Las informaciones sobre lo ocurrido en Ceuta, y en menor medida en Melilla, en los últimos días, me llevan como conclusión a titular las reflexiones que siguen, de esta forma: hay demasiadas interrogantes y pocas respuestas.
De lo que, conforme avanzan los días y las horas vamos sabiendo, desde que en torno al pasado día treinta, e incluso antes, mucho antes, se inició este nuevo episodio geopolítico/migratorio/humanitario/etc./etc., estamos ante más dudas que certezas, más elucubraciones que informaciones, más incertidumbres que conocimientos, más incógnitas que evidencias.
Es verdad que en temas internacionales hay cosas que conviene tratar con delicadeza y prudencia. Y es conveniente en beneficio de los intereses nacionales. Y con Marruecos en escena, aún más. Pero todo ello, a mi juicio resulta incompatible con lo que debiera presidir una política informativa y de dar explicaciones con verdades, que es lo que se debe pedir a un gobierno de un estado social y democrático de derecho, miembro de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica, pasado ya el primer cuarto del siglo XXI. ¿O, no?
Es llegado este punto en que vamos conociendo cosas, y las que nos quedan por saber, que descolocan a quien, como ciudadano español, y sobre todo a la facción ceutí o melillense de los españoles, no sabe qué ha pasado, porqué ha pasado, qué está pasando, porqué está pasando y sobre todo, si va a volver a pasar, cuándo, cómo y qué. Y, sobre todo, qué haremos si ello llegare de nuevo. Ya empiezan conocerse nuevas convocatorias en redes sociales para el día 15, en la parte marroquí,
De lo que sabemos por investigaciones de medios de comunicación, (algunos rigurosos ciertamente), o fruto de lo que nos han contado, podemos hacer una sinopsis memoranda con los siguientes hitos:
A principios de julio empieza sospechosamente un goteo de entradas al alza de migrantes, especialmente menores no acompañados, a través de la frontera de Ceuta.
Esto es advertido por los servicios de atención al menor de la Ciudad Autónoma de Ceuta y por los responsables del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta que lo reportan al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del que dependen.
El Consejero de Presidencia de Ceuta se reúne con la Secretaria de Estado de Seguridad donde comentan este tema y además se interesa por si desde el Gobierno de España, desde el Ministerio que custodia las fronteras, se ha pensado en el despliegue de algún elemento que “sortee” lo que el Supremo ha sentenciado respecto a la no posibilidad de devoluciones en caliente si la entrada en territorio español se ha hecho a nado en la frontera. La sentencia merecería
otro comentario que no toca hoy, pero es lo que se ha sentenciado y hay que acatarlo.
Pareciera como que el Ministerio del Interior no considera entonces nada anormal; esto es como los demás veranos y ya la Guardia Civil está en el tema. En la mañana el día 31, sí ese día, en un rato, y no antes, se pudo instalar a modo de urgencia una barrera como las de anticontaminación marina y sólo entonces se hizo, para que así haya un obstáculo físico que sí permita la devolución en caliente de quien la sobrepase, a tenor de lo establecido por el Supremo.
Hasta fin de mes, el goteo, habitual como todos los años para la Secretaría de Estado de Seguridad, va creciendo y tan es así que se envía un aviso sobre la insostenibilidad de la situación desde el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) de la Presidencia del Gobierno. Y la persona responsable ha sido cesada.
El día 30, el Presidente de la Ciudad Autónoma habla de respuesta tardía y escasa por parte del Gobierno de España, pide la declaración de emergencia nacional y la intervención del ejército.
Desde el 30 al 31, incluida su noche, el goteo de entrada ante la no intervención ni de la Gendarmería ni de las Fuerzas Auxiliares de Seguridad del lado marroquí, ni de nuestro Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil desde este lado, acaba con la entrada, contra norma, de no menos de cincuenta mil migrantes. Y no sólo magrebíes sino subsaharianos, eritreos, sudaneses, gazatíes, iraquíes y de otras procedencias de países en guerra o con ciudadanos perseguidos por varias causas, sean políticas o de género. Unos, emigrantes económicos; otros, pidiendo protección internacional. Y entre ellos, alguna sorpresa nos encontraremos con gente no precisamente de bien, ya conocida por nuestros servicios policiales. Al tiempo.
