En el fondo, se quieren
Por Alberto Morate
Que en todas las familias hay desavenencias es de todos sabido y ocurre en las mejores, en las peores y en las regulares (familias). Hermanos y hermanas que no se hablan, que hacen compló con otros fraternos, que sienten envidia, que cada cual va a lo suyo, que se olvidan, que pretenden sacar provecho.
Y tan solo les mantiene unidos la presencia de la madre o el padre, y cuando estos faltan, y si la cosa pendía de un hilo, ya se rompe del todo y todo se va al garete.
Pues en Una hermana para tres hermanos, el paterno, sabiéndose esto, reúne a sus tres vástagos, dos hombres y una mujer, y les plantea un reto, un enigma, si quieren recibir la herencia correspondiente deben resolverlo y, además, les cuenta la aparición de una hermana repentina aparecida por no sé sabe dónde.
Lo que parece romper el equilibrio, aquí pudiera ser que lo estabilice.
Pero la cuestión, en sí misma, no es esa, porque de lo que se trata, realmente, es de cómo nos lo presenta Álvaro Carrero, autor y dirección, de una comedia más alocada de lo que pareciera, con una sucesión de situaciones basadas en los diálogos y en la misma trama en sí, que la hace hilarante, fresca, divertida y, en ocasiones, un tanto absurda, pero sin exageraciones, cosa que es de agradecer.
Vemos reflejadas en el escenario esas escenas de locura, de incongruencia en algunos casos, donde a unos se les entiende, a otros no, mascullan, mienten, improvisan, juegan a las películas y, en el fondo, se quieren.
Lo interpretan con soltura y divirtiéndose ellos también, Miguel A. Martín, Noemí Ruiz, Antonio Romero, Virginia Muñoz, entrelazados en la complicidad, desbocados en sus personajes sin ser histriónicos, templados, pero estupendamente coordinados.
Además, el argumento tiene su razón de la sinrazón, de tal manera que los personajes no quedan desamparados, aunque parezcan incongruentes.
Risas, como si estuviéramos en el salón de nuestra casa, sueños indecisos, nada de sosiego, enredo, corazones que no se entienden, pero se comprenden. Aquí no hay máscaras de apariencia, cada uno se muestra tal cual es, en la locura de su soledad disimulada.
Álvaro Carrero, que ya nos sorprendió con ‘En ocasiones veo a Umberto’, presenta este texto que nos remite, quizás, al delirante Jardiel Poncela, al ilógico Miguel Mihura, al insensato Gómez de la Serna, a Edgar Neville, a Carlos Llopis… y denota que estamos necesitados de comedia en grandes dosis para no perder la inocencia o, al contrario, para encontrarla de una vez por todas.

INFORMACIÓN
- Género: Teatro / Comedia
- Autor: Álvaro Carrero
- Elenco: Miguel A. Martín, Noemí Ruiz, Antonio Romero, Virginia Muñoz
- Producción: Producciones Teatrales La Cochera
- Espacio: Lírico del Teatro Calderón
- ¡Españoles, a Marruecos!
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