lunes 15 junio, 2026

Venezuela y el cambio de tablero

Abdelhamid Beyuki

El ataque estadounidense contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa marcan un punto de inflexión que va mucho más allá del destino de un régimen agotado. No estamos solo ante el colapso del chavismo, sino ante una señal inequívoca de hacia dónde se dirige el orden internacional.

Maduro cae como caen los regímenes de cartón, ruidosos en el discurso, frágiles en la realidad. Durante años se proclamó soberanía, resistencia y fortaleza institucional, pero bastó una acción externa para que todo se desmoronara. El poder que no se apoya en legitimidad, instituciones y respaldo social real es puro decorado.

Dicho esto, no hay nada que celebrar. La intervención militar y la captura de un jefe de Estado por una potencia extranjera constituyen una acción ilegal contraria al derecho internacional. Aunque muchos sientan alivio ante el fin del chavismo, aceptar este precedente equivale a normalizar un mundo donde la fuerza sustituye a la ley.

Lo ocurrido en Venezuela no es una excepción, es un patrón. Oriente Medio lo conoce bien.. Estados intervenidos, gobiernos derrocados, promesas de estabilidad que nunca llegan. Cambian los escenarios, pero se repite la misma lógica, cuando conviene, las reglas se suspenden.

Estamos entrando de lleno en un nuevo orden global, menos hipócrita quizá, pero más brutal. Un orden donde la soberanía es condicional, el derecho internacional es selectivo y la seguridad depende del músculo propio o de la protección de un aliado más fuerte. El mundo del “más fuerte” ya no es una amenaza teórica, es un hecho consumado.

De esta sacudida deberían extraerse lecciones urgentes. Para América Latina, para Europa, para cualquiera que aún crea que los viejos equilibrios garantizan algo. Pensar en claves caducadas —retóricas ideológicas, alianzas automáticas, discursos vacíos— es una forma de suicidio político.

En realidad, el tablero llevaba tiempo moviéndose. La caída del régimen de Asad en Siria, el progresivo debilitamiento de Hizbulá en el Líbano y el cerco estratégico sobre Irán no son episodios aislados, sino fases de una misma reconfiguración. Ejes que parecían inamovibles se han erosionado, alianzas que se presentaban como sólidas han demostrado ser vulnerables, y discursos de resistencia han chocado con límites materiales insalvables. Venezuela es simplemente el último eslabón visible de una cadena de reajustes que apunta en una sola dirección, la correlación de fuerzas se impone, y quien no se adapta queda expuesto.

El tablero ha cambiado, no de golpe, sino por acumulación. Y quienes sigan leyendo el mundo con mapas antiguos descubrirán demasiado tarde que ya no juegan la misma partida.

lo ocurrido no es una noticia ajena ni un simple episodio latinoamericano, sino un aviso para navegantes. Algunos vecinos harían bien en leer los acontecimientos no como una tragedia lejana, sino como un mensaje preventivo.

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