EL 31, producida ya la grandísima entrada de inmigrantes, nuestro Presidente acude a Ceuta con el Ministro de Interior y deja claras algunas sencillas cosas: no teníamos noticia, y reforzaremos medios humanos y materiales, incluido el ejército; Marruecos, como nunca antes lo ha hecho, colabora con nosotros en excepcional forma. Tenemos una inmejorable comunicación entre servicios españoles y marroquíes, y han actuado de manera efectiva y pronta. Y estamos revertiendo la situación de manera inmediata. No como otros reaccionaron cuando Perejil o como todos los años hacen en Lampedusa. Y así dijo.
Por cierto, en mi torpeza habitual, desconozco las reglas y pautas de enfrentamiento dadas a nuestros soldados en su despliegue en las calles de Ceuta, si hubieran de hacer alguna actuación usando los medios de que están dotados, teniendo en cuenta que el marco legal de referencia no está incluido en los supuestos del artículo 116 de la Constitución y de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio pues no se ha acudido a declaración alguna de este tipo por parte del Gobierno de España, por considerar
que no existen circunstancias extraordinarias que hicieran imposible el mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios de las Autoridades competentes. (Sic, en la Ley referida)
Ante este estado de cosas, debiera alguien desde las responsabilidades que le corresponden, dar respuesta, con discreción, a muchas de las interrogantes que muchos nos hacemos, pero decirnos algo más creíble y sólido que lo que hasta ahora nos ha llegado:
Si lo que estaba ocurriendo allende la frontera lo sabían nuestros servicios secretos, dentro y fuera de España, de lo que se declaró el 31 y 1 en Ceuta por el Presidente y el Ministro del Interior, se colegiría lo contrario y pareciera como que nada sabían nuestros servicios de inteligencia. Grave sería ello.
Pues en estas de no estar enterados estábamos y, héteme aquí, que la Ministra de Defensa o bien porque no había leído el argumentario, o acaso porque va por libre y se desentiende de lo dicho tanto por su Jefe como por el otro Magistrado, como ella, y a la sazón, Ministro del Interior, se despacha con una natural loa del trabajo de estos impagables servidores públicos de nuestra seguridad dedicados a la información en las distintas esferas de la misma. Convencido estoy de que impagable es el trabajo que prestan y convencido, a la par, estoy, de que supieron y trasladaron a quien correspondiera lo que en la marmita del Rif se estaba cocinando. No me cabe a mí y a quienes algo conocemos de esta empresa, que así ha sido. ¿Dónde se rompe la cadena?
Y … ¡más madera! De nuevo, el Ministro del Interior, después de su encuentro con los colegas europeos, mantiene, sostiene y no enmienda su anterior posicionamiento de que nada salió del CNI ni como informe ni comunicación que advirtiera de lo que iba a suceder y sucedió. No entiendo nada de esta forma de unidad de acción entre Ministros del Reino de España.
Dentro de la lógica cautela de lo que se publicita del contenido de las relaciones internacionales, y además con la que caracteriza de manera tan especial a las que se refieren al Reino Alauita, deberíamos saber la realidad de cómo son esas relaciones con el vecino del sur y la información que se trasvasa y se ha trasvasado de un lado a otro de la valla, acerca de lo que venía ocurriendo sintomáticamente desde los primeros días de julio en el lado de allá.
Y, para rematar la situación, por si fuera poco, nos salen los Ministros europeos de Interior y la propia Presidenta de la Comisión y nos llaman al orden, o al que ellos entienden debiera serlo. Ésta es una posición cada vez menos sorprendente de la UE en temas de este tipo. (¡Pobre Europa!) Pero, poniendo facturas pendientes al cobro, echan por tierra ese papel de liderazgo europeo que nos queremos atribuir, de liderazgo internacional cada vez más cuestionado para nuestra España.
