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jueves 19 febrero, 2026

Decadencia y creación

Una forma alternativa de padecer este verdadero desastre contemporáneo se basa en asumir que occidente está en decadencia y que esas épocas, esos tiempos en los que la pasada grandeza se convierte en añoranza ajena a la esperanza, suele dar lugar a lo mejor de la creación artística con especial brillo en la literatura.

En el caso de España, nuestro famoso Siglo de Oro convivía con los claros signos de extremada tensión para mantener el imposible dominio europeo de una corona que aún tendría décadas de preminencia. La generación del 98 tuvo que ver, impotente, el final del imperio y el destrozo social de la guerra de Marruecos. En ambos casos, se produjeron joyas literarias que, todavía hoy, emocionan y dan envidia cuando se leen despacio esos párrafos que dejan claro lo que es genialidad.

Hoy en día, es Europa la que se pregunta sobre su futuro mientras otras zonas geográficas nos dejan ver lo que será el futuro de un renacimiento que occidente nunca ha querido anticipar: ellos eran grandes antes de que nosotros lo fuéramos y ahora retornan tras muchos años de humillación. La generación que hoy se asoma a la madurez se habrá consolidado en la segunda mitad del siglo y estoy seguro de que nos ofrecerá ejemplos maravillosos de una literatura melancólica y entristecida por la libertad perdida, por la creación libérrima que la actual corriente quiere constreñir y cercenar.

Las actuales mareas luchan por cambiar y tergiversar los significados del lenguaje; la llamada libertad que hoy nos llega de un cierto sector de los USA viste reconocibles uniformes pardos y una escenografía, que si bien está empobrecida por la falta de estética, que nos recuerda ídolos caídos y celebraciones de triste recuerdo. Veremos qué nos depara la resistencia americana contra esa marea de salvaje tiranía intelectual en busca del pensamiento único y absoluto desprecio a las posturas individuales.

Hoy la ciencia y el futuro social de las aplicaciones tecnológicas pertenecen a las corporaciones privadas o gobiernos de muy dudosa concepción sobre la libertad individual y eso acabará constituyendo un entorno de libertad y creación vigilada; salvo lo que sea escrito o creado a mano, en la lenta y despaciosa reflexión frente a la idea y la materia, estará controlado y será eliminado de los programas y de los espacios de almacenaje sin tiempo a la defensa.

Que nadie dude de que el futuro nos traerá creaciones geniales, pero esas creaciones, me temo, deberán difundirse en oscuros cenáculos perseguidos por las fuerzas de la opresión bajo el disfraz de la seguridad nacional. No os olvidéis del carboncillo para dibujar, del óleo para pintar, de la piedra para esculpir y de la tinta, la vieja, amistosa y calmada tinta para escribir.

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