Intriga con el temor acechando
Estas cosas siempre suceden en Una noche de ventisca. Pero, aunque hubieran ocurrido en una noche tranquila de verano y estrellas fugaces serían igual de tétricas y conspiratorias.
Pero estamos en Una noche de ventisca, donde los poderes rusos quieren deshacerse de alguien incómodo como Mijail Chéjov, sobrino del autor que todos conocemos, Antón Chéjov, hombre de teatro, actor, director y profesor que también escribía, vida plena dedicada a la escena y, por tanto, sospechoso de no seguir los dictámenes del régimen ruso de Stalin.
En juego entran en escena el propio Chéjov y la Camarada A, intrigante señora que parece bailar al sol que más caliente en Una noche de ventisca. Después el soldado Petrovich que obedece órdenes, pero que ve que algo es dudoso, que tienen temores, que no siempre las consignas válidas son las que le ordenan. Y el consejero Rykov, como mano ejecutora de los dictámenes de terror y represalia del gobierno ruso. Todo se dirimirá por una partida de ajedrez. Pero en ese juego hay muchas más lecturas.
La luz oscura y lenta de un ambiente de opresión que no permite que la ventisca entre, porque la tormenta ya está dentro. Aunque saliera el sol en plena noche, no lo apreciaríamos. Toda la estancia está cargada de amenazas entreveradas, de sutiles engaños, de apreciaciones hábiles y segundas lecturas, y hay que ser cauteloso.
Dirige, con fina sensibilidad, Ricardo Goñi, despertando los sentidos, prudentemente aséptico en los diálogos de Pedro Martín Cedillo, el mismo tándem que hemos visto hace poco en Las niñas de Humenné. Hay entrega, solvencia, habilidad en la puesta en escena que nos mantiene prudentemente tensos y desconfiados con todos los personajes, que producen inquietud en sus formas, en sus maneras educadas, en sus insinuaciones y en la angustia que se genera en el personaje de Chéjov.
Interpretados por Verónica Valiente, Fran Bordonado, Ander Etxebarria e Iago Cabrero, mensajeros de este remanso en medio de una ventisca que está fuera, pero se aprecia por dentro.
Parece que hay calma en la situación y, sin embargo, la ventisca se deja notar por fuera, un constante invierno, una amenaza velada, una cautelosa intriga con el temor acechando.
Gratamente asisto a esta representación sin alharacas, sin temblores en su contenido ni en sus interpretaciones, avanzando en temas de opresión, de silencios, de totalitarismos que deberían despertar nuestras conciencias, y darnos cuenta de lo que significan las revoluciones que acaban en dictaduras.
El dado teatro vuelve a demostrar que, con un buen guion, una dirección sensible y unos intérpretes sobresalientes por los que corre la sangre por la venas, son capaces de afrontar cualquier tema que, además, nos damos cuenta de que no nos pillan tan lejos, aunque la acción se desarrolle en 1927, las condiciones climatológicas sean adversas, y el tema político pareciera que nos resbala, pero no. Hay alguien ahora en el mundo que somete sus dicterios subjetivos a los caprichos de… quien no está conmigo, está contra mí.
INFORMACIÓN
UNA NOCHE DE VENTISCA
DRAMATURGIA: Pedro Martín Cedillo
DIRECCIÓN: Ricardo Goñi
ELENCO: Verónica Valiente, Fran Bordonado, Ander Etxebarria e Iago Cabrero
Una obra de la compañía El dado teatro
Espacio: Nave 73
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