jueves 18 junio, 2026

CIS University y Robert F. Kennedy Human Rights Spain convierten el arte en motor de memoria y justicia con Januário Jano

Un workshop universitario que recurre a la creación de archivos alternativos para conectar arte, derechos humanos y liderazgo ético en las nuevas generaciones

En un contexto global marcado por la desinformación y el olvido selectivo, CIS University y la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights Spain impulsan en Madrid un workshop artístico liderado por el reconocido creador angoleño-británico Januário Jano. La propuesta se integra en la apuesta de ambas instituciones por una educación universitaria que coloca los derechos humanos, la dignidad y el pensamiento crítico en el centro de la experiencia formativa.

El programa está dirigido a estudiantes interesados en comprender cómo las imágenes, los relatos y los archivos influyen en la manera en que se construyen la memoria colectiva y la identidad. Más allá de la adquisición de conocimientos teóricos, se trata de activar una actitud ética ante el presente, formar miradas críticas y promover un compromiso real con la justicia social.

El legado de Robert F. Kennedy en el aula

El proyecto bebe directamente del legado de Robert F. Kennedy, cuya visión de una sociedad más justa, sensible a las desigualdades y comprometida con los más vulnerables continúa guiando la acción de la Fundación a nivel internacional. Desde su origen, la organización ha desarrollado programas educativos que acercan el lenguaje de los derechos humanos a estudiantes de distintos países, convencida de que el cambio sostenible nace en las aulas y se consolida con la acción individual.

En España, esta filosofía se concreta mediante alianzas con instituciones como CIS University, que desde hace más de cuarenta años defiende un modelo académico basado en la ética, la responsabilidad y el respeto a la persona. La incorporación de este workshop supone un paso más en esa trayectoria, al sumar el lenguaje del arte contemporáneo como herramienta privilegiada para interrogar el pasado, comprender el presente y proyectar futuros posibles.

El archivo como espacio de disputa y creación

El núcleo conceptual del taller se articula alrededor de la práctica interdisciplinar de Januário Jano, centrada en temas como la identidad, la memoria y las huellas del colonialismo en las biografías individuales y colectivas. El artista cuestiona la idea del archivo como simple depósito neutro de datos y lo presenta como un dispositivo de poder que decide qué se conserva y qué se borra del relato oficial.

A partir de esta premisa, el workshop propone a los estudiantes la creación de un “archivo no fiable”, un dispositivo experimental en el que se entremezclan documentos reales y elementos ficticios. Este ejercicio permite poner en crisis las certezas, examinar la manera en que se construyen los relatos dominantes y recuperar voces que han quedado relegadas a los márgenes de la historia.

Metodología: experimentar, dudar y tomar posición

La metodología del programa combina reflexión teórica, análisis de casos y trabajo práctico en el estudio, con el fin de convertir el aula en un laboratorio de creación y pensamiento. Los participantes trabajan con materiales diversos —fotografía, texto, objetos, testimonios— para generar piezas que funcionen como contra-archivo, cuestionando los límites entre la documentación y la interpretación.

Este enfoque refuerza la idea de que el conocimiento no es un bloque cerrado, sino un proceso en permanente revisión que exige capacidad de duda y responsabilidad ética. Al enfrentarse a sus propias decisiones de selección y edición, los estudiantes toman conciencia del impacto que tienen sus elecciones narrativas sobre la manera en que se comprenden las historias personales y colectivas.

Liderazgo comprometido y voces inspiradoras

La iniciativa está impulsada por la Dra. María Díaz de la Cebosa, presidenta de CIS University y de la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights Spain, quien subraya la relevancia del arte como catalizador de conciencia social.

Januário Jano, por su parte, insiste en la dimensión política del archivo, al entenderlo como una herramienta que define identidades individuales y colectivas. A través del taller, invita a los estudiantes a recuperar historias olvidadas, recomponer memorias fragmentadas y ensayar nuevas formas de contar lo vivido, siempre desde una perspectiva crítica y creativa.

Trayectoria, impacto e internacionalización

Este workshop se suma a un sólido recorrido de iniciativas educativas promovidas por CIS University y sus fundaciones, que han llegado a miles de jóvenes en España y Estados Unidos mediante programas académicos y experiencias interculturales. Propuestas como el Programa Camino de Santiago o el desarrollo de Speak Truth to Power han demostrado el potencial de la educación para transformar biografías y tender puentes entre contextos culturales diversos.

La incorporación del arte como herramienta pedagógica en este nuevo proyecto posiciona a España como un espacio dinámico de innovación en educación en derechos humanos. Al mismo tiempo, refuerza la dimensión internacional del trabajo conjunto entre CIS University y la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights Spain, consolidando una red de colaboración que incentiva el diálogo entre distintas realidades sociales.

Un llamamiento a imaginar futuros más justos

En un momento marcado por la polarización, la fractura social y la saturación de discursos, iniciativas como este workshop reivindican el poder de la creatividad, la memoria y la conciencia crítica como pilares para construir sociedades más justas. El proyecto aspira a formar personas capaces de intervenir en su entorno con sensibilidad y rigor, incorporando a su práctica profesional un compromiso activo con los derechos humanos.