Pero, no nos confundamos. Más allá de las “meloniadas” y de sus interpretaciones de hasta dónde llega Schengen y demás desvaríos de tira y afloja de los socios
comunitarios sobre la defensa de las fronteras; aunque doña Úrsula en unos de sus habituales donde dije digo, ahora diga lo contrario y nos acaba felicitando a españoles y marroquíes por el buen trabajo (cambia de idea en 12 horas), lo cierto y verdad es que, de inicio, salvo nuestros vecinos del oeste peninsular y el del norte, más Irlanda y Luxemburgo, los demás socios nos han dejado a la intemperie en esta crisis, de la que va a ser más que difícil, explicar tantas cosas.
Esto, y más, es lo que creo que muchos ciudadanos españoles, especialmente si son caballas o melillenses, necesitamos saber. Si con los datos que ya empiezan a manejarse, hubiéramos actuado preventivamente, acaso algunas cosas, posiblemente no hubieran ocurrido. Seguro.
Y lo más importante: qué vamos a hacer para evitar otro desmán similar, calificado por nuestro Presidente como “una violación de la integridad territorial de España». Y eso son palabras mayores a tener presente en lo que se decida actuar. Como no puede ser menos.
Nadie nos va a convencer, porque resulta demasiado increíble, que hemos de creer, sin más, la versión coincidente hispano/marroquí de que todo lo debemos a las mafias de la migración y a la equívoca interpretación, manipulada en redes sociales, de una sentencia del Supremo como causas únicas que movilizan a cincuenta, sesenta, setenta mil ciudadanos marroquíes a casi golpe de cornetín, para pasar a este lado de la frontera.
La posición geoestratégica del Reino de Marruecos, máxime después de los acuerdos de Abrahán, con los inquilinos que ocupan los presidenciales despachos de Washington y Jerusalén, es muy distinta a la de hace pocos años. Ni siquiera cuando aquello de la Isla de Perejil, “al alba y con tiempo duro de levante…” (¡qué poético Trillo, don Federico!). El Colin Powell de 2002 no es Marcos Rubio; y Georg Bush Jr., no es Donaldo. Hoy, estoy seguro de qué lado caería la moneda en una situación similar.
Nuestras relaciones con Marruecos son siempre complicadas, pero no parece que ahora sean, a pesar de la oficialidad transmitida, las que más nos estén produciendo sensaciones de seguridad y de estar en el sitio que corresponde a nuestra Patria.
Nos quedan muchos interrogantes a despejar y pocas respuestas estamos recibiendo de cómo son esas relaciones, pero no ya sólo por lo de ahora, sino desde que el PSOE giró su forma de estar en los temas internacionales, más en los postulados podemitas que en lo que clásicamente, desde la llegada de la democracia a España, habíamos estado. Y además con acuerdos entonces en lo básico entre los dos grandes partidos, ésos que ahora sólo se relacionan para insultarse.
La política exterior debe responder a los intereses nacionales. Quien pierde en política exterior el contacto con la realidad, simplemente pierde. Mano de hierro en guante de terciopelo. Y ahí lo dejo.
Tres afirmaciones sencillas. Simples, pero llenas de enjundia. Se las he leído a un veterano (que no antiguo) Embajador de España que sirvió en misiones tan sencillitas como Washington, Londres, Argel, y también en la OTAN y en puestos de dirección en el propio Ministerio, entonces sólo de Exteriores y ahora de más cosas que también cabían en la antigua denominación. (Ahora los Ministerios o tiene nombre que en las tarjetas de visita siguen al dorso en su denominación o parece que no tienen más importancia.)
Este veterano embajador, no sospechoso de falta de progresía dentro de la carrera diplomática, incluso en tiempos del Dictador, y profesional como pocos en su servicio a España, acierta con ésas y con cualesquiera otras de las reflexiones que se ha animado a compartir con quien escucharle o leerle quiere. Ya podían en la madrileña Plaza de la Provincia, aunque fuera sigilosamente, echarle alguna cuenta a él y a tantos otros que, con conocimiento, podían y pueden opinar sobre estos menesteres en estos días de inquietudes. Y llegado el caso, echarles algo de cuenta.


