podría aprenderlo esta Europa para empezar a hacerse autónoma en defensa y reparar en que el pilar americano está cada vez más agrietado. Atentos.

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