CIS University y la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights Spain reafirman, así, una misión compartida: utilizar el conocimiento, el arte y la acción como herramientas para sembrar esperanza, fortalecer la empatía y activar procesos de cambio que vayan más allá del aula. El taller con Januário Jano se convierte, de este modo, en un punto de partida para que las nuevas generaciones asuman el reto de reescribir los archivos del futuro desde la justicia, la inclusión y el respeto.

ENTREVISTA – EL ARCHIVO COMO FICCIÓN: REESCRIBIR LA MEMORIA DESDE EL ARTE

Januario Jano explora en CIS University cómo cuestionar la verdad oficial y convertir el recuerdo en una herramienta de poder cultural

En un momento en el que la verdad parece cada vez más disputada, el artista Januario Jano propone una idea provocadora: ¿y si la memoria no fuera un reflejo fiel del pasado, sino una construcción que podemos intervenir? A través de su concepto de “archivo no fiable”, Jano invita a los estudiantes de CIS University a desafiar las narrativas oficiales, mezclar realidad y ficción, y asumir un papel activo en la reconstrucción de su propia historia. En esta conversación, reflexiona sobre identidad, memoria, poder y el papel del arte como herramienta crítica en tiempos de desinformación.

Este taller en CIS University nació a partir de la idea de un “archivo no fiable”. ¿Cómo explicarías este concepto a alguien que se acerca por primera vez a tu trabajo?
Un “archivo no fiable” es una colección de huellas del pasado en la que no se puede confiar plenamente. Mezcla elementos reales (una fotografía, un documento, una grabación) con elementos creados (una carta que escribiste haciéndote pasar por otra persona, un paisaje sonoro de un lugar que ya no existe, una imagen editada).
Esto se debe a que los archivos oficiales —museos, registros gubernamentales, incluso álbumes familiares— nunca son completos ni neutrales. Dejan cosas fuera.

Ocultan contradicciones. Pretenden ser objetivos cuando en realidad están moldeados por el poder, el olvido y el azar.
Al crear deliberadamente un archivo no fiable, dejas de ser un consumidor pasivo de la historia y te conviertes en un autor activo de la memoria. Te preguntas: ¿y si relleno los vacíos? ¿Y si invento lo que fue borrado? ¿Eso hace que mi historia sea menos verdadera o más honesta emocionalmente?
En el taller en CIS University utilicé esta idea como un ejercicio práctico. Los estudiantes traen entre 2 y 3 fragmentos reales de sus vidas. Luego fabrican entre 3 y 5 más. Lo reúnen todo en una pequeña colección digital (imágenes, sonidos, vídeos, en su mayoría a partir de su experiencia personal). El resultado no es una mentira. Es una herramienta para pensar cómo toda memoria se construye —y cómo reclamar el derecho a reconstruir tu propio pasado es un acto de agencia cultural.
En resumen, el archivo no fiable no trata sobre el engaño. Trata sobre la responsabilidad creativa respecto a las historias que heredamos y las que contamos; básicamente, sobre la ficción y la realidad, un hilo presente en mi práctica.

¿Qué te interesa especialmente de trabajar esta idea de archivo y memoria con estudiantes universitarios?
Lo que más me interesa es que los estudiantes universitarios se encuentran en un umbral donde la memoria personal (infancia, familia, lugar de origen) se encuentra con la historia institucional (estudios, credenciales, narrativas oficiales). Están construyendo activamente sus identidades mientras son evaluados por sistemas que afirman ser objetivos. El archivo no fiable les da permiso para cuestionar esa objetividad: para ver que la memoria, la pertenencia e incluso sus propios portafolios académicos no solo se encuentran, sino que se construyen. Trabajar con ellos me hizo darme cuenta de que pueden autorizar los vacíos, no solo rellenarlos; ese es el punto. Y el elemento especial aquí fue que era la primera vez que estos grupos de estudiantes se enfrentaban a este tipo de ejercicio desconocido. Reconocimiento a la profesora Laura Lopes por este programa innovador.

Tu práctica aborda a menudo temas como la memoria, la identidad y la historia colonial. ¿Cómo se trasladan estas preocupaciones al taller que impartes en CIS University?
En mi práctica, la memoria nunca es neutral, la identidad nunca es única y la historia colonial es una herida viva de archivos borrados o distorsionados. En CIS University, el taller traduce estas preocupaciones directamente a través del ejercicio del archivo no fiable.
La memoria se convierte en un material que se reconstruye activamente, no en algo que se recuerda de forma pasiva. Los estudiantes aprenden que lo que recuerdan (o lo que les han contado) siempre es parcial y está moldeado por el poder. La identidad no se expresa como una afirmación fija, sino como un campo en disputa entre fragmentos auténticos e intervenciones fabricadas. La regla del 50% les obliga a confrontar qué partes de su historia les vienen dadas y cuáles deben inventar para sentirse completos. La historia colonial entra no como una lección, sino como una pregunta estructural: ¿quién decide el registro oficial? ¿Qué voces faltan? Al fabricar artefactos ausentes (una carta de un antepasado, el paisaje sonoro de un lugar silenciado), los estudiantes realizan un pequeño acto de contraarchivo: una forma de recuperar agencia cultural allí donde los archivos coloniales han sido borrados o distorsionados. El taller no les pide que hablen por otros, sino que examinen cómo su propio sentido de pertenencia está moldeado por ausencias históricas que ahora pueden decidir llenar.

El taller se desarrolla en colaboración con la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights España. ¿Cómo dialoga tu trabajo artístico con el lenguaje y los valores de los derechos humanos?
Mi práctica artística se relaciona con los derechos humanos no a través de eslóganes o marcos legales, sino mediante el derecho a narrar y el derecho a reparar archivos rotos (una forma de confrontar el espectro latente en la sala). El lenguaje de los derechos humanos suele centrarse en el testimonio, la verdad y la dignidad; sin embargo, los registros oficiales con frecuencia niegan esos elementos a las comunidades marginadas. Al crear un archivo no fiable, los estudiantes practican lo que llamo agencia narrativa: la capacidad de llenar los vacíos dejados por la violencia, el abandono o el borrado. Este taller, en colaboración con RFK Human Rights España, convierte la memoria en una forma de reparación. Fabricar un artefacto no es una falsedad; es un acto ético de completar aquello que la historia dejó incompleto. En ese sentido, el ejercicio se alinea con el derecho humano a la memoria, a la identidad y a la autodeterminación cultural, valores que defiende RFK Human Rights España. El taller no enseña teoría de derechos humanos; ofrece una herramienta pequeña y concreta para ejercerlos.

En un contexto de desinformación y polarización, ¿qué papel crees que puede desempeñar el arte en la formación de las nuevas generaciones?
El papel del arte en una era de desinformación y polarización no es ofrecer “la verdad” como una respuesta fija, sino entrenar la capacidad de reconocer cómo se construyen todas las narrativas, incluida la propia. El taller de archivo no fiable desafía a los estudiantes y demuestra que la fabricación puede ser manipulación (propaganda) o cuidado (reconstrucción de historias borradas). Al convertirlos en constructores activos de un archivo deliberadamente híbrido, el arte les ofrece una experiencia directa: la verdad no depende de confiar o desconfiar de una única fuente, sino de preguntarse quién construyó esa historia, qué falta y por qué. Ese reflejo crítico y creativo es el mejor antídoto contra la polarización. El arte forma a las nuevas generaciones no gritando más alto, sino mostrando cómo se construye el significado —y que ellos pueden reconstruirlo.

¿Cómo suelen reaccionar los estudiantes cuando descubren que el archivo no es neutral, sino una forma de poder?
Los estudiantes suelen reaccionar con sorpresa, incomodidad y, finalmente, empoderamiento.
Primero, sorpresa, porque la mayoría nunca ha cuestionado que un álbum familiar o un documento oficial sea algo distinto de un registro transparente de “lo que ocurrió”. Después, incomodidad, cuando se dan cuenta de que sus propias memorias e identidades han sido moldeadas por ausencias que nunca habían percibido, y que los archivos oficiales pueden haber silenciado a personas como ellos. Esta incomodidad puede sentirse personal, incluso perturbadora.
Pero la reacción final más común es el empoderamiento. Una vez comprenden que el archivo es una forma de poder, también ven que reconstruirlo es una forma de contrapoder. En el momento en que fabrican un artefacto para llenar un vacío deliberado —una carta perdida, una voz borrada— muchos estudiantes dicen sentir que recuperan algo. El taller les da permiso para dejar de ser consumidores pasivos de la historia y convertirse en autores activos de su propia pertenencia. Ese cambio, de “el archivo es neutral” a “el archivo es una herramienta de poder y yo también puedo usarla”, es consistentemente la reacción más significativa.

El proyecto se desarrolla en España, pero tu carrera es claramente internacional. ¿Cómo influye esa perspectiva global en lo que propones en el aula?
Mi perspectiva internacional implica que nunca trato el “archivo” o la “memoria” como algo exclusivamente local o universal; siempre son relacionales. En España, donde las leyes de memoria histórica y el legado del franquismo siguen siendo objeto de debate, el archivo no fiable adquiere una urgencia particular. Pero también aporto ejemplos de África poscolonial y de contextos de diáspora para mostrar que los conflictos de España con el olvido oficial no son únicos. Este enfoque global logra dos cosas: evita el excepcionalismo (los estudiantes ven que el poder sobre la memoria existe en todas partes) y genera solidaridad (otras comunidades han utilizado archivos fabricados para recuperar dignidad). El aula se convierte en un espacio donde los estudiantes en España pueden examinar sus propios silencios (guerra civil, dictadura, pasado colonial) desde una perspectiva comparada, sin sentirse señalados. El método viaja; las preguntas aterrizan en lo local.

Si tuvieras que resumir en una sola frase qué te gustaría que los estudiantes se llevaran de este taller, ¿cuál sería?
No heredas un pasado fijo: tienes el derecho y la responsabilidad de reconstruirlo, llenar sus vacíos y reclamar tu propia historia como un acto de agencia cultural.

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